INCA GARCILASO DE LA VEGA: EL TERCER HOMBRE

 

    Se ha hecho famoso estos días un regetón histórico que enfrenta a Colón, como descubridor de América, con un pintoresco Érik el Rojo disfrazado de caballero renacentista. Permítaseme tomar partido en la disputa: apenas puede encontrarse un hecho de la actualidad relacionado con ese continente -desde el traje con el que recibió su Nobel García Márquez hasta la elección de Trump como presidente de los EE.UU.- cuyas causas últimas no se puedan remontar hasta 1492. Por el contrario, resulta casi imposible vincular alguno al fantasmal viaje de unos noruegos desorientados. Este artículo trata sobre un dato muy relevante de la cultura americana; deberé remontarme, pues, a la colonización española de América. Si Érik el Rojo sabía leer o escribir, ni se sabe ni interesa.

    Tal y como recoge el acta oficial de su 28.ª sesión, celebrada en París en 1995, la Conferencia General de la UNESCO “proclaims 23 April of every year ‘World Book and Copyright Day’, as it was on that date in 1616 that Miguel de Cervantes, William Shakespeare and Inca Garcilaso de la Vega died”. Ya hemos comentado en otro lugar que lo de que Shakespeare y Cervantes murieran el 23 de abril es algo aproximativo. Quien tuvo el acierto de morir el Día del Libro, 380 años antes de que este existiera, fue el cuzqueño bautizado en 1539 como Gómez Suárez de Figueroa, español en su día, inca por ascendencia materna y Garcilaso de la Vega por voluntad propia en su edad adulta. 

    Es una obviedad anotar que América existía antes de que Colón llegara a ella. A lo que hace referencia la idea del Descubrimiento es a la inmensa brecha cultural que se abre entre la América precolombina y la América actual. A causa del Descubrimiento, en aquellas tierras desaparecieron etnias, lenguas, religiones, culturas enteras, y se impusieron otras, trasplantadas desde Europa con mínimas modificaciones a veces y, en otros casos, nacidas de todo tipo de amalgamas, sincretismos y refundiciones. En general, triunfó la cultura occidental, arrasando sin más las culturas indígenas, en el caso de la colonización inglesa, o con cierto grado de supervivencia y mestizaje, en el caso de la hispánica, castellana o portuguesa. Dedicar un capítulo de esta Historia de la Literatura Europea al Inca Garcilaso de la Vega supone reconocer la riqueza surgida de ese mestizaje, más allá de las ruinas culturales sobre las que este se construyó. 

    Garcilaso de la Vega, olim Gómez Suárez de Figueroa, fue un mestizo. Su padre, Garcilaso de la Vega, era uno de tantos caballeros extremeños de la baja nobleza en busca de fortuna atraídos por el oro de las Indias. Su madre, Chimpu Ocllo, era miembro de la familia imperial inca, prima de Atahualpa. El futuro escritor nació en Cuzco, capital del imperio, en 1539, cuando la fulgurante conquista castellana empezaba a degenerar en una larga guerra civil entre los propios conquistadores. En ese primer momento, los emparejamientos mixtos y la descendencia mestiza tenían como fin asegurar el poder de los nuevos gobernantes, que se vinculaban así a los incas. Así lo hizo el propio Francisco Pizarro tomando como esposa a una de las hermanas de Atahualpa. Sin embargo, una vez se hizo irreversible la toma del poder por los europeos, desde España se potenciaron nuevos matrimonios entre los conquistadores y mujeres de la nobleza castellana. Así, el padre del futuro escritor dejó en 1549 a Chimpu Ocllo por una lejana pariente suya y cuando diez años después fallece su padre, el escritor ha de partir hacia Castilla para defender sus derechos sobre la herencia paterna. El resto de su vida, entre 1560 y 1616, transcurre en España, donde primero intentó, con poco éxito, hacer carrera en el ejército e incluso participó en la Guerra de las Alpujarras. Finalmente, la protección de uno de sus tíos, el capitán Alonso de Vargas, le permitió entregarse, desde 1590 aproximadamente, a la escritura. 

    Aunque pronto destacó como traductor de los diálogos latinos neoplatónicos de León Hebreo, la relevancia literaria y cultural del Inca Garcilaso de la Vega procede de sus obras sobre historia americana: La Florida del Inca (1605) y los Comentarios reales de los Incas (1609), cuya segunda parte, la Historia General del Perú, apareció póstuma en 1617. Se trata de dos magnas obras históricas centradas en la incorporación de dos importantes ámbitos geográficos americanos a la cultura occidental: el sureste de los EE.UU. y los países andinos. 

