UTOPÍA: TEORÍAS POLÍTICAS PARA UNA NUEVA SOCIEDAD

            La Utopía de Thomas More es, ante todo, un juego; un juego intelectual, pero un juego. Está, en este sentido, en la misma línea de la Laus Stultitiae de su gran amigo Erasmo –que éste había dedicado precisamente a Moro-, una literatura que se sirve del humor para descubrir la cara oculta y más real de la sociedad en la que conviven autores y lectores. Son lecturas regicijadas, cuyo envoltorio culto e inteligente depara ligeras bromas entre amigos, capacitados por una formación similar, por el contexto compartido, por las lecturas comunes y sus conversaciones privadas, para interpretar sin dificultad las claves, para valorar la ironía, el doble sentido, las alusiones ocultas del texto. Un juego entre amigos humanistas, que manejan mejor y valoran más el latín y el griego de sus estudios que el inglés o el flamenco de su vida cotidiana.

            El propio apellido del viajero “portugués” que acaba de regresar de Utopía deja claro el punto de partida bienhumorado del texto: Hythlodaeus puede entenderse, para quien conozca el griego clásico, como “divulgador de palabrería”, y eso es lo que hace mientras habla de ese “no-lugar” o “lugar inventado” –significado griego de “utopia”-, ese pintoresco lugar donde los ríos se llaman “Anhidros” –“sin agua”- y el principal gobernante, “ademos” –“sin pueblo”-. Como se ve, el interés de Moro por hacer brotar la sonrisa de los labios de sus cultos lectores, de sus amigos humanistas, es fundamental. Todo lo que se dice en ese libro II de Utopía, tan famoso que normalmente se identifica con toda la obra, está presentado como una broma amable, un entretenimiento en el que el autor ha pasado el rato durante los cuatro meses de su embajada comercial en Flandes.

            Pero el juego de Moro es, por supuesto, un juego muy serio porque el humor de este mundo al revés que se dibuja en la descripción de Utopía pretende, sobre todo, llamar la atención sobre el mundo real en el que Moro y sus lectores viven. Si la Locura de Erasmo se dedica a dar la vuelta a las interpretaciones “serias” de la sociedad renacentista, Moro pretende que sus amigos, de forma más compleja, contrasten esa realidad con la imagen ideal de Utopía. En ambos casos el juego humanista consiste en modificar la perspectiva desde la que se interpreta el mundo real; en ambos casos lo que se intenta es la crítica humorística de la sociedad del lector.

            La crítica tradicional ha errado normalmente al minusvalorar lo que esta obra tiene de juego. Se ha dado por supuesto que el autor planteaba Utopía como un desarrollo de sus propias ideas y, a partir de ahí, incluso se ha querido establecer relaciones entre el mundo de su obra y su vida personal y política. Este error distorsiona la concepción misma de la obra: Hythlodeo no es Moro y el mundo de Utopía no es el que Moro desearía. Por eso es tan importante el final del libro II, cuando el autor se plantea alguno de los reproches que le podría hacer a esa sociedad utópica. Ahora bien, el mundo de Utopía responde a una pregunta que es evidente que a Moro le interesaba mucho: ¿Cómo podría ser un estado donde las necesidades mínimas de todos los hombres estuviesen cubiertas?

            Thomas More plantea una respuesta teórica a un problema real: la desigualdad material entre los hombres. Su solución está clara: el comunismo. Un sociedad comunista, viene a decir, una sociedad donde no exista la propiedad privada podría acabar con la pobreza y la desigualdad. Todo el resto de la construcción social de Utopía, tanto en el ámbito político como religioso, cultural e incluso moral, queda subordinado a ese objetivo principal: eliminar unas desigualdades sociales que condenan al hambre y a la muerte a los más desfavorecidos. Utopía es una construcción teórica, un juego intelectual, al que el propio autor le pondría reparos como sociedad ideal y que no es trasladable a la realidad. De ahí que el libro II no sea todo el contenido de la Utopía de Moro.

            El libro I, la otra mitad de la obra, fue escrito, en realidad, con posterioridad al II. Si este es muy homogéneo y se ciñe a la descripción de Utopía, el primero es mucho más variado e incluye la presentación de la situación en la que se produce el diálogo y de los interlocutores y una charla variada sobre la forma de ser del viajero protagonista. En esta destacan dos grandes apartados: el recuerdo de una conversación ante el cardenal Morton y los reparos de Hythlodeo a pertenecer a un consejo de gobierno. Si el libro II de Utopía fue escrito en los ratos de ocio de la embajada, en 1515, el libro I lo fue al año siguiente, de regreso a Inglaterra, como continuación –aunque se presente como prólogo- a lo ya escrito. De hecho, una de las coincidencias más llamativas de los dos libros aparece en el cierre de ambos: el autor objeta contra el estancamiento social que generaría una sociedad comunista.

            Sin embargo, el libro I se plantea de una forma muy diferente al II. Esta primera conversación de Hythlodeo se centra en todo momento en la situación real de la sociedad europea de la época y presenta problemas concretos que exigen una solución posible. Y en este caso la identificación del viajero portugués con el autor es mucho más evidente, hasta el punto de compartir biografía: los dos formaron parte del entorno intelectual del cardenal Morton, arzobispo de Canterbury, a finales del siglo XV. De hecho, resulta evidente que la intervención de Hythlodeo ante el cardenal en contra de la generalización de la pena de muerte para los ladrones refleja una situación posiblemente real, acaso una conversación biográfica, del propio Moro, y que las opiniones que en ella se vierten sobre la situación social y económica de Inglaterra muestran la auténtica opinión del autor al respecto. Igualmente, las reflexiones sobre la dificultad de un intelectual honrado para poner en práctica sus teorías en un contexto cortesano no pueden dejar de vincularse con el compromiso de Moro con la política inglesa. Miembro del Parlamento desde 1504 y vicesheriff de Londres desde 1510, en 1514 Moro había sido nombrado miembro del Consejo Privado de Enrique VIII, el mismo tipo de institución política en la que a Hythlodeo se le invita a participar.

            De este modo, el libro I, que funciona como una introducción a la descripción de Utopía, sirve también para marcar el punto de partida de la reflexión teórica en la que se inscribe ese mundo ideal –la supresión de la diferencias sociales- y las distancias entre el mundo real donde hay que gobernar efectivamente y el mundo del pensamiento donde se puede jugar con cualquier posibilidad. Por eso es fundamental para la correcta interpretación de Utopía no identificar la descripción de ese régimen “ideal” con el pensamiento político de Thomas More y, sobre todo, no intentar comparar la labor política real del Canciller de Inglaterra con la construcción retórica y bienhumorada que había planteado en su libro. [E. G.] 

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TEXTO LATINO ORIGINAL: http://la.wikisource.org/wiki/Utopia

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