LATÍN: LA LENGUA DE CULTURA EUROPEA POR EXCELENCIA

     El latín ha sido la lengua de cultura más importante de Europa desde sus inicios y prácticamente la única durante toda la etapa que denominamos  Orígenes . La lengua latina tuvo, además, un valor fundamental como elemento aglutinante de los elementos más dinámicos e innovadores de la intelectualidad europea durante más de quinientos años entre los siglos VII y XIV. Y, sobre todo, el latín ha sido el vínculo de unión más visible y directo con el referente mítico que ha dirigido la construcción de Europa durante casi toda su historia, el Imperio Romano.

     Esta función de cordón umbilical tuvo a su vez relación con el papel constructivo del Cristianismo en el periodo de configuración y desarrollo de Europa como entidad cultural, tal y como muestran claramente obras de síntesis y recopilación general como las  Etimologiae  del arzobispo hispano-visigodo Isidoro de Sevilla. La Iglesia de Roma manifestaba a través de su uso cotidiano y privilegiado del latín su papel de heredera directa de la prestigiosa etapa precedente, con la que, por otra parte, se identificaba, fabulando una continuidad inexistente pero fructífera. De ahí que algunos de los primeros hitos de la literatura europea, en cualquier región del continente, desde las dramatizaciones falsamente terencianas de la monja Hroswitha en Sajonia a la biografía de Alejandro Magno redactada por Gautier de Chatillon en Francia fueran escritos en latín.

     El desarrollo de las lenguas vernáculas a partir del siglo XII irá reduciendo el ámbito de producción latina a los estratos más elevados del mundo cultural europeo, en las cortes y, sobre todo, en las universidades, de manera que pasará a ser, sobre todo, el lenguaje de la filosofía y de la ciencia. Este estatus de privilegio, que se mantiene durante toda la Etapa Clásica, explica que todavía grandes obras de creación como la Utopia del inglés Moro o la Laus Stultitiae del flamenco Erasmo, siguieran siendo escritas en latín y su divulgación directa por toda Europa fuera inmediata. Y en la misma lengua fueron redactados los principales textos científicos de la época como el De revolutionibus del polaco Copérnico o los Principia Mathematica del inglés Newton.

     Una de las características de la Etapa Disolvente ha sido, precisamente, la desaparición del latín como lengua unitaria y común de la cultura europea, desaparición que ha tenido lugar sin que haya llegado a ser sustituida por ninguna otra que goce de tan gran prestigio. Si durante el siglo XIX fue el francés la lengua de cultura europea más extendida, a lo largo del siglo XX ha sido el inglés la que ha ido ocupando esa misma posición. Sin embargo, en la actualidad los recelos nacionalistas que todavía predominan en la Unión Europa y la posición marginal que Gran Bretaña prefiere mantener en la reconstrucción de Europa han impedido todavía que el inglés se convierta en el latín del siglo XXI. En cualquier caso, de llegar a culminar este proceso, lo cual parece posible, las razones no tendrán que ver con la evolución regional de Europa sino con procesos mucho más amplios en los que Europa solo tendrá una relevancia secundaria. [E.G.]