INGLÉS: LA LENGUA DEL PRESENTE Y DEL FUTURO

     El inglés, que en la actualidad es el idioma más hablado del mundo y, sobre todo, la primera lengua de cultura universal, fue, inicialmente, un idioma desprestigiado y en cierto modo marginal, ajeno durante siglos a la tradición culta y escrita de su propio país de origen. Además, frente al castellano o el francés, que era dialectos concretos que debieron su expansión al temprano auge político de las regiones donde se hablaban, el inglés medieval no puede vincularse a una zona política concreta, ni siquiera Londres, al menos hasta finales de la Edad Media. Por otra parte, el inglés medieval que ha llegado hasta nosotros ni siquiera se trata de una lengua derivada de otra que nosotros conozcamos de acuerdo con una evolución cronológica, como el italiano del latín, por ejemplo. Así, aunque se considere el Beowulf como un antecesor de la literatura inglesa, en realidad no hay una continuidad histórica entre el anglosajón antiguo y la lengua de Chaucer.

     El inglés aparece en el siglo XIII como parte de una reacción nacionalista, impulsada por la propia corona anjevina, frente al predominio cultural normando anterior. Este origen esencialmente político de la lengua inglesa literaria como lengua de cultura explica la originalidad que presenta frente al resto de las lenguas vulgares de la época: su lenta y tardía aparición en el panorama cultural europeo y la enorme carga de elementos latinos, ajenos a la esencia de la propia lengua, de origen germánico, que presenta desde sus orígenes. Esta última característica es fundamental en la evolución de la cultura inglesa puesto que los orígenes del inglés literario aparecen vinculados a las clases cultas del reino, que en esas décadas de los siglos XIV y XV van a llevar a cabo un esfuerzo enorme para dotar de categoría cultural a un idioma que ellas mismas consideran inferior. Por supuesto, ese movimiento es similar en las lenguas vulgares de origen romance pero al ser el  latín  la lengua de cultura de referencia en todos los casos, la impronta que ese proceso de emulación dejó sobre el inglés, que procedía de una familia lingüística ajena al poderoso latín medieval, fue mucho más notoria.

     En cuanto a lo tardío de su aparición literaria y lo lento de su consolidación, se trata de dos procesos paralelos que tienen que ver con la existencia de un modelo cultural bien asentado, de origen latino y normando, entre los siglos XI y XIII, en el que la lengua popular de los germanos sometidos –al igual que la de los celtas supervivientos de etapas anteriores- no era considerada digna de la tradición escrita. Es significativo, sobre todo, que no solo la lengua del Beowulf sea ajena al inglés medio del siglo XIV sino que la propia temática de origen germánico sea por completo desconocida entre las tradiciones populares inglesas cuando estas sean recuperadas por los autores cultos a partir del siglo XV.

     De este modo, el inglés de Chaucer es, sobre todo, una lengua literaria, por más que se insista en los rasgos populares del habla de sus personajes. En realidad, precisamente la relevancia literaria de Chaucer estriba en que en pleno siglo XIV por vez primera un escritor inglés considera digno de sus esfuerzos literarios el auténtico lenguaje popular de sus compatriotas. De todos modos, el peso de la tradición culta europea sigue siendo enorme en esa etapa de la literatura inglesa y el Renacimiento vincula aún más a la lengua inglesa con los modelos literarios y lingüísticos románicos, sobre todo en la lírica de Wyatt y Sidney. Incluso el inglés de Shakespeare, a pesar de que el teatro era un género mucho menos sometido a las normas clásicas, es un inglés fuertemente influido por las tradiciones literarias europeas. Lo que sí se produce en esta época es una generalización de una serie de cambios producidos en el sur de Inglaterra, sobre todo en la zona de Londres, en torno a la corte real, que va a servir como modelo unificado para el inglés moderno y su difusión posterior.

     Este proceso de imitación y asimilación europeas continuará a lo largo de los siglo XVII y XVIII y el clasicismo inglés será uno de los mejores exponentes de la influencia francesa sobre otras regiones de Europa.

     Esta situación no cambiará hasta el siglo XIX. Tras derrotar a Napoleón y consolidar su imperio colonial, Gran Bretaña culmina un largo y original proceso de alejamiento del continente, que va a tener su correlato lingüístico y literario sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Importantes movimientos culturales de ámbito europeo como el Simbolismo e incluso las Vanguardias va a tener una influencia poco más que tangencial en Gran Bretaña, al mismo tiempo que las creaciones más genuinas de la isla como el teatro de Wilde o la novela del círculo de Bloomsbury no influirán tan poderosamente en la historia literaria del resto de Europa como hubiera podido pasar con anterioridad en casos similares, como la novela del XVIII e incluso el teatro de Shakespeare. Al mismo tiempo, el inglés, gracias sobre todo el poderío político y, ya en el siglo XX, cultural que van a alcanzar los EE.UU., va a evolucionar de forma autónoma y, a la inversa, se va a convertir en un modelo a seguir por muchos otros países incluso en la propia Europa.

     En la actualidad, las lenguas romances son las que asimilan de forma cotidiana y generalizada todo tipo de giros y léxico de origen inglés en todos los ambientes de la vida. Además, al tratarse de la lengua de cultura común, su influencia sobre todos los hablantes cualquier otra lengua europea es poderosísima hasta el punto de que no resulta fácil imaginar cuál puede ser la evolución entre las lenguas nacionales actuales y el inglés del futuro. En el ámbito de la Unión Europea, por ejemplo, hay que tener en cuenta que el número de hablantes nativos alemanes supera al de ingleses y además, la desafección de Gran Bretaña en cuanto al proyecto europeo hace previsible una vinculación cada vez menor de la isla con el continente. En este caso, si se llegase a una mínima unidad cultural europea en esta primera mitad de siglo, uno de los puntos de desarrollo fundamentales podría estar en el predominio del francés o, sobre todo, del alemán como lengua común frente a la hegemonía inglesa. Por el contrario, la falta de unidad europea sin duda conllevará la desaparición definitiva del alemán, el francés o cualquier otra lengua europea como lengua común de cultura a lo largo de este siglo, dejando como lenguas únicas a nivel internacional el inglés y el chino. [E. G.]