LAS FLORES DEL MAL: NUEVOS TEMAS PARA LA LÍRICA

    El núcleo poético de Las flores del mal está compuesto por las composiciones recogidas en el bloque inicial de la obra bajo el epígrafe “Spleen e ideal”. El libro, en su primera edición, recogía un centenar de piezas, de las que casi ochenta formaban esta primera parte. Después, los apartados “Flores del mal”, “El vino”, “Rebelión” y “La muerte”, agrupaban cada uno tan solo algunos pocos poemas de contenido relacionado entre sí que, en conjunto, venían a servir de epílogo y colofón al amplio diálogo entre esos dos conceptos fundamentales –“spleen” e “ideal”- que da sentido al libro. Ciertamente, el hecho de que el título del poemario remita a uno de esos epígrafes menores y no al principal y, sobre todo, el proceso de mitificación del malditismo de la obra, tras su censura, han dirigido la lectura e interpretación del libro de Charles Baudelaire hacia la temática más propia de esas partes secundarias. Sin embargo, a la hora de leer hoy, ciento cincuenta años después, sin los prejuicios morales de la época, esta obra mayor de la lírica europea, conviene que en primer lugar y ante todo, nos centremos en ese debate doloroso entre la realidad y el deseo que forma la parte nuclear de Las flores del mal y le da su más profundo sentido.

    El punto de partida de la sensibilidad de Baudelaire es puramente romántico. Lo son sus lecturas –Gautier, Hugo, Poe...-, sus gustos estéticos –Delacroix- y el ambiente en el que se mueve y se ha formado, la Francia republicana de Luis Felipe y, sobre todo, las barricadas de 1848. De acuerdo con este punto de partida, el poeta refleja en su vida y en su obra el más típico conflicto de los artistas románticos, la inadaptación del genio creador a la época que le ha tocado vivir. Charles Baudelaire, tal y como insiste una y otra vez en esta primera parte de su poemario, siente el anhelo romántico del Ideal, esos ángeles que aparecen repetidamente en sus versos, el albatros, destinado a volar en las más límpidas alturas, la pura Belleza, tantas veces invocada. Sin embargo, como sucede siempre en el pensamiento romántico, la sociedad establecida de su tiempo no puede satisfacer esas ansias personales del poeta porque en ella lo que prevalece el Hastío. El hastío (spleen) es el símbolo y la consecuencia de la vida real, esa experiencia trivial del día a día, esencialmente vulgar, a la que nadie escapa, y que provoca en el artista una profunda insatisfacción.

    Antes de Baudelaire, los románticos habían padecido ya durante décadas esta contradicción y habían intentado resolverla con la huida. “Si el mundo que nos ha tocado no nos satisface, recreemos otros a nuestra medida y refugiémonos en ellos”. El escritor romántico huye a una ficticia Edad Media, caballeresca y espiritual, o a un Oriente exótico y sensual, tan ajeno al horror burgués de cada día. El gran logro de Baudelaire en Las flores del mal va a ser dar forma poética definitiva a otra huida, explorada también con anterioridad por los románticos: la huida hacia los márgenes de la propia sociedad, hacia esos límites despreciados e incluso negados por “la buena sociedad”: el alcoholismo, la mendicidad, el sexo prostituido, la enajenación...

    Recordemos, sin embargo, que la primera propuesta vital de Baudelaire como artista fue otra, también con ilustres predecesores románticos, y relacionada también con el término “spleen”. Antes de ser el poeta de la marginalidad, Baudelaire había sido el esteta del dandismo y, de hecho, toda la magnífica estructura formal de su poesía y, más en concreto, de Las flores del mal, procede del Parnasianismo, cuyos principales representantes –Gautier, Leconte de Lisle...-, como todos los dandis del Romanticismo, se preciaban de destacar, frente a la vulgaridad de la sociedad burguesa, la aristocracia espiritual del artista.

