MARÍA DE FRANCIA: UNA INTELECTUAL ANGEVINA

 

    La mujer que conocemos con el nombre de María de Francia fue una escritora que vivió casi con toda seguridad en la corte de Inglaterra en la segunda mitad del siglo XII. Se la conoce como María de Francia porque en el epílogo de sus Fábulas dice de sí misma que “María ai num, si sui de France”. Este verso nos informa de su nombre, María, y de su nacimiento en la zona de la Île-de France pero desconocemos el apellido de su familia y cualquier otro dato relacionado con sus orígenes. No se tiene ninguna seguridad, pues, de que estuviese relacionada con la casa real angevina ni de que fuese descendiente de un noble normando asentado en Inglaterra o abadesa en los monasterios de Reading o de Shaftesbury, como se ha supuesto a veces. Lo único que se puede asegurar es que contaba con una educación privilegiada, solo accesible a las mujeres de la alta nobleza, puesto que además de su lengua materna dominaba el latín y conocía al menos el inglés y el bretón.

    Como escritora se la supone vinculada a la corte de Enrique II Plantagenet y Leonor de Aquitania. Por ello se cree que el rey al que están dedicados sus “lais” es Enrique II y que el “conde William” de las  fábulas  de Esopo, William de Mandeville, tercer conde de Essex. A este respecto, conviene recordar que Enrique II de Inglaterra era, hacia 1170, regente del ducado de Bretaña y que el duque titular a partir de 1191 sería su nieto Arturo, un nombre completamente inhabitual en la onomástica de los duques de Bretaña pero bien documentado en los lais bretones.

    María de Francia pertenece a la generación de autores que ilustraron el amor cortés en la literatura mediante la adaptación de leyendas orales bretonas, lo que se conoce como “materia de Bretaña”. Entre los grandes escritores europeos de esa época que participaron en ese proceso se hallan Wace, Chrétien de Troyes o Gottfried von Strassbourg pero María de Francia destaca entre ellos por ser, además, una de las primeras escritoras de Europa después de Hroswitha de Gandersheim y Heloísa.

    Todo lo que sabemos de ella procede de sus propios escritos. En el “Prólogo” a sus Lais, por ejemplo, nos informa de que primero se había propuesto traducir del latín asuntos sacados de la historia antigua, lo que se conoce como la “materia de Roma”, pero dándose cuenta de que este trabajo ya estaba siendo llevado a cabo por muchos otros escritores de su tiempo, decidió consagrarse a la reescritura de los “lais”. Posteriormente, la traducción de fábulas clásicas la convirtió también en la primera fabulista europea.

    Por lo que a los Lais respecta, María dice haber tomado todos sus argumentos de lais bretones, unas composiciones líricas en lengua celta acompañadas de música, que no han llegado hasta nosotros. Aunque hoy estamos acostumbrados a identificar la materia de Bretaña con el rey Arturo y las leyendas celtas de Gales, de los doce lais reescritos por María, solo uno, el Lai de Lanval, es propiamente artúrico, y solo otros dos, el Lai de la madreselva, protagonizado por Tristán, y Milon, proceden también de Gales. Los demás están situados en la Bretaña continental e incluso uno, Los dos amantes, tiene tema normando.

    Cuentista de talento, María de Francia añade una tonalidad cortés y poética a la magia de la materia de Bretaña. Una discreta emoción se desprende de unos relatos en los que el autor privilegia la piedad y la compasión por sus personajes. Su estilo resulta sencillo y destaca por la sobriedad de su composición y por la eficacia de una lengua clara y sin pretensiones. El amor, normalmente al margen de la sociedad –nueve de los doce cuentan amores adúlteros-, es el tema principal de la recopilación. Otro elemento muy importante también es lo maravilloso -barcos mágicos, hombres-lobo, hadas sobrenaturales…- pero todos los relatos tienen el mundo real como telón de fondo. Su conclusión es con frecuencia pesimista y en ella el dolor suele suceder a la felicidad inicial.

    Además de los Lais, María de Francia es la autora del Isopete, primera adaptación en lengua romance de las fábulas de Esopo, y del Purgatorio de San Patricio, novela en verso que recoge una evocación detallada de los sufrimientos del Purgatorio dentro de la tradición de los viajes al Más Allá. Esta narración, aunque tiene como punto de partida tradiciones de origen celta, es la adaptación de una obra latina redactada también en Inglaterra durante el reinado de Enrique II.

    María de Francia debió su fama, durante toda la Edad Media a su traducción de las fábulas de Esopo, que fueron leídas e imitadas en toda Europa hasta el Renacimiento. Siglos más tarde, el Romanticismo redescubrió sus Lais, vinculándolos al origen de la tradición artúrica.

PRINCIPALES OBRAS

    Lais, c. 1170

    Isopete, c. 1180

    Purgatorio de San Patricio, c. 1190