ELEGÍAS DE DUINO: ESPIRITUALIDAD Y TRASCENDENCIA

 

    Rainer Maria Rilke comenzó a escribir la primera de las Elegías de Duino en el castillo del mismo nombre, cerca de Trieste –en el Imperio Austriaco entonces-, donde residió entre octubre de 1911 y mayo del año siguiente, acogido por la princesa María de Thurn und Taxis, a la que dedicó la obra. Allí completó las elegías Primera y Segunda y comenzó la Tercera, Sexta y Décima. Aunque la Tercera y la Cuarta ya estaban acabadas también en 1915, Rilke dejó durante varios años su trabajo en esta obra, que no retomó hasta 1922, en el castillo de Muzot, en el Valais suizo. El resto de las Elegías estaban completadas ese mismo año y fueron publicadas al siguiente. A causa del profundo impacto que la guerra tuvo en él, Rilke expresó su esperanza de que el papel del intelectual en la posguerra fuera contribuir a un mundo mejor y consideraba que tanto las Elegías de Duino como sus Sonetos a Orfeo, también de 1923, eran parte de su contribución a esta tarea. Aunque en la actualidad ambos libros están considerados como lo más valioso de la lírica del autor, en el  momento de su publicación, tras el florecimiento revolucionario de las Vanguardias, se le reprochó a Rilke un anacrónico espiritualismo y la excesiva oscuridad de su lenguaje poético, de tono claramente simbolista. De hecho, ya el nacimiento de la primera elegía está rodeado de una cierta aura de misticismo pues el primer verso –“Wer, winn ich schriee, hörte mich denn aus der Engel”- le habría sido susurrado al poeta por el propio viento durante un paseo por el acantilado sobre el Adriático.

    La forma elegiaca utilizada por Rilke se incribe, en principio, en la tradición clásica alemana. Ya había sido practicada por Goethe en sus Elegías romanas y por Schiller en sus Nenias, pero sobre todo es un género poético propio de la Antigüedad, apropiado para la expresión de los grandes sentimientos humanos, como habían hecho Tibulo o Propercio durante el periodo augústeo. En cualquier caso, Rilke no respeta estrictamente el modelo del dístico elegiaco antiguo y se sirve de él con una gran libertad métrica y rítmica. La Cuarta y la Sexta elegías, por ejemplo, están escritas en versos blancos. Por otra parte, a lo largo de toda la colección hay una clara alternancia entre el abatimiento y la exaltación del poeta. Desde el principio el lector puede sentir la confusión del sujeto poético entre el “yo” y el “nosotros”, entrecortado de interrogaciones y de dudas múltiples.

    Uno de los aspecto que más han llamado la atención de las Elegías es que Rilke emplea el rico simbolismo de los ángeles despojado de cualquier referencia religiosa occidental y más bien influido por la representación con que aparece en el Islam esta imagen ultraterrena como concreción humanizada de una belleza y una espiritualidad trascendentales. De este modo el ángel de Rilke se convierte en una criatura dotada de su propia mitología: los ángeles son seres que ponen en contacto los dos mundos, el de la Vida y el de la Muerte, que componen la unidad esencial del ser humano. Pero la figura del Ángel en las Elegías es múltiple. Como metáfora del Poeta, los ángeles pueden convertirse también en simples figuras retóricas, propias del ámbito del corazón, pero con frecuencia Rilke se sirve de ellos de una forma mucho más compleja para destacar, frente a su teórica superioridad etérea, la grandeza de las producciones humanas y, sobre todo, de los sentimientos humanos, que igualan al hombre con el Ángel e incluso lo sobrepasan.

    Al mismo tiempo, en las Elegías Rilke utiliza la imagen del amor y de los amantes como una forma de mostrar las posibilidades y las dificultades de los seres humanos para alcanzar ese conocimiento trascendental que representan los ángeles. Frente a la muerte, la vida y el amor no carecen de sentido; por el contrario, Rilke asegura que los grandes amantes son capaces de reconocer esos tres aspectos de la existencia (vida, amor y muerte) como partes de una unidad trascendente.

    Por último, la temática de la Noche atraviesa también casi toda la colección y ocupa un lugar fundamental en la poética del autor. La noche, el espacio cósmico, el Ángel, los amantes, el infinito, las estrellas, estan estrechamente ligadas al “espacio íntimo del mundo”, en el que vive el poeta y desde el que se acerca al mundo. La noche es a la vez íntima e infinita, próxima y lejana. Se trata de un tema que Rilke había conocido tanto en la propia poesía alemana –Himnos a la Noche, de Novalis- como en los sonetos de   Miguel Ángel   que había traducido.

EDICIONES DIGITALES

    TEXTO ORIGINAL: http://gutenberg.spiegel.de/buch/duineser-elegien-829/1

    TRADUCCIÓN INGLESA: http://www.poetryintranslation.com/PITBR/German/Rilke.htm

    TRADUCCIÓN FRANCESA:

    TRADUCCIÓN CASTELLANA: http://www.colmex.mx/PDFs/boletines/boletin102.pdf