    Hay, por lo tanto, un punto de partida en la vida y en la obra de Charles Baudelaire que tiene que ver con la manifestación de la superioridad moral del poeta, que entrega su vida a la búsqueda infructuosa de ese Ideal. A partir de ahí, se produce la huida hacia los márgenes de esa misma sociedad en la que el poeta se siente tan a disgusto. Allí Baudelaire encuentra formas sucedáneas y ocasionales de belleza, tan válidas al menos como las que sus predecesores encontraban en la Edad Media o en Oriente. Son las auténticas “flores del mal”, que sacian, al menos temporalmente, los profundos anhelos del autor y, al mismo tiempo, reflejan y demuestran su profundo desprecio por esa sociedad de la que se ha retirado. Son también los “paraísos artificiales” en los que se refugia el artista, que, sin embargo, no reniega, tanto de su tiempo como de la moral establecida.

    Vienen después los otros apartados del libro: el vino, que es la llave, como lo serán después, el hachís o el opio, para transitar de un mundo a otro, de la sociedad burguesa a la marginalidad parisina del Segundo Imperio (mendigos, borrachos, asesinos...); la rebelión, que en sus tres poemas de 1857 se expresaba en términos religiosos de claros precedentes románticos, incluyendo el tema del satanismo, en la misma línea que el Caín de lord Byron o El estudiante de Salamanca de Espronceda; y, por último, la muerte, punto final de esta retirada y huida definitiva de tantos románticos inadaptados.

    Este fue el libro publicado por Charles Baudelaire en 1857 y contra el que la censura francesa arremetió de inmediato acusándolo de impudicia. Curiosamente, el proceso se resolvió de forma poco dolorosa para el poeta, que aunque vio retirados temporalmente sus poemas, solo hubo de pagar una multa de 50 francos, menos de una cuarta parte de lo que había recibido como pago del editor. Peor le fue a este, que, además de no poder vender la edición, hubo de pagar cien francos de multa.

    Gracias a la censura, Baudelaire se consagra como un autor perseguido por el poder establecido y su libro como un referente de la nueva literatura, marginal y marginada. Por ello, pronto, en 1861, vuelve a publicar Las flores del mal en una nueva edición modificada y ampliada. La ampliación es significativa, puesto que incluye treinta nuevos poemas y quedan fuera los seis censurados. Sin embargo, las nuevas composiciones se integran en la estructura anterior sin apenas modificaciones, con una única excepción muy interesante, la aparición de un nuevo epígrafe: “Cuadros parisinos”. De los 17 poemas que Baudelaire recoge aquí, solo diez habían aparecido en la primera edición; el porcentaje de novedades es, por lo tanto, mayor aquí que en el bloque inicial. Pero lo más relevante es la temática de este nuevo bloque, que se recoge en el título. El autor parece haberse dado cuenta de que uno de los rasgos identificativos de su poesía es su condición urbana. Los arrabales de la sociedad en los que crea el poeta son unos ambientes propios solo de una gran ciudad, que, además, en el caso de Baudelaire solo puede ser París. Se trata de uno de los rasgos de mayor modernidad de su estética: el mundo del artista moderno se restringe voluntariamente a la gran ciudad y, durante más de cincuenta años, hasta los años 20 del siguiente siglo, casi en exclusiva a la ciudad de París. Resulta muy llamativo que la huida se quede tan corta y, sin embargo, tenga tanto éxito. Habrá que esperar a algunos artistas impresionistas como Van Gogh o Gauguin y a algunos novelistas ingleses como Stevenson o Conrad, para que el rechazo de la sociedad burguesa salga de los arrabales de la gran urbe, y solo la invasión nazi de 1940 acabará con el mito de París como meca de la creación artística.

    En cualquier caso, tanto en la elaboración del mito de la gran ciudad como cuna de la nueva cultura como en el recurso a la marginalidad como sujeto y objeto de la creación artística residen buena parte de la gran repercusión cultural de este libro de Baudelaire. [E.G.]

 

EDICIONES DIGITALES (1861)

        Edición original: http://athena.unige.ch/athena/baudelaire/baudelaire.html

        Traducción inglesa: http://fleursdumal.org/1861-table-of-contents

        Traducción alemana: http://gutenberg.spiegel.de/buch/1361/1

        Traducción española: http://es.wikisource.org/wiki/Las_flores_del_mal