EL PRÍNCIPE: EL ÚNICO OBJETIVO ES EL PODER

 

    El Príncipe está escrito, en cierto modo, como un pequeño tratado “ad usum delphini”, algo a lo que no se le suele dar la debida importancia pero que explica algunas de sus principales peculiaridades. La obra va dirigida a Lorenzo de Medicis, hijo de Pedro, aunque fue redactada para Juliano, hijo de Lorenzo el Magnífico. El último capítulo, la “exhortación a liderar Italia y liberarla de los bárbaros”, deja bien claro que tal dedicatoria no es meramente retórica o servil: Maquiavelo, que a lo largo de toda su vida fue un hombre de acción, redacta este opúsculo como una aportación especializada, una propuesta razonada a tomar las armas para lograr un fin político y militar concreto: “Y no se ve, en el presente, nadie en quien pueda depositar mejor sus esperanzas [Italia] que en vuestra ilustre casa [Medici], la cual con su fortuna y virtud, favorita de Dios y de la Iglesia, de la que ahora es príncipe [Juan de Medici, León X], puede ponerse a la cabeza de esta redención”. Concretando, la obra conjura en 1513 a dos hijos de Lorenzo el Magnífico, Juan –Papa- y Juliano –señor de Florencia-, y más concretamente a uno de sus nietos, Lorenzo, de 21 años, –futuro duque de Urbino-, para la liberación de Italia de los “bárbaros” franceses y españoles. Conviene no olvidar, a este respecto, que ese mismo año los Medici, que acababan de recuperar su autoridad en Florencia, habían relevado a Maquiavelo de todos sus cargos. El Principe es también, por lo tanto, una reivindicación de la capacidad de análisis de su autor y una “propuesta de actuación” que el antiguo Secretario ofrece a los nuevos señores.

    Si releemos desde esta óptica la obra de Maquiavelo, se comprende mejor el papel de modelo que ocupa en ella la figura de César Borgia. En la época en la que Maquiavelo escribía El Principe, la relación de León X con su hermano Juliano y, sobre todo, con su sobrino Lorenzo, era muy similar a la de César Borgia con su padre, Alejandro VI. Maquiavelo muestra a la familia Medici el camino a seguir para hacerse con el poder en la Romagna y, a partir de ahí, unificar Italia: el que ya habían probado los Borgia. De hecho, cabe conjeturar, incluso, que el nombramiento que León X hará de su sobrino como Duque de Urbino, en 1516, tenga que ver con este mismo intento de emulación, ya que César Borgia también había recibido ese mismo título de su padre. Esto explica otra de las peculiaridades de la obra, la insistencia con la que se ofece al Duque de Valentinois como un representate típico de la nobleza italiana, sin aludir en ningún momento a su orígenes valencianos. Los Medici serían la una única posibilidad de un gobierno italiano para Italia y, por lo tanto, su modelo –los Borgia- han de ser presentados tan italianos como ellos, por más que Alejando VI hubiera nacido en Játiva. Por último, esta finalidad tan concreta y ocasional explicaría también la rápida concepción de la obra, inmediata a la llegada al Papado de Juan de Médicis ese mismo 1513: Maquiavelo cree que la familia florentina, que controla tanto Roma como Florencia, está en ese momento en la posición de repetir, con éxito, lo que antes habían intentado los Borgia.

    Por eso El Príncipe es ante todo un tratado de política práctica, no teórica. Es cierto que, sobre todo en su inicio, se presenta como una reflexión ordenada, sistemática y meramente racional. Sin embargo, de inmediato el lector se da cuenta de que todo el análisis está dirigido en un único sentido, muy concreto: la organización política de Italia  en 1513 y las posibilidades de cambio que ofrece. Por ejemplo, la división inicial en tipos de principados y en las formas de adquisición del poder por parte de sus gobernantes no tiene otra razón de ser que reflexionar sobre los actores políticos de la Italia del momento y las posibilidades que de imponerse sobre ellos hay: la monarquía hereditaria francesa, los nuevos señores de Milán, la república veneciana, el gobierno eclesiástico del Papa... En ningún caso hay una explicación teórica de cómo funciona alguno de estos gobiernos o una valoración racional de sus ventajas o inconvenientes. A Maquiavelo solo le interesa si su posición en Italia es sólida en esos momentos y en qué casos y por qué motivos se puede venir abajo.

