UNA LECCIÓN DE FILOLOGÍA EUROPEA EN IVANHOE

 

    "The swine turned Normans to my comfort!" quoth Gurth; "expound that to me, Wamba, for my brain is too dull, and my mind too vexed, to read riddles."

    "Why, how call you those grunting brutes running about on their four legs?" demanded Wamba.

    "Swine, fool, swine," said the herd, "every fool knows that."

    "And swine is good Saxon," said the Jester; "but how call you the sow when she is flayed, and drawn, and quartered, and hung up by the heels, like a traitor?"

    "Pork," answered the swine-herd.

    "I am very glad every fool knows that too," said Wamba, "and pork, I think, is good Norman-French; and so when the brute lives, and is in the charge of a Saxon slave, she goes by her Saxon name; but becomes a Norman, and is called pork, when she is carried to the Castle-hall to feast among the nobles; what dost thou think of this, friend Gurth, ha?"

    "It is but too true doctrine, friend Wamba, however it got into thy fool's pate."

    "Nay, I can tell you more," said Wamba, in the same tone; there is old Alderman Ox continues to hold his Saxon epithet, while he is under the charge of serfs and bondsmen such as thou, but becomes Beef, a fiery French gallant, when he arrives before the worshipful jaws that are destined to consume him. Mynheer Calf, too, becomes Monsieur de Veau in the like manner; he is Saxon when he requires tendance, and takes a Norman name when he becomes matter of enjoyment."

 

    El texto anterior pertenece al capítulo inicial de Ivanhoe, novela histórica del escocés Walter Scott. Es el primer diálogo de la obra y sirve, como un elemento más de la presentación, para introducir uno de sus temas secundarios, la enemistad entre sajones y normandos. Quienes hablan son dos sajones, Gurth y Wamba, criados de Cedric de Rotherwood, que bromean sobre el desprecio que les merece la nobleza normanda. Como todo el mundo sabe, el argumento de Ivanhoe transcurre durante el reinado de Ricardo I Corazón de León, es decir, a finales del siglo XII, pero esta falta de cohesión social en Inglaterra parece remitir más bien a la época de los primeros reyes normandos, un siglo antes.

    No nos interesan aquí, sin embargo, estas precisiones históricas, como sin duda no le interesaban tampoco al propio Scott en 1820. Lo que hace llamativo e interesante este arranque de su novela más famosa es el uso del propio léxico en el planteamiento de la cuestión. En su conversación con el porquero sajón, Wamba alude a uno de los rasgos más originales todavía hoy de la lengua inglesa: la utilización de dos sustantivos diferentes para nombrar el mismo tipo de carne, una palabra para el animal vivo y otra distinta para su carne cocinada. Algo que ni siquiera se trata de una diferencia puntual limitada a los tres animales a los que se refiere Wamba:

 

ANGLOSAJÓN /

INGLÉS (animal)

NORUEGO / DANÉS

ANGLONORMANDO /

INGLÉS (carne)

ITALIANO

LATÍN VULGAR

SWINE

SVIN

PORK

PORCO

PORCU

OX

OXSE

BEEF

BUE

BOVE

CALF

KALV (cría)

VEAL

VITELLO

VITULU

SHEEP

Schaf (al.)

MUTTON

MONTONE

MULTONE

DEER

DYR (animal)

VENISON

Venado (cast.)

VENATU

   

    Además, como muy bien se precisa en la novela, la relación entre los dos términos es estructural: para referirse al animal vivo, la lengua inglesa se atiene a su acervo germánico mientras que para la carne cocinada el sustantivo muestra procedencia románica. Por ello las palabras anglosajonas son similares a las que se utilizan en danés, noruego o alemán, lenguas también germánicas, mientras que las anglonormandas recuerdan las que todavía hoy utilizan el italiano o el castellano, procedentes del latín vulgar.

