ELOGIO DE LA LOCURA: SÁTIRA HUMANÍSTICA REFORMISTA

    El propio Erasmo, en su carta a Martin Dorp, comenta la impremeditada génesis de la que hoy es la más famosa de sus obras: “Acababa de volver de Italia y era huésped de mi amigo Moro cuando un ataque de riñón me imposibilitó salir fuera durante varios días [...] Sin nada que hacer por delante comencé a distraerme con el Elogio de la locura, sin idea de publicarlo, sino como distracción del dolor que me aquejaba. Una vez comenzado, dejé que algunos amigos echaran una mirada al manuscrito para así aumentar la distracción compartiendo la broma. Quedaron encantados y me animaron a seguir. Hice lo que me pedían y en una semana, más o menos, terminé la tarea.”

    Por entonces, hacia 1508, Erasmo de Rotterdam era uno de los humanistas más influyentes y respetados de Europa y había dado comienzo a su propia versión latina del Nuevo Testamento, que publicaría en 1516. Había tomado ya el camino, por lo tanto, que poco después le haría ser considerado, contra su voluntad, uno de los mentores intelectuales de la Reforma. Por ello, resulta ineludible relacionar su Encomium Moriae con las profundas y trascendentales corrientes de crítica social y religiosa que iban a marcar la cultura europea a partir de 1520. Y, sin embargo, haríamos mal en desentendernos sin más de los aspectos puramente formales del Elogio.

    Acabamos de recordar que Erasmo escribe su obra durante una estancia en casa de su amigo Thomas More hacia 1508. Pues bien, precisamente ambos en 1506 habían llevado a cabo la traducción al latín de los Diálogos de Luciano de Samosata. El ambiente personal e intelectual en el que se estaba moviendo en esas fechas el filólogo  de los Países Bajos  era, pues, el más propicio para ensayar este remedo de sátira lucianesca que tan inesperada fama había de darle de inmediato entre los muchos amigos humanistas que Erasmo y Moro tenían por toda Europa.

    Este proceso creativo, de apariencia íntima, ingenua e improvisada, así como su difusión y su repercusión inmediatas a nivel internacional nos permite a su vez tender una esclarecedora mirada sobre los caminos del Humanismo europeo. El Elogio de la Locura es una genial ocurrencia de un perfecto conocedor de las lenguas y de la cultura de la Antigüedad, escrita de acuerdo con cánones estéticos propios de una civilización desaparecida 1.000 años antes, y difundida con pasión, rapidez y éxito entre grupos de intelectuales que compartían con el autor esos mismos gustos e intereses. En este sentido, uno de los rasgos más llamativos del Elogio es la presencia constante de referentes culturales –dichos populares, frases hechas, citas clásicas...-, que remiten a la vida cotidiana no de la Europa del siglo XVI sino de la Roma del siglo I. La lectura del Elogio transmite la impresión de que su autor se mueve ante todo por un mundo literario compartido con otros lectores y estudiosos como él. Y, sin embargo, la crítica de la obra se dirige contra el mundo real de la Europa del Renacimiento. Esta aparente discrepancia entre la forma, el estilo, de tradición clásica, y el contenido crítico y contemporáneo de la obra, y la buena acogida que una obra así concebida tuvo entre la intelectualidad inquieta y reformista de la época, nos muestran bien a las claras el poder y los límites del Humanismo renacentista, cuyo elitismo formal no impidió o acaso favoreció, incluso, unas repercusiones sociales enormes.

    El Encomium fue concebido, pues, como un juego, como un divertimento erudito, la demostración de la capacidad del autor para remedar, con una imitatio creativa, al autor con el que venía trabajando en aquellos años por puro gusto. Sin embargo, la temática tratada y la intencionalidad profunda de la obra están perfectamente ancladas en el pensamiento crítico y reformista que recorre toda la obra de Erasmo.

    En un primer momento, el largo discurso encomiástico de Locura se plantea como un mero entretenimiento basado en las paradojas del mundo al revés. A la manera de esas fiestas carnavalescas populares, el autor se propone mostrar el reflejo deformado y burlesco de toda un sociedad reinterpretando a la inversa los códigos establecidos. Esto sucede de forma más evidente en la que se considera primera parte (apartados 1-30, aunque las divisiones internas no son de Erasmo), donde se desarrollan ideas más generales y menos vinculadas al mundo concreto en el que escribe el autor. Este mundo aparece de forma más evidente a partir del apartado 38, cuando Locura comienza a ridiculizar a los más prestigiosos estamentos sociales: filósofos, escritores, cortesanos, clérigos... Así, poco a poco, conforme va avanzando la obra y el lector va acostumbrándose a ese tono clasicista y atemporal del discurso de la protagonista, la temática, por el contrario, va haciéndose más contemporánea y comprometida con la realidad. Porque burlarse en general de los ancianos o de los rétores con citas de Horacio y de Juvenal no deja de ser un ejercicio de estilo más o menos ingenioso pero proseguir con ese mismo tono para criticar a la curia papal o, de forma más anacrónica y beligerante todavía, para defender el legado intelectual de los Apóstoles frente al Cristianismo romano, pasa de broma a provocación.

    De esta manera, los últimos apartados del Elogio de la Locura de Erasmo de Rotterdam pueden ser considerados uno de los mejores ejemplos de ese proceso tantas veces citado ya en estas páginas de reconstrucción interesada de la Antigüedad Clásica, que está en la base del desarrollo cultural europeo. Para Erasmo, como para todos los humanistas, la Antigüedad era un ámbito cultural privilegiado a partir del cual podrían desarrollar su proyecto intelectual renovador. Allí estaban los mejores modelos, las ideas básicas y todo el bagaje literario que un escritor pudiera necesitar. Sin embargo, ese mundo antiguo solo adquiere todo su valor en la medida en que puede ser reutilizado de acuerdo con los intereses de una sociedad, el mundo europeo del Renacimiento, regida por otros modelos culturales muy diferentes a los del Imperio Romano. De ahí que la verdadera preocupación intelectual de Erasmo sea mucho más cercana, la reforma de la Iglesia Católica, y que su principal esfuerzo se concentre en unos textos ajenos a la tradición clásica, la Biblia.

    De todos modos, si a principios del siglo XVI una obra como el Encomium Moriae, escrita en latín por un flamenco residente en Venecia y en Inglaterra, tuvo un eco general en toda Europa y una repercusión trascendental en la cultura de la época fue por el inmenso prestigio de que gozaba ese mundo clásico por el que el autor se mueve con tanta soltura, al menos, como por su Holanda natal. [E. G.]

 

EDICIONES DIGITALES

TEXTO ORIGINAL LATINO : http://archive.org/stream/moriaeencomiumid00eras#page/n3/mode/2up

TRADUCCIÓN AL FRANCÉS : http://fr.wikisource.org/wiki/Éloge_de_la_folie_(Nolhac)

TRADUCCIÓN AL INGLÉS : http://www.fordham.edu/halsall/mod/1509erasmus-folly.asp

TRADUCCIÓN AL ALEMÁN : http://www.gutenberg.org/files/27846/27846-h/27846-h.htm

TRADUCCIÓN AL CASTELLANO : http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/elogio-de-la-locura--0/html/