MISTERIO DE ELCHE: SUPERVIVENCIA DEL TEATRO MEDIEVAL

 

    El Misterio de Elche es una representación popular de carácter religioso que pone en escena el tránsito y asunción de la Virgen. Viene celebrándose ininterrumpidamente desde la Edad Media en el interior de la basílica de Santa María de esta ciudad valenciana y se convirtió en Patrimonio Oral de la Humanidad en 2001.

    La obra, dividida en dos jornadas, se representa cada 14 y 15 de agosto, coincidiendo con la festividad de la Asunción. El texto está escrito en valenciano, un dialecto del catalán, con solo algunos versos en latín, y se interpreta con música también conservada desde la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco. Todos los actores son varones, de acuerdo con la liturgia medieval, que prohibía expresamente la participación de mujeres. Aunque los estudios modernos coinciden en situar el origen de la obra en la segunda mitad del siglo XV, la copia del texto, o “consueta”, más antigua que se conoce es de 1625.

    La Jornada Primera, “La Vespra”, se representa el 14 de agosto. Comienza en el exterior de la Basílica, de donde los personajes, María y sus acompañantes, introducen la acción en la iglesia. Lo más llamativo de la representación es la apertura de las puertas del “cielo” en la parte superior del templo, de donde desciende la “mangrana”, aparato esférico que se abre en ocho “gajos” y desde cuyo interior un ángel anuncia a la Virgen su próximo fallecimiento. María muere, rodeada por los apóstoles, y los ángeles recogen su alma para subirla al cielo. La Segunda Jornada, también llamada “Festa”, tiene lugar al día siguiente. Todos los personajes bíblicos y las autoridades de la ciudad se unen en el sepelio de María pero un grupo de judíos se enfrenta a ellos por el cuerpo de la Virgen. Convertidos milagrosamente, los judíos se suman al entierro, que, saliendo de la Basílica, forma una procesión que recorre las calles de la ciudad antes de regresar de nuevo al templo. A continuación, se abren otra vez las puertas del cielo, de donde baja el araceli, otro aparato escénico que lleva en su interior a la Madre de Dios. Finalmente, también la Santísima Trinidad desciende para coronar a María. Suenan tracas y campanas, cae una lluvia de oro y acaba la representación con la Trinidad y la Virgen subiendo juntos al cielo.

    El “Misteri d´Elx” que acabamos de describir no es, desde luego, el ejemplo más representativo de lo que fueron los misterios dramáticos de la Baja Edad Media en Europa. Muchos de los textos conservados de las representaciones que tuvieron lugar en las calles de Arrás a lo largo del siglo XV, por ejemplo, nos ofrecerían una aproximación más ajustada. Si aquí hemos preferido seleccionar el Misterio de Elche ha sido porque se trata de la única representación medieval en el interior de una iglesia europea que se ha mantenido hasta nuestros días. Esta especificidad permite, solo en este caso, rastrear la profunda evolución a la que se ven sometidos los textos tradicionales en las fases previas a su puesta por escrito.

    El Misterio de Elche es una obra literaria muy corta, nada que ver con las representaciones teatrales de más de 20.000 versos del Artois. En su puesta en escena actual consta de poco más de doscientos cincuenta versos, si bien su texto original era más amplio. Esta reducción, evidente al comparar las representaciones actuales con los textos antiguos conservados, parece deberse a la subordinación, a lo largo de su historia, de la parte literaria a la musical y a la escénica. La ampliación de algunas piezas a las que se les añadieron ornamentos musicales y el uso de una cada vez más espectacular tramoya hicieron que se sacrificase parte del texto para no alargar en exceso la representación. Hay un caso concreto muy significativo: en un determinado momento, los ángeles cantan un par de cuartetas, una al descender y otra al ascender el araceli, la segunda de las cuales no se corresponde con la acción representada. Al comparar su texto con las versiones antiguas, vemos que la sección original estaba compuesta por seis cuartetas, dos para la bajada, dos para la espera y dos para el ascenso del ángel. Al ampliar el canto manteniendo la acción al mismo ritmo, sobran hoy las cuatro últimas y el ángel canta durante el ascenso la segunda cuarteta del descenso.

    Todo esto evidencia la enorme presión que sobre los textos literarios tradicionales ejercía el contexto de su ejecución, los cambios en los gustos musicales, el perfeccionamiento de la tramoya o la propia evolución de la lengua del texto. En cuanto a esto último, en los versos del segundo día de la representación se comprueba que la lengua se ha visto sometida a un proceso de modernización para que siga siendo entendida por los fieles. Pero, al tratarse de un texto conservado de forma oral, hay otra presión inversa que tiende a mantener la dicción antigua incluso aunque ya no se comprenda bien el significado. Estas tensiones, a su vez, están también relacionadas con los aspectos paratextuales de la representación. Desde el punto de vista musical, la primera jornada, que conserva rasgos lingüísticos más antiguos, cuenta con un mayor número de piezas musicales de estructura monódica, es decir, conserva mejor la técnica musical antigua; la segunda jornada, en cambio, con un texto actualizado, tiene un número mayor de piezas polifónicas, es decir, más modernas. La puesta al día del texto literario ha ido pareja con la de su ejecución musical.

    Otro aspecto que hay que tener también en cuenta son las vicisitudes de tipo administrativo que condicionaron durante siglos estas representaciones. La desaparición de los misterios de las ciudades del centro de Europa tuvo mucho que ver con la extensión de la Reforma religiosa a principios del siglo XVI. En España, todavía sobrevivió durante siglos un tipo de “misterio” muy específico, los autos sacramentales, que finalmente fueron también prohibidos por las autoridades en el siglo XVIII. Antes, en el Concilio de Trento, se prohibieron las representaciones en el interior de las iglesias, lo que implicó la desaparición de todas las piezas similares al Misterio de Elche que aún subsistían. Lo mismo podía haberse esperado en este caso pero una autorización especial de Urbano VIII en 1632 facilitó su supervivencia. Sin embargo, avatares posteriores todavía afectaron a fragmentos enteros de la obra. En el siglo XVIII, por ejemplo, se prohibió la representación de la parte de la segunda jornada conocida como “judiada” para evitar los disturbios que se producían al enfrentarse los fieles contra los “judíos” que querían robar el cuerpo de María. Solo un interés posterior, ya en el siglo XX, por una representación lo más cercana posible al original hizo que esta escena, casi una quinta parte del total, se repusiera. [E. G.]

EDICIONES DIGITALES

    Texto original: http://www.rialc.unina.it/elx.htm

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    Traducción castellana: http://kareol.es/obras/misterio/misterio.htm