DIARIO DE UN POETA RECIENCASADO: EL MEJOR JUAN RAMÓN

 

    El Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez, manifestación lírica de una serie de experiencias vitales que el autor vivió en el año 1916 con ocasión de su matimonio con Zenobia Camprubí, fue elaborado a partir de las anotaciones poéticas que el propio Juan Ramón fue escribiendo desde su salida de Madrid hacia Nueva York en el mes de enero de ese año hasta algunas semanas después de su regreso, diez meses más tarde. De hecho, la mayor parte del libro, cinco de sus seis secciones, se articulan de forma muy equilibrada de acuerdo con las principales etapas del viaje:

 

I: Hacia el mar. Enero. Madrid – Moguer – Cádiz. 26 textos.

II: El amor en el mar. Primera quincena de febrero. Cádiz – Nueva York. 31 textos.

III: América del Este. Febrero – Mayo. 101 textos.

IV: Mar de retorno. Primera quincena de junio. Nueva York – Cádiz. 42 textos.

V: España. Junio – Octubre. Cádiz – Moguer – Madrid. 21 textos.

 

    Acabado el viaje, Juan Ramón todavía añade un último apartado en el que, ya en Madrid, reelabora recuerdos de su estancia en Nueva Inglaterra. Esta sección VI lleva por título “Recuerdos de América del Este escritos en España” y está compuesta por 26 textos sin fecha ni ordenación aparente. En total, el Diario... consta de 243 composiciones, buena parte de las cuales, sobre todo en las secciones III y VI, no son poemas sino prosas poéticas.

    Es muy significativo que el Diario... se cierre con una nota que comienza: “Este DIARIO, más que ninguna otra obra mía, es un libro provisional”. Esta teórica “provisionalidad”, de hecho, puede explicar algunas de las principales características de la obra. Pero aunque el propio Juan Ramón volvió en repetidas ocasiones sobre el texto del que pronto se convirtió en el más influyente, significativo y aclamado de sus libros, apenas retocó de él sino algunos detalles y nunca planteó una revisión a fondo de la obra. El libro fue publicado de nuevo, en vida del autor y con su consentimiento, como “Diario de poeta y mar” y como “Diario de un poeta reciencasado” pero sus características fundamentales, la mezcla de verso y prosa poética, la estructura de diario episódico y su génesis y esencia autobiográfica nunca fueron modificadas. El Diario... fue escrito, pues, de forma definitiva a lo largo del propio año 1916 como manifestación lírica inmediata de un viaje físico y sentimental y fue publicado a los pocos meses con una reelaboración literaria mínima que, de acuerdo con la nota final, el poeta dejaba para más adelante.

    Sabemos bien del gusto, de la pasión de Juan Ramón por volver una y otra vez sobre sus libros y, sin embargo, este poemario, el más improvisado de todos los suyos, nunca fue reelaborado. Juan Ramón construyó, de forma acaso inesperada, un libro de poesía prácticamente perfecto.

    En primer lugar, el Diario..., como el propio autor reconocerá muy pronto, supone un cambio radical en su trayectoria poética. Juan Ramón había sido uno de los primeros y de los más fervorosos poetas modernistas españoles. Discípulo aventajado de Rubén Darío, desde su juventud había compuesto numerosos libros de poesía a los que o bien la exhuberancia del lenguaje poético o bien un intimismo lírico de índole becqueriana hacían deudores de estéticas más propias del siglo XIX. El Diario..., en cambio, es un libro de poesía pura y uno de los mejores ejemplos de la renovación de la lírica europea en el primer tercio del siglo XX. El autor depura con celo su expresión poética para buscar y manifestar la esencia de sus sentimientos a través de una lírica al mismo tiempo racional y sensitiva. Cada palabra aporta un significado profundo, esencial, al poema, que se abrevia en una especie de nuevo conceptismo. Se trata de una poesía radicalmente moderna, basada sobre todo en el verso libre y sin las constricciones de una métrica clásica, de la que solo conserva el ritmo elegante del endecasílabo. Una musicalidad mínima, por lo tanto, apoyada solo en leves rimas asonantes, de manera que nada distraiga de la reflexión poética. El vocabulario se reduce al mínimo, también. Como en la poesía de cancionero, el léxico se ciñe a conceptos bien conocidos, preñados de significado -“mar”, “cielo”, “rosa”, “luna”, “amor”-, sobre los que el autor vuelve una y otra vez para explorar un proceso interno de profundos y complejos sentimientos, difícilmente comunicables.

    El otro elemento fundamental del libro es la utilización sistemática de la prosa poética. Consecuencia, sin duda, de esa inmediatez de la composición de la obra y de la provisionalidad de su publicación, las prosas que se imponen, sobre todo, en las partes más relacionadas con la estancia en América, hicieron del Diario... una auténtica revolución poética en castellano. Y no se trata, solo, de la originalidad de este “prosímetro” a principios del siglo XX sino de la perspectiva tan novedosa que aporta el muy diferente tono con que está escrita la mayoría de estos fragmentos en prosa poética. Mientras que los poemas responden, sobre todo, a una elaboración literaria de los sentimientos más íntimos del poeta, la prosa suele presentarse como una reacción directa del poeta frente a la realidad exterior. En estos textos, Juan Ramón nos hace llegar su particular visión, muchas veces crítica, casi siempre negativa, del mundo moderno y ajeno que halló en Nueva Inglaterra. Resulta imposible leer estos fragmentos de 1916 sin traer de inmediato a la memoria el Poeta en Nueva York de García Lorca e incluso el Cuaderno de Nueva York de José Hierro. Nadie esperaría que el libro más importante de un poeta al que se le suele criticar su huida a la “torre de marfil”, sea nada menos que el punto de partida de la mejor poesía de crítica social de nuestra literatura.

    Es evidente, por todo ello, la inmensa trascendencia del Diario... en la historia de la literatura en castellano y de la poesía lírica europea en general. 1917, fecha de la publicación de la obra, es el momento en el que están en su mayor auge las vanguardias europeas. Hay un afán rupturista generalizado en el arte de la segunda década del siglo XX y en cierto modo el Diario... es una manifestación más, acaso inconsciente, de esa exigencia de renovación. Pero la poesía pura que en España inaugura esta obra de Juan Ramón Jiménez no puede considerarse propiamente vanguardista ya que hay en ella una clara opción tanto por la capacidad del lenguaje para transmitir a través de su lógica los sentimientos más íntimos como por la responsabilidad crítica del intelectual frente a una realidad que no le satisface. En resumen, el Diario... es un libro de lírica imprescindible que marca el camino de la poesía europea desde el Simbolismo hacia la Poesía Pura y la superación de las Vanguardias, camino que Juan Ramón trazó junto con otros grandes poetas como Rilke,  Valery , Guillén o Ungaretti. [E.G.]

 

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    Edición original: https://archive.org/details/diariodeunpoetar00jimn