EL ORIGEN DE LAS ESPECIES: MÁS ALLÁ DE LA CREACIÓN

Para Rubén Peña, que insistió, con razón, en que este libro debía aparecer en la Antología.

 

    Resulta desconcertante comprobar hasta qué punto El origen de las especies, el tratado científico más influyente del mundo contemporáneo, se escribió y, sobre todo, se publicó de forma indeseada y precipitada. Darwin había comenzado a desarrollar sus tesis evolucionistas poco después de regresar de su viaje alrededor del mundo en el Beagle, es decir, hacia 1837. Para lo que sucedió después podemos dar la palabra al propio escritor: “Después de 5 años de trabajo me permití discurrir especulativamente sobre esta materia y redacté unas breves notas; éstas las amplié en 1844, formando un bosquejo de las conclusiones que entonces me parecían probables. Desde este período hasta el día de hoy me he dedicado invariablemente al mismo asunto”, p. 53, en la “Introducción”, donde igualmente concluye: “Mi obra está ahora (1859) casi terminada; pero como el complementarla me llevará aún muchos años y mi salud dista de ser robusta, he sido instado para que publicase este resumen”. El origen de la especies es, pues, solo una síntesis y “tiene necesariamente que ser imperfecto”. De hecho, si algo llama poderosamente la atención en una primera lectura del libro son las continuas referencia del autor a la insuficiencia del texto que ofrece al público: podría desarrollar más la teoría pero no hay espacio, podría anotar más ejemplos o ampliar los cálculos pero no tiene a mano los datos, podría profundizar en las ideas pero carece de tiempo… Es muy llamativo, en un texto de tanta trascendencia, ese apresuramiento en la redacción, que hace del libro un esbozo inacabado.

    El origen de las especies, en su título original On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life, no es el libro que deseaba escribir Charles Darwin y al que venía dedicando veinte años de su vida. La razón por la que lo publicó así aparece expresada de forma simple y honrada también en esa misma “Introducción”: “Me ha movido especialmente a hacerlo el que míster Wallace, que está actualmente estudiando la historia natural del archipiélago malayo, ha llegado casi exactamente a las mismas conclusiones generales a que he llegado yo sobre el origen de las especies”. El autor se refiere a Alfred R. Wallace, un naturalista galés que en 1858 había enviado a Darwin un ensayo donde postulaba una teoría sobre la evolución de las especies basada en la selección natural, de la que el propio Darwin dijo: “Jamás vi coincidencia más impresionante; ¡si Wallace tuviera mi borrador escrito en 1842, no habría podido realizar un resumen mejor!” Parece evidente, pues, que la premura con la que fue redactado el libro de Darwin fue provocada por la necesidad de publicar de inmediato lo esencial de un trabajo que podía quedar superado antes incluso de darse a conocer.

    Los orígenes... aparece así como un buen ejemplo de lo que podríamos denominar progreso por ósmosis, una de las características propias de la cultura europea: al tratarse de un medio común el interés creativo de los principales intelectuales se centra en los mismos objetivos, tomando como punto de partida antecedentes idénticos y desarrollando métodos similares; no es de extrañar, por lo tanto, que los resultados sean equivalentes por las mismas fechas ni que la difusión de una teoría novedosa sea inmediata y general como respuesta a esa misma búsqueda colectiva. Recordemos que en la propia Inglaterra ya había sucedido un caso similar en el ámbito de las Matemáticas cuando Isaac Newton había llegado al descubrimiento de los principios del cálculo diferencial e integral casi a la vez que Gottfried Leibniz en Hannover.

    Siglo y medio después, en el campo de la Biología los científicos trataban de dar con una teoría racional que explicara la variedad y la relación entre las especies al margen de las consideraciones teológicas que cerraban -y cierran hoy todavía- la cuestión apelando a un único y arbitrario acto de creación divina. No deja de ser significativo también que la persona que publicó el ensayo de Wallace e impulsó a Darwin a publicar su “resumen” cuanto antes fuera Charles Lyell, el geólogo más famoso e influyente de la época. Precisamente la gran aportación científica de Lyell había sido la propuesta de amplios periodos de tiempo para el desarrollo de los procesos geológicos, lo cual iba radicalmente en contra de la cronología bíblica, que contaba desde la Creación poco más de 5.000 años. La teoría darwiniana de la evolución de las especies compartía con la teoría de Lyell esa inmensa cantidad de tiempo necesario para que pequeñas modificaciones más o menos insignificantes pero continuas acaben, por acumulación, dando lugar a cambios significativos y trascendentales.

