ENSAYOS: LA EXPRESIÓN RACIONAL DEL PENSAMIENTO LIBRE 

     Los Essais de Montaigne muestran los orígenes en la literatura europea del pensamiento crítico en libertad. Este hecho, fundamental en nuestra cultura, adquiere su completa significación en el contexto en el que se produce y sobre todo en relación con el sujeto que lo produce: Michel de Montaigne, el autor, no es nadie en especial en el panorama cultural de su época, lo cual permite interpretar, y eso es lo trascendental, que Michel de Montaigne es cualquiera de nosotros, sus lectores; cualquiera de nosotros puede, tras sus Ensayos, manifestar en libertad sus reflexiones como Montaigne lo hizo. Esta premisa de libertad intelectual ha llegado a ser una de las principales señas de identidad de Europa.

     Michel de Montaigne no era nadie; en efecto, no era nadie especial para sus contemporáneos. Su biografía carece por completo de episodios destacables. Más aún, la propia redacción de los Essais remite a una práctica vital de alejamiento del mundo, de reclusión en la propia intimidad, al margen del agitado tráfago de la sociedad de su época. Pero más allá de su insignificancia pública como mero magistrado local en una ciudad de provincias, lo que marca la figura del señor de Montaigne es su aún más destacable falta de autoridad intelectual. Miguel de Montaigne no tomó parte en ninguno de los “cursus honorum” que se le ofrecían como miembro de la pequeña nobleza francesa y, de hecho, no alcanzó ninguna posición pública relevante más allá de los reducidos límites de su Burdeos natal; tampoco pertenecía a ningún grupo intelectual de prestigio como la Universidad de París, a alguna orden religiosa influyente del tipo de los dominicos o, al menos, al entorno áulico de los últimos Valois, ni resulta posible siquiera relacionar directamente su figura o su obra con alguno de los miembros de la Pleïade. Los Essais, por lo tanto, surgen de la pluma de una persona que no puede acreditar ninguna ejecutoria especial en el campo de la literatura ni prestigio intelectual alguno que justifique o haga pertinente la manifestación pública de sus opiniones o que presuponga algún tipo de interés previo por ellas en sus ocasionales lectores.

     El propio Montaigne es consciente de ello. Los Ensayos son, en su origen, reflexiones personales que no pretenden la divulgación pública. Son notas de lectura, comentarios íntimos, concreciones por escrito de pensamientos deshilvanados. En principio, no había ninguna razón para que Montaigne pensara que sus escritos pudieran tener interés para alguien que no fuera él mismo. Pero de ahí procede una de las más interesantes innovaciones literarias y culturales de su gran obra: a pesar de todo, Montaigne escribe porque sabe que este tipo de cosas, esas reflexiones personales sin demasiada relevancia, admiten ser escritas. ¿Acaso no lo había hecho así Plutarco hacía quince siglos? ¿No había puesto por escrito el gran escritor griego las conversaciones trascendentales o triviales que había mantenido con sus amigos en torno a una buena mesa?

     Así pues, detrás de los Essais de Montaigne están, sobre todo, las Moralia de Plutarco y, en menor medida, las Noctes Atticae de Aulo Gelio. De ahí la utilización de la prosa, la profusa inserción de citas clásicas, la discontinuidad estética, la riqueza, variedad e incluso extravangancia temática... No es tanto que el escritor  francés  desee imitar de cerca un género de la Antigüedad, puesto que la estructura dialogal de Plutarco ni siquiera es probada por Montaigne, sino que, como buen humanista, el intelectual renacentista encuentra un eco a su pensamiento en un escritor de la Antigüedad clásica y desarrolla su propia interpretación de ese ilustre antecesor a través de una obra original. Estamos ante un buen ejemplo de esa constante de la historia de la literatura europea que resultó fundamental precisamente para el desarrollo de la Etapa Clásica: la reinterpretación interesada de una Antigüedad ficticia. Montaigne se halla, en este sentido, en relación con Plutarco, en la línea de otros grandes creadores europeos como  Dante  en relación con Virgilio o Shakespeare en relación con Séneca.

