FRANCÉS: UNA LENGUA ROMANCE PARA LA CULTURA EUROPEA

     Originalmente, el francés era el dialecto romance que se hablaba en la Isla de Francia, es decir, en la zona de París. En este sentido el francés aparece como una más de las variedades dialectales en las que se fragmentó el latín vulgar en las diócesis de la Galia a partir del siglo VI. Dado que las clases dominantes germanas de la corte merovingia no tenían como lengua materna un idioma románico y que los intelectuales galorromanos siguieron utilizando el latín en sus producciones culturales, los dialectos vulgares de esa región europea hubieron de desarrollarse al margen de las tendencias culturales centrales y apenas han llegado hasta nosotros manifestaciones escritas de esa época. Esto fue potenciado, además, por la falta de centralidad y de relevancia política y administrativa de la región del Sena durante la época carolingia y por el largo periodo de oscuridad en que se sume el norte de la Galia durante los siglos X y XI. De este modo, cuando los intelectuales europeos comiencen a servirse de las lenguas vulgares para la creación de obras literarias de difusión general, el francés no va a ser tenido en cuenta al principio sino que los autores van a recurrir a otras variedades lingüísticas romances más prestigiosas en ese momento como el anglonormando (Chanson de Roland) o el  provenzal  (trovadores).

     Ya en el siglo XII, sin embargo, la situación del francés cambió debido a la consolidación de una poderosa monarquía en el trono de Francia, cuyo centro político fue situándose en la región de París. A partir de ese momento, la lengua vulgar de esa zona va a ir relevando rápidamente a las anteriores modalidades literarias dejando solo al latín, como en el resto de Europa, como máxima lengua de cultura. De este modo, durante los siglos XIV y XV el francés mantuvo una producción literaria relevante, similar a la que se produjo en otras lenguas vulgares, tanto en la antigua Galia (provenzal) como en el resto de la Romania (castellano, italiano...)

     El establecimiento del francés como lengua nacional se lleva a cabo de manera definitiva en el siglo XVI cuando el estado centralizado de los últimos Valois y, sobre todo, de los Borbones se consolida y la lengua de la corte acaba siendo la única lengua de cultura bien vista, junto con el latín, entre la élite intelectual. Además, la hegemonía política y militar sobre el centro de Europa que consigue Luis XIV se va a corresponder con una hegemonía cultural paralela y si el italiano había sido la gran lengua de cultura europea durante el XVI, el francés va a tomar su relevo, sobre todo y de forma áun más amplia en el siglo XVIII. De hecho, si el Renacimiento va a intentar ser la reconstrucción latina por parte de intelectuales italianos de la antigüedad romana, el Neoclasicismo se va a quedar, simplemente, en la reinterpretación francesa de esa reconstrucción.

     El francés fue, por lo tanto, la primera gran lengua general de la cultura europea común de origen vulgar y, a lo largo del siglo XIX, llegó incluso a compartir con el latín los ámbitos más restringidos de nuestra cultura, la Universidad. Todas las personas cultas de Europa, desde Rusia hasta  Portugal , desde Inglaterra hasta Grecia, procuraban conocer al menos el francés propio de las relaciones sociales internacionales.

     Esta hegemonía del francés fue siendo sustituida por la del inglés a lo largo del siglo XX, sobre todo después de la II Guerra Mundial, cuando el papel internacional de Francia se redujo sustancialmente y el de EE.UU., en cambio, se amplió a un ámbito mundial. En la actualidad el francés es una lengua en claro declive en consonancia con la limitada presencia internacional de Francia y su posición subalterna en el núcleo rector de la Unión Europea. Es cierto que, como consecuencia de la colonización, todavía hay muchos países africanos donde el francés es una lengua de cultura, pero en la zona musulmana ese papel está siendo sustituido rápidamente por el árabe y en el África negra la relevancia de las excolonias francesas es mínima y el francés se halla fuertemente presionado por el inglés como lengua de intercambio.

     En Europa, por último, aunque el francés sigue siendo lengua oficial también en países como Bélgica o Suiza, la hegemonía política de Alemania, el mayor número de hablantes de alemán en la Unión Europea y la propia supremacía del inglés en todas las relaciones internacionales permiten asegurar que el papel de la lengua francesa no volverá a ser nunca el que tuvo en siglos anteriores.

     De todos modos, siendo Francia el único contrapeso posible en la Unión ante Alemania, es de suponer que, sobre todo una vez que culmine la salida de Gran Bretaña, el francés, siquiera sea de forma artificial, continuará siendo una lengua de un especial prestigio cultural, al menos en los países de lenguas romances. [E. G.]