TOLSTOI: LA CONCIENCIA TORTURADA DEL ALMA RUSA

    El conde Lev Nikolaievich Tolstoi nació en el año 1828 en la mansión familiar de Yasnaia Poliana, a doscientos kilómetros de Moscú, y de allí se escaparía en septiembre de 1910, con 82 años, en una huida hacia la muerte, con la que se encontraría pocos días después en la estación de Astápovo. Esa gran propiedad rural, heredada de la familia de su abuelo materno, el conde Nikolai Volkonsky, que guarda hoy en día la tumba y los restos mortales del escritor, puede ser considerada el mejor símbolo de toda la vida de Tolstoi. Yasnaia representa a la vez los orígenes nobiliarios de su familia y la elevada posición social de la que disfrutó él mismo durante toda su vida y, al mismo tiempo, el mundo rural ruso por el que Tolstoi siempre se sintió atraído, física y espiritualmente, y en el que siempre confió como última y definitiva solución a los problemas de su patria y, en cierta medida, de toda la Humanidad. Yasnaia simboliza, por lo tanto, la permanente y atormentada contradicción que angustió y al mismo tiempo dio sentido a toda la vida del gran escritor ruso. Así, incluso su muerte al huir de Yasnaia Poliana, en un intento desesperado por escapar al cerco opresivo de su familia, puede ser interpretada como una trágica metáfora de la incapacidad del ser humano para ir más allá de sus propias limitaciones.

    Pero Tolstoi no vivió toda su vida en la finca de sus antepasados. Aunque sí lo hizo durante sus primeros ocho años de vida, una larga serie de desgracias familiares que incluyó la muerte de sus padres, de su abuela y de su primera tutora obligó finalmente a todos los hermanos a trasladarse a Kazán, en el Volga. Allí, con 16 años, el futuro escritor comenzó a estudiar Lenguas Orientales y Derecho en la Universidad con poco interés y menos provecho, de modo que en 1851 abandona sus estudios y marcha junto con su hermano mayor Nikolai a combatir al Cáucaso. Por esas mismas fechas comienza también su producción literaria con un relato, Infancia, en el que recrea por vez primera el paraíso perdido de Yasnaia Poliana. La guerra lleva a Tolstoi del Cáucaso a Crimea pero en el año 56, abandona el ejército, conoce a Turgueniev y frecuenta por un tiempo los círculos literarios moscovitas. Este periodo de formación, durante el cual Tolstoi se va haciendo poco a poco un nombre entre los intelectuales rusos, incluye una serie de viajes por buena parte de Europa que le permiten conocer París, Suiza, Alemania, Londres o Bruselas entre 1857 y 1860. Estos años son fundamentales para el desarrollo del pensamiento del novelista pues por un lado le permite empaparse de los modelos culturales más avanzados y de más prestigio en la Europa del momento, y, a partir de ahí, plantear lo que él considerará la especificidad rusa y con ella su contribución personal al desarrollo de esos modelos.

    La primera fase de su vida puede considerarse terminada cuando regresa a Yasnaia, alejado tanto de las modas europeas como de la élite cultural rusa, se casa allí con Sofía Behrs, dieciséis años menor que él, que en ese 1862 cumplía 34 años, y tras publicar Los cosacos al año siguiente, comienza a escribir Guerra y Paz, tarea que le llevará hasta 1869 y le convertirá en uno de los más afamados e influyentes escritores rusos del momento. Pero al mismo tiempo que escribe, se entrega a su pasión pedagógica y humanitaria abriendo una escuela para los hijos de sus siervos en Yasnaia Poliana para educarlos de acuerdo con las ideas revolucionarias que había aprendido en Rousseau. Comienza, pues, en estas fechas, su ingente tarea autoimpuesta de regeneración moral de la sociedad rusa y su interés, cada vez mayor, por la mentalidad y la espiritualidad más elementales y tradicionales de los campesinos eslavos. Un buen ejemplo de esta profunda imbricación del pensamiento y la vida de Tolstoi con el paisaje humano y espiritual de Yasnaia Poliana lo encontramos precisamente en el cuarto libro de Guerra y Paz, donde se van intercalando la parte final de la vida de Andrei, apellidado no por casualidad Bolkonsky, como los dueños de Yasnaia en la época de la novela, y la de Platon Karataiev, modelo ideal de esa mentalidad popular de los campesinos rusos, a través de la cual el angustiado Pierre Bezhujov cree comprender por fin el significado profundo de su propia vida.