     Los Essais de Montaigne son, por lo tanto y sobre todo, la obra de un humanista del Renacimiento. Es lo principal que podemos deducir de la formación intelectual del autor y el hecho que más profundamente inserta los Ensayos en la literatura de su época y en la corriente general de la cultura europea. Como humanista, Montaigne tiene un respecto absoluto por la dignidad humana y por nuestra capacidad para pensar individualmente. Los Ensayos, escritos en medio de las tribulaciones y de las matanzas de las guerras de religión francesas, no remiten, sin embargo, a ningún esquema dogmático de pensamiento doctrinal. En sus reflexiones, el señor de Montaigne confía en su propia racionalidad y en la de sus lectores y decide establecer un diálogo personal y libre con ellos. Los Ensayos solo exigen aceptar un punto de encuentro común en una tradición intelectual compartida, aportada por la Antigüedad clásica, y la aceptación de la libertad de conciencia del intelectual, derivada igualmente de esos conocimientos de prestigio, que permiten a autor y lector reflexionar sobre infinidad de aspectos de nuestra vida en común con vistas a llegar, o no –esto último no es relevante-, a acuerdos íntimos. No hay imposiciones sino sugerencias. No hay argumentaciones definitivas sino aproximaciones lúcidas. No hay un terreno acotado de antemano por una intrincada red de líneas rojas sino la confianza en que esas líneas no nos harán falta en la mayoría de nuestras reflexiones.

     En este sentido, los Ensayos de Michel de Montaigne son una obra revolucionaria para su tiempo y fundamental no solo para la evolución futura de la literatura europea sino para el desarrollo general de nuestra cultura común, sobre todo a partir del siglo XVIII. De hecho, resulta mucho más llamativa la repetida publicación de la obra entre 1580 y 1588 y sus diversas reediciones francesas a partir de 1595 y durante la primera mitad del XVII que el escaso eco de ella en el resto de las literaturas de Europa, sobre todo de la Europa católica, a lo largo de ese siglo de hierro. Cabe pensar, en realidad, si las ediciones francesas de los Ensayos no serán una excepción favorable pero puntual debida al prestigio de Enrique IV, protector del autor, mientras que la respuesta más propia de la época pudiera ser la inclusión de la obra en el Índice de la Inquisición en 1676.

     En cualquier caso, la mecha encendida por la obra del señor de Montaigne no volverá a apagarse en Europa. El respeto de los intelectuales, de los europeos formados en las prestigiosas enseñanzas clásicas, por su libertad de pensamiento y su libertad de expresión solo va a ir en aumento a partir del siglo XVII por todo el continente. Incluso en la católica y retrógrada España, donde ya en el siglo XVIII, un fraile llamado Feijoo va a tener un gran éxito editorial con su Teatro crítico universal, colección de ensayos tras los que se encuentra la fértil lectura de Montaigne. Pero será, por supuesto, en las regiones de tradición librepensadora donde los Ensayos se difundirán más rápidamente: En los Países Bajos semiindependientes, donde Justus Lipsius celebra con satisfacción la obra del francés inmediatamente después de su publicación o en la Inglaterra isabelina, donde John Florio, de familia italiana protestante, la tradujo en fecha tan temprana como 1603 pero cuando ya hacía cinco años que sir Francis Bacon había publicado sus propios Essays. La obra de Montaigne continuó difundiéndose por toda Europa mediante diversas traducciones a las principales lenguas de cultura: en Venecia, en italiano, en 1633; en España, en castellano pero manuscrita, en 1635; en el Imperio, ya en el siglo XVIII. Finalmente, tras el triunfo de la  Ilustración  y de la Enciclopedia, la literatura de los Essais pasó a formar parte consustancial de la cultura europea. Solo responde a un acto de justicia, por lo tanto, que el propio subgénero que desarrolla este modelo de escritura especulativa en prosa lleve el mismo nombre, cosa única en la literatura europea, que el libro escrito por su creador. [E.G.]

 

EDICIONES DIGITALES

     EDICIÓN ORIGINAL DE 1580: http://www.bvh.univ-tours.fr/Consult/index.asp?numfiche=235&numtable=M0275_01

     TEXTO FRANCÉS ORIGINAL: http://www.lib.uchicago.edu/efts/ARTFL/projects/montaigne/

     TRADUCCIÓN INGLESA: http://www.gutenberg.org/dirs/3/6/0/3600/3600.txt

     TRADUCCIÓN ALEMANA (Incompleta): http://www.zeno.org/Literatur/M/Montaigne,+Michel+de/Essays/Essays+(Auswahl)

     TRADUCCIÓN CASTELLANA: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/ensayos-de-montaigne--0/html/