NOVELA: LA NARRACIÓN EXTENSA EN PROSA

     La novela es un subgénero narrativo en prosa en el que se narra una acción supuestamente fingida cuyo fin es causar placer estético y entretenimiento a los lectores. La novela se distingue por su carácter abierto y su capacidad para contener elementos diversos. Este carácter abierto ofrece al autor una gran libertad para integrar personajes, introducir historias cruzadas o subordinadas unas a otras o incluir en el relato textos de distinta naturaleza: cartas, documentos administrativos, poemas…

     Aunque la diferencia básica entre la novela y otros subgéneros narrativos en prosa estriba en su propia extensión, existe una zona difusa entre cuento y novela que no es posible separar en forma tajante. A veces se utiliza el término novela corta para designar los textos que parecen demasiado cortos para ser novela y demasiado largos para ser cuento. Pero hay otras diferencias: la novela aparece como una trama más complicada o intensa, con mayor número de personajes, ambientes más detallados… En cuanto a su forma interna, la novela es un género proteico que presenta a lo largo de la historia múltiples variedades y puntos de vista. Por el tono que mantiene la obra, se habla de novela satírica, humorística o didáctica; por la forma, epistolar o dialogada; por su contenido, de aventuras, realista, de ciencia ficción, histórica, negra, romántica…

     Curiosamente, la novela es el más tardío de todos los géneros literarios ya que en la Antigüedad la narración se expresaba habitualmente en verso. Las primeras ficciones en prosa, aparecen en la época helenística (Dafnis y Cloe, de Longo). En la Edad Media europea surgieron los primeros relatos extensos en prosa sobre los mismos temas caballerescos de los cantares de gesta. Aquí se encuentra el origen de los libros de caballerías. El Renacimiento del siglo  XVI  estuvo dominado por el subgénero de la novela pastoril, que situaba el asunto amoroso en un entorno bucólico como La Arcadia (1502), de Jacopo Sannazaro. No obstante, a mediados de siglo, se produjo un cambio de ideas hacia un mayor realismo. Así se advierte en el Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais y el Lazarillo de Tormes (1554), origen de la novela picaresca.

     La novela, como técnica y género literario moderno, se crea en el siglo  XVII , siendo su mejor ejemplo  Don Quijote de la Mancha  (1605) de Miguel de Cervantes, que se considera la primera novela moderna. Varias décadas después, Madame de La Fayette dio el paso decisivo con La princesa de Clèves (1678), en la que tomaba la técnica de la novela española, pero la adaptaba al gusto francés. Por último, a principios del siglo XVIII, aparecen narraciones que sostenían ser estrictamente no ficción pero se leían como novelas, como el Robinson Crusoe de  Daniel Defoe .

     Pero la verdadera novela moderna se generaliza a partir del éxito de obras como Pamela, de Samuel Richardson (1740). Mayor realismo tiene la obra Tristram Shandy (1759) de Laurence Sterne, que es influido tanto por Don Quijote como por la picaresca española. La ilustración francesa utilizó la novela como instrumento de expresión de ideas filosóficas. Rousseau, por ejemplo, reflejaría su entusiasmo por la naturaleza y la libertad en su larga novela pedagógica Emilio (1762). Poco después, la novela sentimental se manifiesta en Alemania con Las cuitas del joven Werther, de Johann Wolfgang von Goethe (1774). A finales del siglo XVIII aparecen novelas que abren el período romántico con la aparición de la novela histórica, con Walter Scott, de carácter tradicional y conservador, ambientada en la Edad Media (Ivanhoe).

     Sin embargo, el género alcanza su perfección técnica con el Realismo y el Naturalismo. Su forma y su estética ya no cambiaron más hasta el siglo XX: su división en capítulos, la utilización del pasado narrativo y de un narrador omnisciente. Ya a principios del XIX, la novela de Jane Austen introdujo un estilo diferente de escritura, la "comedia de costumbres". Sus novelas a menudo son mordaces críticas de la cultura restrictiva y rural de principios del siglo XIX. Su novela más conocida es Orgullo y prejuicio (1811). A mediados del siglo XIX la novela realista se caracteriza por la verosimilitud de las intrigas, que a menudo están inspiradas por hechos reales, y también por la riqueza de las descripciones y de la psicología de los personajes. La voluntad de construir un mundo novelístico a la vez coherente y completo vio su culminación con La Comedia humana de Honoré de Balzac. En la misma línea, en Inglaterra encontramos otros autores como Charles Dickens, o George Eliot. Además, este es el gran siglo de la literatura rusa, especialmente en el estilo realista: Anna Karénina de León Tolstói (1873-1877), Padres e hijos de Iván Turguéniev (1862), o Los hermanos Karamázov de Fiódor Dostoievski. Igualmente, el siglo XIX vio el nacimiento de dos nuevos géneros novelísticos populares: la novela policiaca con Wilkie Collins y la novela de ciencia-ficción con Julio Verne.

     Una de las primeras características que pueden apreciarse en la novela del siglo XX es la influencia del psicoanálisis. Henry James introdujo un aspecto central en el estudio de la historia de la novela: el estilo se convierte en el mejor medio para reflejar el universo psicológico de los personajes. El deseo de aproximarse más a la vida interior de éstos hace que se desarrolle la técnica del monólogo interior, como ejemplifica El teniente Güstel, de Arthur Schnitzler (1901). La búsqueda y la experimentación son otros dos factores de la novela en este siglo. Ya a comienzos nace la novela experimental: la trama a menudo desaparece, no existe necesariamente una relación entre la representación espacial con el ambiente, la andadura cronológica se sustituye por una disolución del curso del tiempo y nace una nueva relación entre el tiempo y la trama. Con En busca del tiempo perdido de Marcel Proust y el Ulises de James Joyce, la concepción de la novela como un universo encuentra su fin. En cierta manera es también una continuación de la novela de análisis psicológico.

     La conmoción causada por dos guerras mundiales consecutivas provocó un cambio radical en la novela. Las historias se tornaron más personales, más irreales o más formales. Especialmente en los años 30 podemos encontrar diversas novelas de corte existencialista. Estas novelas son narradas en primera persona y los temas que más aparecen son la angustia, la soledad, la búsqueda de un sentido para la existencia y la dificultad comunicativa. Su obra más representativa es El extranjero de Albert Camus.

     La dimensión trágica de la historia del siglo XX se encuentra largamente reflejada en la literatura de la época. Vemos aparecer gran cantidad de relatos que no son ficción pero emplean la técnica y el formato de la novela, como pueden ser Si esto es un hombre (Primo Levi, 1947). También en el siglo XX, aparece la distopía. En estas novelas la dimensión política es esencial, y describen un mundo dejado a la arbitrariedad de una dictadura, como 1984 de George Orwell. [E. G.]