LAS 100 MEJORES POESÍAS DE LA LÍRICA EUROPEA

ODA A LA ALEGRÍA de FRIEDRICH SCHILLER (v. 9.ª Sinf.)

    I: TEXTO: Friedrich Schiller: "Oda a la Alegría", Wikipedia.
 

AN DIE FREUDE

 

O Freunde, nicht diese Töne!

Sondern laßt uns angenehmere anstimmen,

und freudenvollere.

 

Freude, schöner Götterfunken

Tochter aus Elysium,

Wir betreten feuertrunken,

Himmlische, dein Heiligtum.

Deine Zauber binden wieder,

Was die Mode streng geteilt;

Alle Menschen werden Brüder,

Wo dein sanfter Flügel weilt.

 

Wem der große Wurf gelungen,

Eines Freundes Freund zu sein,

Wer ein holdes Weib errungen,

Mische seinen Jubel ein!

Ja, wer auch nur eine Seele

Sein nennt auf dem Erdenrund!

Und wer´s nie gekonnt, der stehle

Weinend sich aus diesem Bund!

 

Freude trinken alle Wesen

An den Brüsten der Natur,

Alle Guten, alle Bösen

Folgen ihrer Rosenspur.

Küsse gab sie uns und Reben,

Einen Freund, geprüft im Tod.

Wollust ward dem Wurm gegeben,

Und der Cherub steht vor Gott.

 

Froh, wie seine Sonnen fliegen

Durch des Himmels prächtgen Plan,

Laufet, Brüder, eure Bahn,

Freudig wie ein Held zum Siegen.

 

Seid umschlungen, Millionen!

Diesen Kuss der ganzen Welt!

Brüder - überm Sternenzelt

Muss ein lieber Vater wohnen.

Ihr stürzt nieder, Millionen?

Ahnest du den Schöpfer, Welt?

Such ihn überm Sternenzelt,

Über Sternen muss er wohnen!

ODA A LA ALEGRÍA

 

 

¡Oh amigos, dejemos esos tonos!

¡Entonemos cantos más agradables

y llenos de alegría!

 

 

 

 

¡Alegría, hermoso destello de los dioses,

hija del Elíseo!

Ebrios de entusiasmo entramos,

diosa celestial, en tu santuario.

Tu hechizo une de nuevo

lo que la acerba costumbre había separado;

todos los hombres vuelven a ser hermanos

allí donde tu suave ala se posa.

 

 

 

 

Aquel a que la suerte ha concedido

una amistad verdadera,

quien haya conquistado a una hermosa mujer,

¡una su júbilo al nuestro!

Aún aquel que pueda llamar suya

siquiera a un alma sobre la tierra.

Más quien ni siquiera esto haya logrado,

¡que se aleje llorando de esta hermandad!

 

 

 

 

Todos beben de alegría

en el seno de la Naturaleza.

Los buenos, los malos,

siguen su camino de rosas.

Nos dio besos y vino,

y un amigo fiel hasta la muerte;

voluptuosidad le fue concedida al gusano

y al querubín la contemplación de Dios.

 

 

 

 

Gozosos como vuelan sus soles

a través del formidable espacio celeste,

corred así, hermanos, por vuestro camino

alegres como el héroe hacia la victoria.

 

 

 

 

¡Abrazaos millones de criaturas!

¡Que un beso una al mundo entero!

Hermanos, sobre la bóveda estrellada

debe habitar un Padre amoroso.

¿Os postráis, millones de criaturas?

¿No presientes, oh mundo, a tu Creador?

Búscalo más arriba de la bóveda celeste

¡Sobre las estrellas ha de habitar!

 

 

    COMENTARIO: Fuera de los países de lengua alemana, pocos europeos conocen el poema original de Schiller, y de entre los millones que lo hemos conocido a través de la música de Beethoven, la inmensa mayoría, habiendo oído tantas veces la letra, ignoramos su significado. Nos hallamos, pues, ante una de las composiciones más peculiares de la historia de nuestra literatura: un poema inmensamente famoso de un autor de gran prestigio, recibido a través de una versión oral recortada, adaptada e incomprensible para la mayoría. De hecho, habiendo de elegir cuál de los dos textos íbamos a comentar aquí , nuestra elección se inclinó no por el de Friedrich Schiller, el original, sino por el de Ludwig von Beethoven, el conocido. Queremos insistir así en la importancia de la música y el canto en la difusión de la lírica, a partir de un caso extremo, ya que no hablamos de un texto tradicional en contextos populares sino de un poema culto y de prestigio en un contexto musical muy sofisticado.