    Precisamente por su condición de resumen apresurado, la primera edición de El origen de las especies fue seguida de inmediato por nuevas ediciones ampliadas y mejoradas una y otra vez por el propio autor, desde la tercera de 1861 hasta la sexta, de 1872, que se considera definitiva. En cualquier caso, las modificaciones afectaron a los datos concretos pero no a la estructura general de la exposición. De este modo, El origen de las especies consta de la citada “Introducción” y de 15 capítulos, el último de los cuales sirve como “Recapitulación y conclusión”. Los otros 14 pueden agruparse así:

    1.- La variación de las especies, en estado doméstico (I) y en la Naturaleza (II).

    2.- Teoría (III y IV) -la selección natural- y leyes (V)

    3.- Defensa de la teoría (VI y VII)

    4.- Consideraciones internas: Instinto (VIII) e Hibridismo (IX)

    5.- Consideraciones externas: Geología (X y XI) y Geografía (XII y XIII)

    6.- Embriología y Morfología (XIV).

 

    El éxito de público -se agotó la primera edición, de 1.250 ejemplares, el mismo día de su puesta a la venta- y crítica de la obra de Darwin fue inmediato, no solo en Gran Bretaña sino en toda Europa, como puede verse por las traducciones a las que el propio autor alude en la edición definitiva: “La tercera edición francesa y la segunda alemana se tradujeron de la tercera inglesa, con algunas de las adiciones dadas en la cuarta edición. Una nueva cuarta edición francesa [...] de la que la primera parte es de la quinta inglesa y la última mitad de la edición actual. La tercera edición alemana [...] era de la cuarta edición inglesa; una quinta está siendo preparada [...]. La segunda edición americana [e.d. estadounidense] era de la segunda inglesa, con algunas adiciones dadas en la tercera; y una tercera edición americana ha sido impresa a partir de la quinta edición inglesa. La italiana es de la tercera, la holandesa y tres rusas de la segunda inglesa y la sueca de la quinta edición inglesa.” De ese mismo año 1872 es la primera traducción, incompleta, de El origen de las especies al castellano, a partir de la tercera edición francesa, siendo la primera completa de 1877, a partir de la sexta inglesa.

    Para terminar, conviene que nos fijemos en el segundo título de la obra: La preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida. Como se ha comentado en referencia a los capítulos dedicados a la geología, buena parte del éxito de El origen… tiene que ver con el hecho de que las tesis de Darwin se ajustan a determinadas líneas de pensamiento plenamente adaptadas al medio intelectual de la época. Lo mismo sucede con las teorías malthusianas, que tanto Darwin como Wallace declararon claves para comprender lo que podía estar sucediendo en la historia biológica general. No es de extrañar, por lo tanto, ni carece de sentido la inmediata adaptación de las teorías de Darwin a otros desarrollos ideológicos de gran predicamento en la época, y hoy tan denostados, como la teoría de la superioridad racial, que sustentó teóricamente el imperialismo europeo en la segunda mitad del siglo XIX y tan horrorosas consecuencias tuvo para Europa en la primera mitad del XX. [E. G.]

 

EDICIONES DIGITALES

 

    Texto original: http://www.nla.gov.au/apps/cdview/?pi=nla.gen-vn4591931

    Traducción al alemán: http://www.zeno.org/Philosophie/M/Darwin,+Charles/%C3%9Cber+die+Entstehung+der+Arten

    Traducción al francés: http://darwin-online.org.uk/content/frameset?pageseq=1&itemID=F660&viewtype=side

    Traducción al castellano: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/13559620212026495222202/index.htm