CASTILLA: LOS ORÍGENES MEDIEVALES DE ESPAÑA

     La Corona de Castilla fue uno de los principales territorios fronterizos de Europa a lo largo de toda la Edad Media ya que no solo se desarrolló marcando el límite sur de nuestra cultura durante quinientos años sino que, sobre todo, su propio origen está vinculado a esa situación fronteriza. Castilla surge como entidad política diferenciada en el siglo XI en una doble frontera. Por un lado, se trata de la frontera de la Cristiandad frente a una cultura mucho más sólida y desarrollada, el Islam. En este sentido, van a ser el Camino de Santiago y las reformas benedictinas del siglo XI los principales nexos de unión con el núcleo continental y la consolidación del reino de Navarra como una entidad política netamente europea el marco cultural que permite su entrada en la Historia. Por otra parte, Castilla es también, originalmente, la frontera oriental del reino de León, frente al que se consolida primero y al que suplanta después como pretendido depositario de la herencia visigoda. El desarrollo de este vínculo a distancia fue fundamental para la creación de un ambiente cultural diferenciado pero, al mismo tiempo, al establecer diferencias con el núcleo europeo, más tardío y menos productivo que en otros lugares de Europa y de la propia península ibérica.

     De hecho, desde el punto de vista literario, la aportación particular de Castilla al patrimonio europeo es mínima: unos pocos cantares de gesta articulados en torno a un único modelo épico, el Poema de Mio Cid, y algunos restos de poesía lírica popular no recogidos por escrito hasta el siglo XV. En cambio, este patrimonio aumenta en la medida en que podemos hallar producciones literarias vinculadas al Camino de Santiago y a las relaciones directas entre Castilla y Europa. Es el caso de la obra de Gonzalo de Berceo, ligada a la tradición mariana europea, y a los monasterios benedictinos, y la de don Juan Manuel, ya en el siglo XIV, vinculada igualmente al desarrollo de la homilética dominica.

     En este contexto resulta significativo que cuando en el siglo XIII el rey castellano Alfonso X pone en verso los milagros de la Virgen, prefiera utilizar la lengua portuguesa que la propia castellana, que, sin embargo, no le importa usar en sus obras didácticas y legislativas. Parece evidente que el propio rey, a la hora de juzgar la relevancia de su lengua materna, no la crea suficientemente apropiada para la creación literaria, a pesar de que juzgue útil servirse de ella en cuestiones más prácticas.

     De este modo, Castilla no va a ocupar una posición relevante en el contexto cultural europeo precisamente hasta ese momento del siglo XIII en que se consolida definitivamente su expansión hacia el sur de la península. Entonces, tras incorporar los extensos territorios donde la cultura islámica se había asentado durante más de quinientos años, estuvo en condiciones de ocupar una posición de excelencia como nexo de unión entre ambas culturas y como aceña de conocimientos, punto de partida de un trasvase intelectual trascendental del Sur al Norte del continente: la creación de la Escuela de Traductores de Toledo y la difusión de su legado por toda Europa es una de las aportaciones fundamentales de Castilla a la cultura europea.

     A partir del siglo XIV, Castilla pasa a ser una más de las pequeñas estructuras políticas del mosaico europeo. En el contexto de la creación de las grandes universidades, fruto de la colaboración entre el papado y los poderes regionales, Salamanca se convierte en la gran universidad de la península. Y en el siglo XV, la política de los Trastámara va a organizar el desarrollo conjunto de las coronas de Castilla y de Aragón en torno a la idea de reconstrucción de la antigua unidad regional de la Hispania romana.

     Este proceso, que además coincide con el dominio aragonés en el sur de Italia y los primeros contactos con el humanismo, tiene un éxito casi completo con la política de uniones matrimoniales de Fernando el Católico, aunque la muerte prematura de su hija Isabel impidiera que Aragón, Castilla y Portugal reconstruyeran exactamente esa unidad perdida. Sin embargo, en el siglo XVI, la suma finalmente resultante, Aragón, Castilla y Navarra, acabó integrándose poco a poco en una nueva entidad política y cultural que todavía hoy se conoce como España. [E. G.]