MONTAIGNE: LA CONCIENCIA LIBRE DE UN EUROPEO

     Michel Eyquem de Montaigne nació cerca de Burdeos, en un château propiedad de su familia paterna, el 28 de febrero de 1533. Los Montaigne gozaban de una buena posición social y económica. Recibió de su padre, Pierre Eyquem, alcalde de Burdeos, una educación a la vez liberal y humanista. Para que aprendiese latín, su padre contrató un tutor alemán que no hablaba francés y así no tuvo contacto con esta lengua durante sus primeros ocho años de vida. El latín fue su lengua materna; luego se le enseñó griego y después que lo dominó por completo comenzó a escuchar francés. Entonces se le envió a la escuela de Burdeos y allí completó en sólo siete años los doce años escolares. Se graduó después en leyes en la Universidad. Sus contactos familiares le granjearon el cargo de magistrado de la ciudad y en ese puesto conoció a un colega que sería su gran amigo y corresponsal, Etienne de la Boétie. Los siguientes doce años (1554-70) ejerció como jurista en los tribunales de su región.

     Admirador de Virgilio, Séneca, Plutarco y Sócrates, fue un humanista que tomó al hombre, y en particular a sí mismo, como objeto de estudio. Junto con Francisco Sánchez, fue el principal defensor del escepticismo en el Renacimiento tardío. Fue un crítico agudo de la cultura, la ciencia y la religión de su época, hasta el punto de que llegó a considerar la propia idea de certeza como algo innecesario. Su influjo fue colosal en la literatura francesa, occidental y mundial, como creador del género conocido como ensayo.

     Durante la época de las guerras de religión, Montaigne, católico él mismo, pero con dos hermanos protestantes, trató de ser un moderador y de contemporizar con los dos bandos enfrentados. Le respetaron como tal el católico Enrique III y el hugonote Enrique IV. De 1580 a 1581, viajó por Francia, el Imperio, Suiza e Italia, llevando un diario detallado donde describió episodios variados y las diferencias entre las regiones que atravesaba. Sin embargo, este escrito sólo llegó a ser publicado en 1774, con el título Diario de viaje. Mientras estaba en Roma, en 1581, fue elegido alcalde de Burdeos, villa que rigió hasta 1585, intentando moderar las tensiones entre católicos y protestantes. Sin embargo, cuando Enrique IV le invita a la Corte como consejero, rehusó.

     Montaigne continuó extendiendo y revisando sus Ensayos hasta su muerte, acaecida en 1592 en el castillo de su nombre, en cuyas vigas del techo hizo grabar sus citas favoritas. El lema, mote o divisa de su casa era «Que sais-je?».

     Montaigne escribió con pluma festiva y franca. Su texto está continuamente esmaltado de citas de clásicos grecolatinos, por lo cual se excusa haciendo notar la inutilidad de «volver a decir peor lo que otro ha dicho primero mejor». Obsesionado con evitar la pedantería, omite a veces la referencia al autor que inspira su pensamiento o que cita y que, de todas formas, es conocido en su época.

     El proyecto de Montaigne era mostrarse sin máscaras. Considera que su fin es «describir al hombre, y en particular a mí mismo [...] y se encuentra tanta diferencia entre mí y yo mismo que entre yo y otro». Juzga que la variabilidad y la inconstancia son dos de sus características esenciales. «No he visto nunca tan gran monstruo o milagro como yo mismo».

     Montaigne muestra su aversión por la violencia y por los conflictos fratricidas entre católicos y protestantes. Para Montaigne es preciso evitar la obligación de escoger bando, privilegiar el retraimiento escéptico como respuesta al fanatismo. Tan moderno como muchos de los hombres de su tiempo (Erasmo, Juan Luis Vives, Tomás Moro, Guillaume Budé...), Montaigne profesaba el relativismo cultural, reconociendo que las leyes, las morales y las religiones de diferentes culturas, —aunque a menudo diversas y alejadas en sus principios— tenían todas algún fundamento. Por encima de todo, Montaigne es un gran seguidor y defensor del Humanismo.

     Sus escritos se caracterizan por un pesimismo y un escepticismo raros en la época renacentista. Propone en materia educativa la entrada al saber por medio de ejemplos concretos y de experiencias antes que por conocimientos abstractos aceptados sin crítica alguna. Rehúsa, sin embargo, convertirse él mismo en un guía espiritual: no tiene una filosofía que defender por  encima de las demás.

     Montaigne dio a la imprenta de Burdeos en 1580 los dos primeros libros de sus ensayos. Para una nueva edición, Montaigne anotó profusamente un ejemplar de sus obras de 1588, conocido como Ejemplar de Burdeos, con centenares de nuevos comentarios, ampliaciones y matizaciones, pero la muerte le sorprendió antes de poder entregarlo al editor. Su admiradora, Marie de Gournay, tomó el texto y lo editó para la versión que se publicó en 1595. Del ejemplar de Burdeos se hicieron todas las ediciones y traducciones posteriores desestimando la edición de De Gournay.

 

PRINCIPALES OBRAS

     Essais, 1580 (libros I y II), 1588 (I, II y III), 1595 (edición póstuma)