DON QUIJOTE: EL ORIGEN DE LA NOVELA MODERNA

    Miguel de Cervantes publicó el Quijote, su obra maestra, en dos volúmenes, el primero en 1605 con el título de El ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha, y el segundo, en 1615, con el de El ingenioso cavallero don Quixote de la Mancha. La diferencia en el título, intranscendente por otra parte, obedece al ridículo nombramiento de caballero a favor del protagonista que tiene lugar en el capítulo tercero del primer volumen.

     El paralelismo del título, por el contrario, e incluso la propia existencia de esa continuación se debieron al enorme éxito editorial que siguió a la aparición de la primera parte. Ese éxito convirtió de repente a un escritorcillo de segunda fila, Miguel de Cervantes, en un autor reputado cuyas obras, de todo tipo, empezaron a ver la luz en una sucesión ininterrumpida más allá incluso de la muerte del autor; propició, igualmente, la aparición de ediciones furtivas y apócrifas del Quijote debidas a autores y editores que deseaban aprovecharse de la fama del personaje de Cervantes ya desde el mismo 1605 –dos ediciones piratas en Lisboa-, siendo el caso más famoso el del Quijote de Avellaneda de 1614; por último, y lo que aquí más nos interesa, esa inesperada fortuna editorial favoreció la rápida difusión de la novela de Cervantes a través de ediciones en castellano fuera de España y, sobre todo, de traducciones a las lenguas más importantes de Europa. La fortuna editorial del Quijote fuera de España fue grande e inmediata. Además de la mencionadas ediciones furtivas de Lisboa del mismo 1605, en 1607 y 1611 se publicaron sendas ediciones en Bruselas, ciudad que como Lisboa, formaba parte del Imperio Español y contaba con un potente mercado editorial en castellano. Incluso en 1610 hubo una edición en Milán de esta primera parte, también en su idioma original. Por lo que a las traducciones respecta, la primera al inglés, la de Thomas Shelton, es de 1612 y la primera al francés, la de Cesar Oudin, de 1614. Igual de rápidas fueron las traducciones de la continuación, en 1618 al francés y en 1620 al inglés. En relación con el italiano, las fechas de traducción de la primera y la segunda parte fueron 1622 y 1625, respectivamente. Quiere esto decir que solo diez años después de la publicación de la segunda parte de la obra, el Quijote había sido traducido a las principales lenguas de cultura del continente y circulaba en su versión original o traducido por todos los cenáculos literarios del momento. Y aun hay que añadir que en ese mismo siglo XVII aparecieron traducciones al alemán y al holandés, completadas en el XVIII con traducciones danesas, polacas, portuguesas y rusas. No es de extrañar, por lo tanto, la conocida anécdota según la cual, en 1615 unos nobles franceses de visita diplomática en España “apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes, cuando se comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación que así en Francia como en los reinos sus confinantes se tenía de sus obras: la Galatea, que alguno dellos tiene casi de memoria, la primera parte désta [Don Quijote], y las Novelas [...]"

     En cualquier caso, ni el éxito editorial del Quijote ni su fortuna ocasional a nivel europeo son razones suficientes que justifiquen la trascendencia de la obra de Cervantes en la historia de la literatura y de la cultura europeas y, por ello, su inclusión en nuestra Antología Esencial. La razón de la preeminencia del Quijote tiene que ver con su condición, comúnmente aceptada, de origen y modelo de la novela moderna europea, el subgénero literario más importante y exitoso de la literatura europea durante su Etapa Disolvente.

     Sin embargo, para entrar a analizar con cierto detalle esta condición trascendental de la novela de Cervantes es necesario hacer con antelación una diferenciación entre la muy diferente calidad de las dos partes que, como hemos visto al principio, componen la obra.

     El éxito popular le vino al Quijote, en efecto, por su primera parte. En ella el autor se recreaba en un ejercicio burlesco de metaliteratura en el que, a partir de los tópicos formales y temáticos de la novela de caballerías, uno de los subgéneros narrativos de más tradición y más exitosos de la prosa europea del Renacimiento, el lector podía regodearse en la estupidez, el candor y la locura de un anciano ridículo cuyo cerebro enfermo le hacía creer que él mismo vivía en ese universo literario de las novelas que leía. Se trataba, por lo tanto, de un juego de “contrafacta”, tan habitual, por ejemplo, en la lírica burlesca barroca, en el que se utilizaba la referencia constante a las más prosaicas realidades de la época –la venta, los rebaños de ovejas, el propio Sancho, un labriego simple y desorientado- para resaltar su constraste con la figura, el pensamiento y el lenguaje de este pobre hidalgo obnubilado. El resultado, la carcajada sonora de un lector desinhibido que acepta con agradecimiento la oferta más bien burda y simplona del novelista. De ahí que, desde un punto de vista narrativo, la primera parte del Quijote no vaya mucho más allá de una serie de episodios burlescos repetitivos que muy pronto precisan de la introducción de otras historias ajenas, complementarias y de una variedad estilística radicalmente diferente para sostener un relato que no es posible hacer avanzar. Si Cervantes no hubiera escrito más que esta primera parte no hay razones para pensar que su obra hubiera podido influir significativamente en la evolución de la novela europea.