    Friedrich Schiller escribió su Oda a la Alegría -”An die Freude”- en el año 1785 y la publicó en su revista Thalia al año siguiente. En 1808 retocó el texto modificando dos versos de la primera estrofa y suprimiendo la última. El poema definitivo está compuesto por 16 estrofas; ocho de ellas constan de ocho versos, compuestos a su vez por cuatro troqueos, de rima ABABCDCD y entre cada una se inserta un “Chor” de cuatro versos ABAB.

    Beethoven se interesó desde joven por el poema de Schiller pero no se sirvió de él hasta su Novena Sinfonía, entre 1822 y 1824. La versión coral de la Oda que incluye en su cuarto movimiento no reproduce, sin embargo, de forma exacta el texto de Schiller. Beethoven incorpora al inicio una introducción propia y luego selecciona menos de la mitad del original, en concreto las octavas 1, 2 y 3, el cuarteto 4 y los cuartetos 1 y 2, con los que construye el final.

    Desde 2007 la versión sinfónica de Beethoven es uno de los cuatro símbolos oficiales de la Unión Europea, junto con la bandera, el Día de Europa y la divisa “Unidad en la diversidad”, reconocidos por casi todos los países europeos por el Tratado de Lisboa. Sin embargo, la Unión no se atrevió a asumir también los versos de Schiller, prefiriendo un himno mudo y abierto a todo tipo de propuestas, incluso en latín o esperanto. Es de suponer que, acostumbrados a los típicos himnos patrioteros decimonónicos, con el habitual ensalzamiento bélico de un heroico destino particular, la abstracta invocación a la Alegría de Schiller no parecería muy apropiada a los legisladores europeos. Aunque, por supuesto, el mayor problema que presentaban estos versos era la propia lengua en la que estaban escritos. ¿Un himno europeo en alemán? ¿Un francés, un británico, un español, entonando en la lengua de Bismarck y de Hitler el himno de Europa? Impensable.

    Y, sin embargo, los versos de Schiller podían haber sido, pueden ser todavía, acaso sean algún día, el más bello texto que podamos entonar los europeos en una lengua que deberíamos considerar una de las mayores riquezas culturales de nuestra comunidad. En estos tiempos de decadencia y escasas perspectivas, cuando la mediocridad de nuestros gobernantes, la ramplonería de nuestra sociedad y los negros nubarrones que nos acechan invitan al desánimo, gritar a plena voz: “Freuden!” es una opción al mismo tiempo entusiasta, provocadora y estimulante. Significa que estamos dispuestos a agarrarnos todavía a esa pizca de “schöner Götterfunken” que nunca acaba de apagarse en nosotros. Indica que nos proponemos seguir esforzándonos para que “alle Menschen werden Brüder”, que no renunciamos a la hermosa consigna: “Seid umschlungen, Millionen!” Contrariamente a tantos otros himnos que invitan al enfrentamiento, los versos de Schiller nos proponen a todos nosotros, los europeos, una ambición colectiva por lo más alto, la solidaridad, la armonía, la Naturaleza y Dios. Más allá de las luchas retóricas contra la tiranía o de invocaciones a las armas y a la pronta muerte, dejando de lado el egoísmo fatal de poner el terruño por encima de todo, los europeos podemos darnos el lujo de cantar a quien nos dio “Küsse und Reben” así como a “Wem der große Wurf gelungen, / Eines Freundes Freund zu sein”.

    El legado cultural de Europa es inmenso y majestuoso. Forman parte de nuestra más íntima tradición los mejores poetas de la Humanidad, sus mejores músicos. Nuestros símbolos deberían aferrarse, aprovecharse de ese tesoro, prescindir y superar las limitaciones y los prejuicios que incluso ahora siguen entorpeciendo su uso. El Himno a la Alegría de Friedrich Schiller es un bellísimo poema lírico europeo y el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven una insuperable composición musical europea. Como aragonés, como español que soy, creo que no podría cantar un himno del que pudiera sentirme más orgulloso: “Alle Menschen werden Brüder, / Wo dein sanfter Flügel weilt.” [E. G.]