DANUBIO: UN PASEO POR NUESTRA EUROPA

 

    La elección más arriesgada de toda nuestra Antología era, por supuesto, la última, la que cerraría el listado en la fecha más cercana a la de la propia selección, más aún porque a partir de un determinado momento decidimos arrostrar el riesgo de elegir para ese lugar a un escritor vivo.

    La experiencia nos muestra que no es fácil valorar correctamente la trascendencia de la actualidad, sobre todo en el campo de las artes. Un ejemplo extremo, pero no paradigmático, son los cuadros de Van Gogh, pero algo parecido podríamos decir de las novelas de Jean Austen, de los poemas de Hölderlin o del teatro de Strindberg, autores todos ellos en su día minoritarios o simplemente desconocidos, a los que solo ha consagrado la posteridad. Sin embargo, sería inexacto generalizar un prejuicio contra el reconocimiento contemporáneo. Lope de Vega fue el autor de teatro de mayor éxito popular en la Europa del siglo XVII y hoy sigue siendo considerado uno de los principales renovadores de la escena europea de todos los tiempos. Y de no menos aceptación popular y reconocimiento crítico general gozaron la poesía de Lord Byron durante el Romanticismo, la Divina Comedia en toda la Baja Edad Media o las novelas de Tolstoi a finales del siglo XIX. Así que también es posible, en ocasiones, percibir en su momento la importancia de un autor y augurar con acierto la trascendencia de su legado.

    Con todo, la elección del escritor italiano Claudio Magris y de su obra más emblemática, Danubio, para cerrar nuestra Antología Mayor, a pesar de todos los méritos objetivos que concurren en ella responde más a una necesidad que a una seguridad de que la elección sea correcta. Todo el esfuerzo desarrollado en la elaboración de esta web tiene como punto de partida el convencimiento de que la cultura europea puede ser estudiada y explicada como una unidad autónoma. Este libro de Magris asume de antemano esa misma premisa y se desarrolla desde esa perspectiva, algo apenas rastreable en el conjunto de la literatura escrita en Europa en el último cuarto del siglo XX. Pero además, precisamente por aceptar ese punto de partida, Danubio pude ser considerado uno de los pocos ejemplos contemporáneos de una literatura propiamente europea, un testimonio evidente de que esa unidad cultural existe todavía. Así pues, si dentro de dos décadas, por ejemplo, todavía tiene sentido el estudio de la cultura europea como una disciplina no solo arqueológica, la elección aquí de Danubio habrá sido acertada.

    Danubio viene a ser una especie de libro de viajes en el espacio-tiempo, una guía turística tridimensional, en la que la tercera dimensión es la historia. El autor va trasladándose de rincón a rincón de su paisaje fluvial, desde las fuentes del Danubio en Alemania hasta su desembocadura en Rumanía, deteniéndose ante cada imagen –una casa, una iglesia, un bosquecillo pero también un nombre, una melodía, un poema- que evoca para él el impresionante flujo de humanidad que compartió allí su vida. Danubio es la epopeya sin prejuicios de la Vieja Europa, en la que Vieja es sinónimo de Sabia, Múltiple, Culta y Civilizada.

    Magris divide su Danubio en nueve grandes capítulos: Una cuestión de canalones, El Danubio universal del ingeniero Neweklowsky, En la Wachau, Café Central, Castillos y Devenice, Panonia, Abuela Anka, Una cartografía imprecisa y Matoas. El itinerario del libro discurre de forma lineal de oeste a este pero el autor no se limita a seguir el cauce principal del Danubio; su relato abarca toda la cuenca del río, incluyendo Eslovaquia o la Transilvania rumana. En realidad, en una segunda lectura se echa en falta alguna referencia al Sava y el resto de los grandes ríos yugoslavos, la zona de la cuenca que, curiosamente, es la más cercana al espacio vital del autor, Trieste.

    A lo largo de estos capítulos el autor nos muestra, junto a lo que podríamos considerar los principales reclamos turísticos propios de una guía de viajes –Ulm, Viena, Budapest, el Mar Negro-, una interminable secuencia de personajes históricos, anécdotas pintorescas y detalles significativos que remiten a una compleja vida en común ininterrumpida durante siglos. En Ulm nos encontramos con un Napoleón triunfante, en Carnutum, junto a Viena, con el emperador filósofo Marco Aurelio, en Bistriţa con el Drácula de Stocker o con un adolescente Elías Canetti en Ruse (Bulgaria). Todas las épocas, todos los escritores, políticos, militares, científicos o artistas relevantes tienen cabida en estas páginas de Magris.

    Pero el acierto más interesante del libro es la elección del tema, del objetivo de ese viaje, más aún teniendo en cuenta la fecha de la obra, 1986. En principio, conviene recordar que Magris es especialista en literatura alemana y, sobre todo, en la literatura en alemán del Imperio Austrohúngaro. Su elección era, pues, previsible, lo que, de paso, explica también la relevancia especial que tiene en la obra la cultura germana de Transilvania y, acaso, la escasa presencia de Yugoslavia en general y de su cultura musulmana en concreto. No hay una voluntad de exhaustividad; tampoco razón para que la haya. Más relevancia tiene hoy, en esta segunda década del siglo XXI, un dato elemental que, sin embargo, da cuenta de uno de los mayores logros del libro: Danubio está escrito antes de la caída del comunismo en la Europa del Este. No es que Magris escriba antes de que Hungría o Rumanía entrasen en la Unión Europea sino que escribía cuando en Rumanía todavía gobernaba Ceaucescu y Hungría seguía siendo una república socialista sometida a Moscú.

    Esta realidad histórica de hace solo cuarenta años pero hoy casi inconcebible, hace aún más acertada una perspectiva del viaje que no solo no puede considerarse germanista sino ni siquiera occidental. Lo fundamental para Magris, en una época en la que todavía existía el Telón de Acero, es la interpretación de toda la cuenca del Danubio como el espacio común para la historia compartida de una Europa múltiple, rica en diversidad y tan conflictiva como creativa. El libro no presenta una división ideológica, ni siquiera estatal, del cauce, aunque, por supuesto, tiene en cuenta las principales líneas de desarrollo histórico de la zona. Pero lo básico en él es esa perspectiva, tan propia de Magris, de la Mitteleuropa como crisol de pueblos, como espacio donde pudo llevarse a cabo un experimento de convivencia supranacionalista que acaso no convenga dejar caer en el olvido. Por supuesto, el autor no redacta su libro como un manifiesto en defensa de esa posibilidad; Danubio no es un panfleto político. Por el contrario, lo único que hallamos en el libro de Magris es la guía cultural de su viaje hacia el este. Sin embargo, el mero hecho de que el autor en ningún momento se deje arrastrar por el más mínimo nacionalismo localista o por sus propios prejuicios ideológicos, así como la perspectiva múltiple, compleja y enriquecedora de una historia interpretada como un territorio común y compartido convierte este ensayo de Magris en un auténtico prototipo de lo que todavía hoy puede considerarse “literatura europea”. [E. G.]