    Otros autores habían redactado antes que él obras históricas relevantes en este mismo sentido, desde la Brevísima relación... de fray Bartolomé de las Casas, llegado a América ya en 1502, hasta la Historia verdadera… de Bernal Díaz del Castillo (manuscrito de 1568), soldado de Hernán Cortés, o la Historia General… (1601) de Antonio de Herrera, historiador de la corte de Felipe III. En realidad, lo trascendental de la obra de Garcilaso proviene de su propia condición de mestizo y, sobre todo, de la perspectiva personal con la que el autor se sirvió de ella. En la figura y en la obra del Inca Garcilaso de la Vega encontramos, por vez primera en la historia de América, la posibilidad del mestizaje como una nueva modalidad cultural, en la que se mezclan de forma creativa tradiciones europeas y americanas. No se trata solo de que un nativo americano se convierta en un escritor de prestigio o de que un escritor europeo profundice en la cultura amerindia. De lo que estamos hablando es de que un intelectual en el que se mezcla sangre castellana e inca, considera que este es precisamente su mejor patrimonio y hace de esta condición el eje sobre el que gravitan sus mejores obras. 

    Los Comentarios reales reflejan precisamente esta dualidad asumida. La primera parte, la más personal y atractiva en la actualidad, se extiende con amplios detalles sobre la civilización andina a la que pertenecía y sobre la que gobernaba la familia de su madre. El libro está concebido como un tratado histórico y etnográfico sobre la cultura incaica y nos proporciona uno de los mejores y más antiguos registros “de primera mano”. La parte segunda, menos original, se centra en la conquista española del Perú y la cruenta guerra civil, procesos históricos en los que había intervenido su propio padre, al que el autor intenta rehabilitar de su pasado pizarrista. El conjunto, por lo tanto, describe la transformación de una cultura precolombina en otra propiamente europea pues para el autor, que escribía sobre sus antepasados andinos desde Córdoba, sus dos raíces culturales no son equivalentes. Por mucho que él pueda sentirse orgulloso de sus antepasados incas y sea consciente de la riqueza cultural existente en los Andes antes de su nacimiento, Garcilaso es un escritor europeo, que escribe con mentalidad europea e intereses europeos, lo mismo que las sociedades americanas creadas tras el Descubrimiento y la conquista se configuran como sociedades europeas, o, en el mejor de los casos, europeas mestizas, pero nunca indígenas, ni siquiera indígenas mestizas. 

    Tomemos como ejemplo de este proceso mental uno de los elementos personales más llamativos del escritor, su escudo de armas, reproducido precisamente en sus Comentarios reales a partir de un diseño propio. Aparentemente, en él se manifestaría de una manera gráfica ese mestizaje que caracteriza al autor: un escudo partido con las armas de su padre y las de su madre. Sin embargo, este aparente equilibrio es engañoso. El mero hecho de que el autor se dote de un escudo de armas lo sitúa ya plenamente en una de sus dos culturas, la europea, y no en la otra, la inca, donde el concepto de “escudo familiar” era desconocido. Por ello, la parte correspondiente a su familia paterna aparece estructurada claramente con cada uno de los apellidos de sus antepasados: Vargas, Figueroa, Sotomayor y Mendoza de la Vega; la otra, sin embargo, se limita a recoger en una única creación personal diversos elementos rituales de la cultura incaica: el sol, la luna, la mascaipacha o los amaru. Se trata, pues, de un escudo mestizo pero cuya concepción proviene de una persona cuyo anclaje cultural es europeo y responde a necesidades europeas. Garcilaso de la Vega no es, sin más, un mestizo; como heredero directo del inmenso cambio que supuso para la historia de toda la Humanidad el descubrimiento de América, el Inca es un europeo mestizo. 

    De cualquier modo, y a la vista de otras posibilidades históricas como la impermeabilidad cultural que caracterizó al colonialismo portugués en Asia o, peor todavía, la terrible voracidad del colonialismo inglés u holandés en norteamérica y sudáfrica, la figura del historiador peruano destaca como uno de los mayores logros de interculturalidad que pueden encontrarse en la historia de la cultura europea. Por ello fue todo un acierto que la UNESCO destacara esta curiosa coincidencia obituaria, que hace de Garcilaso el tercer hombre para el Día del Libro, hoy 23 de abril, fecha digna, así, de ser tenida en cuenta no solo en Europa sino en todo el mundo. [E. G.]