    De hecho, de acuerdo con los datos biográficos destacados por el propio Tolstoi en sus diarios, ese mismo año en el que concluyó su gran novela, 1869, el autor sufrió una profunda crisis o iluminación espiritual que iba a condicionar el resto de su vida. Contribuyó a ello, además, la lectura de filósofos como Schopenhauer y, sobre todo, su dedicación al estudio de los evangelios y de los orígenes del Cristianismo. Sin embargo, sus problemas morales, su obsesión por cambiar la mentalidad de la Rusia de su época o sus propias desgracias familiares, incluida la muerte de varios de sus hijos, todavía no le apartan de su pasión por la creación literaria y así, en 1877, publica otra de sus novelas inmortales, Anna Karenina, una relectura apasionada, personal y “rusificada” de la Madame Bovary de Flaubert.

    1879 es la fecha de otra de sus crisis personales, que le lleva esta vez a plantearse la necesidad impostergable de refundar el Cristianismo, lo cual con el tiempo provoca su enfrentamiento, cada vez mayor, con las autoridades religiosas rusas, que acaban por excomulgarlo en 1901, dos años después de la publicación de Resurrección, su última y más polémica gran novela. Esta deriva definitiva hacia preocupaciones religiosas y morales acaba afectando directamente a su concepción de la literatura y del arte en general: Si en 1886 Tolstoi había publicado el ensayo “¿Qué hacer?”, donde venía a exigir un compromiso irrenunciable de regeneración peronal y social a través de una espiritualidad más profunda, en 1898, en “¿Qué es el arte?” subordina definitivamente la propia creación estética a la necesidad urgente de conseguir esa regeneración.

    Este cambio de rumbo en el pensamiento de Tolstoi se refleja claramente en su producción literaria de entresiglos. Aumenta el número de textos especulativos y ensayísticos al mismo ritmo en que disminuyen las obras de ficción. Aparte de la citada Resurrección, de esta época solo cabe destacar algunas novelas cortas como La muerte de Ivan Ilich, de 1886, la Sonata a Kreutzer, de 1889 o Hadji-Murat de 1904.

    Al final de su vida, Tolstoi, recluido voluntariamente en su finca de Yasnaia, donde se afanaba en las labores agrícolas como un mujik más o se dedicaba a tareas de zapatero, no solo no permanecía aislado del mundo exterior sino que llegó a convertir su residencia en una especie de ombligo moral de Europa. Allí peregrinaban sus fieles seguidores rusos y jóvenes escritores como Chejov o Gorki al igual que intelectuales de toda Europa que se sentían atraídos por la revolución moral que Tolstoi proponía. Incluso, a través de su “Carta a un hindú”, llegó a establecer contacto con el joven Gandhi en 1908, influyendo así en la creación y difusión del pensamiento de la no-violencia. Porque, en efecto, si consideráramos como un mero paréntesis en el pensamiento intelectual europeo la experiencia socialista soviética, cuya ideología y métodos el autor de Guerra y Paz no compartió nunca, veríamos que un siglo después de su muerte, el pensamiento de Tolstoi ha llegado intacto hasta nosotros como germen de algunas de las corrientes intelectuales de más proyección en el nuevo milenio. En ese laboratorio de ideología moral que fue Yasnaia Poliana durante las últimas décadas de su vida, Tolstoi sentó las bases ya entonces de movimientos tan actuales como el pacifismo, el naturismo, el ecologismo o el vegetarianismo. [E.G.]

 

OBRAS PRINCIPALES:

     Infancia (1952)

     Los cosacos (1862)

     Guerra y Paz (1863-1869)

     Anna Karenina (1877)

     La muerte de Ivan Ilich (1886)

     ¿Qué hacer? (1886)

     Sonata a Kreutzer (1889)

     ¿Qué es el arte? (1898)

     Resurrección (1899)

     Hadji-Murat (1904)