    Esta interpretación limitada, tan lejos de la trascendencia filosófico-moral que ha rodeado desde hace siglos la obra de Maquiavelo, explica, por otra parte, determinadas peculiaridades de su difusión. El Príncipe fue escrito en italiano como un opúsculo privado, no destinado a la imprenta. De hecho, la primera edición la llevó a cabo, en una traducción latina dedicada a Carlos V, en 1523 y como obra propia, un tal Agostino Nifo. Esto indica la poca difusión que había tenido hasta entonces un libro que llevaba ya diez años escrito. Pero es que El Príncipe como tal todavía tardó otros diez años más en ser publicado, hasta 1532. Para entonces, aunque nuevos Medici seguían en la cátedra de San Pedro y en la Señoría de Florencia, la situación política de Italia no tenía ya nada que ver con la de 1513. El dominio de Carlos V sobre Nápoles y Milán, con la colaboración de Génova, Saboya y la propia Florencia, era incontestable y las ideas políticas de Maquiavelo, en su dimensión práctica, estaban obsoletas. El libro era ya inofensivo.

    A partir de entonces, El Príncipe podía aportar dos valores muy diferentes: uno, su carácter meramente historicista, como testimonio de lo que en otras épocas sucedía en la península italiana y lo que los Medici podrían haber llegado a ser; otro, su dimensión teórica atemporal, es decir, un conjunto de reflexiones puramente racionales, en una época anterior a la Contrarreforma, sobre el comportamiento humano en el ámbito de la dominación política. De ahí que la obra de Maquiavelo pasara a formar parte de una categoría a la que no pertenecía en un principio, los tratados teóricos de política general, y tras el Concilio de Trento se convirtiera en el máximo exponente de la “política de Satanás”.

    Aún añadiremos una última reflexión sobre El Príncipe como creación artística del Renacimiento. De acuerdo con su propia razón de ser, casi todos los ejemplos contemporáneos a los que el autor se refiere son italianos o están relacionados con la política italiana. El resto de EuropaInglaterra, España, el Imperio, la propia Venecia...- apenas es tenido en cuenta. La única otra referencia permanente es el mundo grecorromano. Para Maquiavelo, la Roma del final de la República y el inicio del Imperio (II a. C. – II d. C.) y, en menor medida, la Grecia clásica (V-IV a. C.) es el otro único referente posible, con una vigencia similar a la trayectoria de César Borgia. Esta presencia viva del mundo antiguo establece un puente de más de mil años entre los emperadores romanos del siglo II y los condotieros italianos del XV. Podríamos pensar que, como en Dante, la presencia del mundo romano sea una forma de reivindicar la gloria del pasado de Italia, pero esa vinculación no aparece expresa en ningún momento en el texto. Parece más bien que la razón es otra, que podríamos calificar de más propiamente “renacentista”. Para Maquiavelo el mundo clásico, igual griego que romano, se ha convertido ya en una referencia general, no específicamente italiana. Se recurre a él como fuente de ejemplos paradigmáticos al margen del espacio y del tiempo, como modelos ideales que sirven para interpretar la realidad en cualquier circunstancia. Ya no hay, como en Petarca, una conexión directa de italiano a italiano entre Julio César y César Borgia, sino una vinculación genérica, de hombre a hombre, propia de la cultura europea global del Renacimiento. [E. G.]

EDICIONES DIGITALES

    Texto original: https://it.wikisource.org/wiki/Il_Principe

    Traducción inglesa: https://ebooks.adelaide.edu.au/m/machiavelli/niccolo/m149p/complete.html

    Traducción alemana: http://www.gutenberg.org/files/39816/39816-h/39816-h.html#Pg003

    Traducción francesa: http://classiques.uqac.ca/classiques/machiavel_nicolas/le_prince/le_prince.pdf

    Traducción castellana: http://xavier.balearweb.net/get/El%20principe%20MAQUIAVELO.pdf