    Establecido este punto de partida, planteémonos cuándo llegaron las palabras latinas a la isla. Dado que Britania fue una provincia romana en los primeros siglos de nuestra era, podría pensarse que fuera en ese momento cuando se introdujeron. Sin embargo, los registros anglosajones posteriores al siglo V desconocen estos lexemas latinos, lo que nos lleva a pensar que, como sugiere el autor, esta peculiar distribución semántica tuvo su origen con la ocupación normanda, a partir de la segunda mitad del siglo XI. Tras el reparto y control del territorio inglés por parte de la nobleza normanda que había apoyado a Guillermo el Conquistador en Hastings, los sajones recién sometidos se habrían acostumbrado a servirse de estas palabras extranjeras para referirse a los mejores manjares de sus nuevos señores.

    Hay un dato, sin embargo, que conviene no pasar por alto. Los soldados de Guillermo I no eran, sin más, franceses. La gran nobleza normanda tenía un origen tan germánico como los propios criados de Cedric de Rotherwood, unos y otros procedentes de las gélidas costas del Mar del Norte. Y si los sajones de la Inglaterra normanda del siglo XII se sentían herederos de la nobleza inglesa del XI, ¿por qué no iban a sentirse herederos de sus antepasados vikingos del siglo X los nobles normandos que se repartieron Inglaterra un siglo después? Se podría esperar, pues, que les resultaran al menos tan familiares las palabras sajonas como las latinas.

    Parece claro que no era así, y la razón es que entre los daneses de Normandía ya se había producido a lo largo del siglo XI un proceso de europeización que entre los sajones de Inglaterra solo acababa de comenzar en el XII. De una forma inconsciente e instintiva, lo que en realidad se plantea en este pintoresco pasaje inicial de Ivanhoe es un interesantísimo ejemplo del desarrollo de Europa a través de un elemento cultural inesperado: la gastronomía.

    La asimilación cultural de los daneses que se instalaron en la Galia franca en el siglo IX no parece diferente de la que ya habían llevado a cabo los propios francos, germanos también ellos, en el siglo VI. Con una cultura propia mucho menos desarrollada, pese a hacerse con el poder militar y político las tribus germánicas, francas o vikingas, se fueron mezclando y diluyendo en la sociedad latina, mucho más desarrollada, del desaparecido Imperio. E igual que adoptaron la religión, la lengua y buena parte de la administración latinas, adoptaron también su gastronomía. Por ello, los normandos que derrotaron al rey Harold en Hastings en 1066, aunque de origen danés, llevaron a su nuevo reino una gastronomía latina, que para los sajones de Inglaterra era toda una novedad.1 A partir de ese momento, la nueva sociedad inglesa tuvo que ir acostumbrándose a que esos animales que tan bien conocían -ox, swein y calf, pero también sheep y beer- acabaran convirtiéndose en unas suculentas piezas de carne guisadas a la manera "normanda", es decir, latina, para las que su lengua carecía de palabras adecudas, por lo que habían de recurrir a las de los propios invasores: beef, pork y veal, pero también mutton y venison. Exactamente lo mismo que habían hecho estos, los propios normandos, un siglo antes.

    Europa fue extendiéndose por el continente de muchas formas, algunas de ellas insospechadas y pintorescas pero todas identificables como reflejos de nuestra cultura única. Dentro de un par de años, cuando los descendientes de Walter Scott pidan que los acojamos entre nosotros, que estas líneas de su más grande novelista nos recuerden que, aunque hoy los ingleses prefieran olvidarlo, en las islas británicas desde hace más de mil años la civilización se ha llamado siempre Europa. [E. G.]

 

1.- En realidad, podríamos ir mucho más allá de estas referencias a carnes cocinadas. Nos hallamos ante un proceso general en el que solo para los procesos culinarios más elementales -eat, food o drink- la base semántica es germánica mientras que ya para el mínimo acto de cocinar, cook, se recurre a un lexema latino. Y qué decir cuando la cocina alcanza cierto grado de sofisticación: appetite, banquet, spice, sauce, roast, palabras románicas todas

 

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