ETIMOLOGÍAS: TABLA DE SALVACIÓN DEL SABER ANTIGUO

    Los Etymologiarum libri viginti, Etymologiae u Origines es una enciclopedia redactada hacia el final de su vida por el obispo hispanorromano Isidoro de Sevilla. Está formada por 20 libros divididos en 448 capítulos y fue enormemente popular durante toda la Edad Media, como revelan los más de 1.000 manuscritos conservados. Incluso continuará siendo reeditada durante el Renacimiento, con más de diez ediciones entre 1470 y 1580.

    La obra parte del concepto de “etimología” como base del conocimiento. Esta idea procede de la tradición antigua, según las cual la etimología encierra el sentido más profundo de una palabra. Así, por ejemplo, según Isidoro de Sevilla, el pueblo de los sajones recibe ese nombre por ser hombres especialmente resistentes, como se desprende de la propia palabra “saxo” (sajón), vinculada a “saxum” (roca). Desde nuestra perspectiva actual, el método etimológico resulta sorprendente y ajeno a cualquier criterio científico, pues procede por aproximación mediante combinaciones de palabras a gusto del autor. Sin embargo, en el debate, trascendental para la historia de la cultura europea, sobre la conveniencia o no de estudiar y transmitir la sabiduría pagana, Isidoro de Sevilla tomó partido por las tesis de San Agustín, que había instado a los intelectuales cristianos a aprovechar todo lo que fuera posible de esa civilización antigua para cimentar el Cristianismo. De ahí la importancia de que un intelectual como Isidoro, que por su formación y por su impresionante biblioteca tenía acceso directo a la cultura antigua, se dedicara a compilar para las futuras generaciones la herencia del mundo antiguo. Además, su obra tuvo un gran éxito y resultó fundamental para mantener, desde el hundimiento del Imperio de Occidente hasta el Renacimiento, la supervivencia del patrimonio cultural grecorromano.

    Esta obra magna del obispo de Hispalis, sirvió, también, para sentar las bases del género enciclopédico tal y como se conocerá en la Edad Media. De hecho, la obra no se limita a disquisiciones teóricas sobre el significado de las palabras sino que también aporta datos exhaustivos y prácticos. Así, el libro I, sobre Gramática, además de detallar la naturaleza de las palabras, recopila en el capítulo 21 los diversos signos utilizados para la corrección y anotación de los manuscritos.

    Resulta muy significativo que, pese a la condición de obispo de su autor, la obra no parte de planteamientos religiosos y sus fuentes, exclusivamente latinas, son tanto cristianas (San Jerónimo, San Eusebio, San Cirilo...) como paganas (Virgilio, Cicerón, Varrón, Horacio, Marcial, Suetonio...). Eso sí, esta síntesis del saber antiguo integra también datos de la Biblia. Así, el Paraíso está debidamente localizado en el libro XIV en la sección dedicada a la geografía de Asia.

    Fiel a su trabajo de compilador, Isidoro prefiere describir el mundo a través de los autores que ha leído antes que a partir de su propia experiencia. Por ejemplo, al hablar de tipos de pergamino, en lugar de basarse en su propia escribanía, copia lo que ha dicho Plinio al respecto. De este modo, prácticas que él describe como “habituales” a veces remiten a la época de sus fuentes, varios siglos antes. Incluso sus descripciones de Hispania y de la misma Hispalis son de tipo libresco.

    Son muchas las facetas que podrían resaltarse de esta obra inmensa pero aquí solo destacaremos algún detalle a modo de síntoma del pensamiento del autor. Isidoro se muestra crítico con muchas supersticiones: rechaza la creencia de que la presencia de una pata de torguga en un barco podía entorpecer su marcha e igualmente niega cualquier valor predictivo de la astrología y de los horóscopos. Y por lo que respecta a la mitología romana, Isidoro recurre a la teoría del evemerismo: los dioses habrían sido hombres excepcionales a los que, tras su muerte, se les hizo objeto de culto. Finalmente, en la sección dedicada a los monstruos, Isidoro aunque incluye diversas especies cuya existencia había sido corroborada por exploradores de países lejanos -los cinocéfalos, con cabeza de perro, los cíclopes, los hombres sin cabeza...-, rechaza la existencia de criaturas mitológicas como la Gorgona, las sirenas o el Can Cerbero.

EDICIONES DIGITALES

    1.ª edición original (1473): http://www.europeana.eu/portal/record/09428/show_inc_v_1.html#

    Texto original latino : http://www.intratext.com/ixt/LAT0706/

    Traducción inglesa: http://pot-pourri.fltr.ucl.ac.be/files/AClassftp/TEXTES/ISIDORUS/Etymologie/B1N8PWGetQy.pdf

    Traducción francesa:

    Traducción alemana:

    Traducción castellana: http://www.larramendi.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=5374