VLADIMIR NABOKOV: CURSO DE LITERATURA EUROPEA

 

Vladimir Nabokov: Curso de Literatura Europea, R.B.A., Barcelona, 2012

    El libro titulado Curso de Literatura Europea traduce al castellano un original inglés de Vladimir Nabokov al que su editor llamó en realidad Lectures on Literature. Este, a su vez, recogía las notas, puestas en limpio, al parecer, por el propio novelista ruso, que este había utilizado en las clases que impartió en la Universidad de Cornell, en los EE.UU., en los años cincuenta. La edición inglesa de estos ensayos es de 1980, es decir, vieron la luz tres años después de la muerte del autor, que, de nuevo al parecer, había renunciado publicarlos. Se trata, por lo tanto, del típico libro póstumo interesado en aprovechar la fama repuntada por la muerte de un escritor importante. Conviene subrayar todo lo que de negocio editorial hay en el libro para mejor entender algunas de sus particularidades.

    Por ejemplo, ni el título inglés ni, mucho menos, la traducción castellana describen con acierto su contenido. La edición inglesa peca de vaga; la castellana, de pretenciosa. En ambos casos el título intenta dar mayor entidad crítica a un texto que en buena medida carece de ella. Como el propio Nabokov manifiesta cuando, al principio de su estancia en Cornell, le pide consejo a su amigo Edmund Wilson sobre las obras que podía utilizar, le había sido encargado un “curso sobre novelística europea”; pero ni siquiera eso es lo que hallamos en este volumen. De hecho, la propia respuesta de Wilson no puede ser más limitada: Austen y Dickens, es decir, “novelas inglesas del XIX”, como mucho.

    Tampoco es de extrañar la extrema limitación de la que partían estos cursos de Nabokov. El gran escritor ruso tenía que dar clase a un grupo de jóvenes estudiantes más o menos bienintencionados, con conocimientos literarios muy limitados y un horizonte académico no necesariamente relacionado con la creación literaria. Recurrir a Austen –a pesar del poco interés que el propio profesor tenía por esta autora-, a Dickens o Stevenson, le permitía ofrecer a sus alumnos un aperitivo literario sabroso y digestivo: novelas realistas famosas, de lectura poco compleja y prestigio reconocido.

    Lo que verdaderamente sorprende es que Nabokov ampliara esa primera elección. La inclusión de Madame Bovary en sus cursos, a la vez que completa y afianza la temática del libro –otra novela  realista  europea del XIX-, implica la utilización en el aula de una traducción y, por lo tanto, la necesidad de recurrir a la comparación con el original en los comentarios más sutiles, aquellos que, precisamente –según Nabokov-, dotan de grandeza e interés a las obras. Con todo, en una universidad selecta de Nueva Inglaterra, a mediados del siglo XX, la elección de la novela de Flaubert y el recurso, por lo tanto, al francés como lengua culta de referencia, podía considerarse un adecuado toque de sofisticación. Y este todavía sería mayor cuando los alumnos hubieran de acercarse nada menos que a la obra de Proust –eso sí, solo el primer volumen, Por el camino de Swann-. Con esta lectura, Nabokov hubo de sentir que daba un auténtico paso de gigante dentro de sus pretensiones pedagógicas, al iniciar a sus alumnos norteamericanos en la difícil senda de la renovación novelística europea de la segunda década del siglo. En este mismo camino es en el que se mantiene en las dos últimas novelas del volumen, el Ulises de Joyce, cómodo al menos porque sus lectores se podían acercar en la lengua original, y La metamorfosis. La obra de  Kafka  pudo ser su apuesta más arriesgada: una novela expresionista alemana. Menos mal, se dirían muchos de sus alumnos –y acaso él mismo-, que es corta.

    Así pues, este libro no recoge ni unos “apuntes sobre literatura” en general ni tampoco todo un “curso de literatura europea”. Nabokov no escribió otra cosa que una serie de acercamientos críticos a unas pocas novelas europeas contemporáneas, sobre todo inglesas (4 de 7).

    Otra cuestión es el sentido de la crítica literaria desarrollada por el autor. En general, Nabokov aplica de forma rigurosa una perspectiva crítica muy propia de su época, que se conoce como “estilística”, basada en el análisis intrínseco de la obra literaria para destacar en ella los elementos lingüísticos, formales y, sobre todo, estructurales que le dan su relevancia y la convierten en una obra maestra. Para Nabokov, las grandes novelas que él comenta lo son por unos valores internos, que él pretende destacar ante sus alumnos, que resultan concretos, objetivos e indiscutibles, diseñados por el autor para conseguir el efecto pretendido y que todo buen lector puede percibir y valorar por sí mismo en su lectura. El resto de los elementos adjuntos a la obra literaria como el contexto histórico-social, las valoraciones morales, sus condiciones de producción, la relación con otras obras o sus relaciones con la biografía del autor carecen de relevancia y, de hecho, no la tienen en la lectura que Nabokov hace de esas obras para sus alumnos.

    En lo que a nuestra Historia de la Literatura Europea respecta, en la que todos los escritores y cinco de las siete novelas comentadas por Nabokov están incluidos, la valoración de este pretendido Curso de Literatura Europea no puede ser más contradictoria. Por un lado, la coincidencia en la selección con un novelista de la categoría de Vladimir Nabokov no deja de reforzar el proyecto aquí desarrollado, más aún cuando esa coincidencia se produce medio siglo después de los cursos de Cornell. Sin embargo, hemos de reconocer que la limitada perspectiva “estilística” de Nabokov se halla muy lejos de los amplios  criterios de selección  que hemos utilizado para la confección de nuestra Antología Mayor, en la que tienen un lugar muy importante otros puntos de vista como la representatividad de la época, la influencia posterior, la fama colectiva... De hecho, del listado de siete novelistas de Nabokov –donde ya se echa en falta, por supuesto, una mínima variedad genérica- en nuestra Antología solo hemos seleccionado por su valor intrínseco, “estilístico”, a Jane Austen y a Marcel Proust. Charles Dickens figura como representante de una serie de novelistas comprometidos con la reconstrucción ficticia de la sociedad de su época; Flaubert, además –por supuesto- de por la calidad estética de Madame Bovary, por la influencia decisiva que esa obra tuvo en el desarrollo de la novela realista burguesa en toda Europa en la segunda mitad del siglo XIX; Robert L. Stevenson, como ejemplo de novela de un éxito popular que trasciende su época; Franz Kafka como uno de los mejores ejemplos literarios de la crisis intelectual y moral del hombre europeo del siglo XX; y Joyce, por último, por la inmensa fama que sus innovaciones técnicas dieron a su novela, más allá del propio valor literario de la obra, bastante discutible.

    En este sentido, podemos concluir que en cierto modo coincidimos con el “dogma” de Nabokov al que John Updike alude en su “Prólogo” a este Curso de Literatura Europea: “El estilo y la estructura son la esencia de un libro; las grandes ideas son idioteces”. En efecto, no deja de ser una “gran idea” esa valoración exclusivista del estilo y la estructura y, por lo tanto, una idiotez como otra cualquiera. [E. G.]