     Por el contrario, la segunda parte del Quijote presenta unos rasgos muy diferentes a los anotados. En su tercera salida, la que era evidente locura de don Quijote ahora prácticamente desaparece ofreciendo al lector la imagen de un personaje desvalido y voluntarioso frente a una sociedad dispuesta a seguir aprovechándose de él para divertirse en cualquier caso. Personaje y sociedad se implican mutuamente. El loco necesita el reconocimiento de su locura para seguir adelante y la sociedad aprovecha esa debilidad para seguir divirtiéndose y evitar mirarse en un espejo que la refleja tan miserable como es. El autor toma partido por su personaje y contra el mundo que lo rodea, con el que se atreve a ajustar cuentas, presentándolo miserable, corrupto, hipócrita, soez, incapaz de comprender o de aceptar a un alma grande. El propio Sancho, que había sido creado para destacar mejor la estupidez de su señor, se pasa al bando de la verdadera nobleza, de la nobleza del espíritu. ¿Quién está loco? Los duques, por supuesto, que dilapidan su tiempo y su fortuna burlándose de un buen hombre; los vasallos de la ínsula Barataria, que hacen huir al mejor gobernador que hubieran podido tener, los ciudadanos de Barcelona, con sus juegos de manos, su banalidad y su ceguera.

     La segunda parte del Quijote representa, por lo tanto, otro modelo de novela muy diferente de la primera. Mientras que en la primera el realismo del mundo de La Mancha no es más que el telón de fondo contra el que se recorta con mayor nitidez la locura del enfebrecido caballero, en la segunda parte el mundo real del siglo XVII español es un ingrediente temático que se alza a la altura, como auténtico antagonista, de la nueva y reforzada categoría moral del protagonista. Esa sociedad se entrenta a don Quijote, dialoga con él y se muestra desnuda y vencida frente a su idealismo. Y lo mismo sucede con Sancho, creado por Cervantes como emblema y síntesis de ese mundo. La personalidad de Sancho crece junto a su amo, desarrolla matices, se perfila de sorprendentes maneras y además, se contamina. Es la otra gran y trascendental característica del Quijote. Los dos protagonistas conviven y esa convivencia los transforma, los hace reconocer en el otro una posibilidad de sí mismos. Como todo el mundo sabe, ni Sancho Panza ni Alonso Quijano son la misma persona después de haber cabalgado juntos.

     Esas características básicas y depuradas de la segunda parte del Quijote abrieron a la literatura europea un nuevo horizonte de creación artística. No, ciertamente, en el propio siglo XVII, en el que el Quijote siguió siendo, ante todo, un libro de burlas y su protagonista un personaje tan estereotipado como Amadís o los propios pícaros. Hubo de ser fuera de España y en otro ambiente literario, el inglés, donde la semilla que había plantado Cervantes diera sus frutos definitivos. Los novelistas británicos del siglo XVIII, desde Defoe hasta Dickens, fueron apasionados lectores del Quijote. Para muchos de ellos, la estructura narrativa de Cervantes, enfrentando a la sociedad de su tiempo con la ingenuidad desarmente del protagonista, les ofrecía un modelo ideal para la crítica social y política que los gérmenes de la nueva vida democrática pedían: denunciar la realidad a través de la ficción. Por otra parte, la riqueza lingüística y moral del dúo protagonista, enfrentados a la vez y complementarios, les permitía multiplicar el juego narrativo, enriquecer sus registros y ampliar las perspectivas de sus novelas. Realismo y crítica social, burla simpática e ironía inteligente, personajes redondos y naturalismo lingüístico, ideología reformista y gustos populares, un mundo cercano para los lectores y un campo abierto a la sensibilidad del autor. Todo esto lo aprendieron de Cervantes escritores como el Defoe de Robinson Crusoe pero, sobre todo, el Fielding de Joseph Andrews y de Tom Jones, la Charlotte Lennox de La mujer Quijote y, finalmente, el Charles Dickens de Los papeles póstumos del club Pickwick.

     Los novelistas ingleses de mediados del siglo XVIII son, sin lugar a dudas, los creadores de lo que en los siglos XIX y XX se ha conocido como novela moderna, desde Rojo y Negro de Stendhal hasta La peste de Camus, pasando por Vanity Fair de Thackeray, Ana Karenina de Tolstoi o Los Buddenbrook de Thoman Mann. Sin embargo, el honor de ser considerada la primera novela moderna de la literatura europea debe ser otorgado a ese segundo volumen de El ingenioso caballero don Quixote de la Mancha publicado en Madrid en el año 1615 por un escritor desgraciado e inmortal llamado Miguel de Cervantes.  [E.G.]

 

EDICIONES DIGITALES

     EDICIÓN ORIGINAL: http://quijote.bne.es/libro.html

     EDICIÓN MODERNA: http://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/

     TRADUCCIÓN INGLESA: http://en.wikisource.org/wiki/Don_Quixote

     TRADUCCIÓN ALEMANA:  http://www.zeno.org/Literatur/M/Cervantes+Saavedra,+Miguel+de/Roman/Don+Quijote

     TRADUCCIÓN FRANCESA: http://mgarci.aas.duke.edu/cibertextos/CERVANTES-MD/DON-QUIJOTE/