NOVELA EN VERSO: RAÍCES DE LA NARRATIVA CABALLERESCA

    Para establecer las características propias de las novelas en verso que tanto éxito tuvieron en la Europa de los siglos XII y XIII y, sobre todo, para concretar sus diferencias con la epopeya tradicional, el otro subgénero narrativo que gozaba del favor del público en esa misma época, son dos los principales aspectos que debemos tener en cuenta, uno de tipo temático, los motivos argumentales que desarrolla, y el otro formal, la métrica que utilizan los autores. 

    A su vez, su particularidad temática está, de una forma indirecta, relacionada con su propia denominacion genérica como “roman”. En principio, varias de estas novelas en verso ya utilizan en su título esta palabra: Roman de EneasRoman de Brut de Wace, Roman de Troie o Le roman de l´histoire deu Graal de Robert de Boron. Esta denominación genérica alude, por supuesto, a la utilización de la lengua romance popular para la composición del texto, lo cual lo sitúa desde su propia creación en un ámbito diferente, de menor categoría, que las obras compuestas en latín para las mismas cortes nobiliarias para las que trabajaban sus autores.

     La crítica ha insistido a este respecto en que el término “roman” implicaba, además, connotaciones ligadas al gusto por la temática caballeresca y a la inexactitud histórica. Sin negar esto, que resulta interesante para comprender la diferenciación, a partir del siglo XIV, entre los “romanz” y las “nouvelles”, es decir, entre la  novela de caballerías  y el cuento, la consideración anterior no explicaría por qué la novela en verso tomó sus asuntos de la historia legendaria de la Antigüedad –Eneas, Troya, Alejandro...- y de las leyendas bretonas –Arturo, Perceval, Tristán...- pero no de la amplia temática también bélica y fabulosa que le ofrecían las canciones de gesta protagonizadas por Roldán, Guillermo de Orange o Reinaldo de Montalbán. Más bien da la impresión de que el término “roman” alude, ante todo, a la condición de texto “traducido al romance”, y, sobre todo, de texto traducido del latín. De este modo, los autores de “romanz” estarían destacando, de cara a sus patronos nobiliarios, la estrecha relación de sus obras en verso con textos latinos previos que les daban un prestigio de los que los cantares de gesta carecían. Esto es evidente, sobre todo, para las primeras obras del género, que toman como base narraciones latinas de tema clásico como las versiones medievales de la Eneida o de la vida de Alejandro Magno.

     Más complejo resulta incluir la “materia de Bretaña” en este razonamiento. Para ello convendrá recordar que por estas mismas fechas de mediados del siglo XIII en que comenzaban a divulgarse las novelas en verso anteriores, un clérigo anglonormando que llegó a alcanzar gran prestigio en la corte de Enrique II, Geoffrey de Monmouth, había redactado en latín una obra de éxito, su Historia regum Britanniae, donde se incluían las leyendas de Arturo bretonas, y que muy poco después, hacia 1155, el también normando Wace le había dedicado a Leonor de Aquitania el Roman de Brut, versión romance del anterior en octosílabos pareados, la estrofa canónica adoptada por este subgénero. Así, la materia de Bretaña entra también en el repertorio de los poetas cortesanos como versión romance, “roman”, de otros textos latinos de más prestigio. Quedaba fuera, por lo tanto, la temática propia de los cantares de gesta, fabulosa en el sentido de que no contaba con una fuente historiográfica latina respetable y, además, vinculada por tradición a un modelo de transmisión literaria en romance propia de ambientes culturales de menor categoría y elaborada por “autores” innominados de extracción popular. Todavía podemos añadir que a mediados del siglo XII los cantares de gesta eran ya una narrativa anacrónica y que, desde luego, no estaba de moda entre las gentes cultas y cortesanas de Europa.

     La otra peculiaridad tiene que ver con el rasgo formal más evidente de estas obras, su versificación: octosílabos pareados de rima consonante. Como la crítica se ha encargado de resaltar, el octosílabo es un verso propio para la recitación, no para el canto, lo que quiere decir que estas novelas no se concibieron para la difusión mediante juglares sino que están destinadas, sobre todo, a un público capaz de leer el texto en voz baja, es decir, un público más culto, un público cortesano. En relación con ello se encuentra también el uso de la rima consonante, de mayor sonoridad y, sobre todo, de mayor dificultad. Como en tantas otras ocasiones en la historia de la literatura europea, en que los poetas en romance optaron por la rima consonante –los clérigos de la cuaderna vía castellana, los trovadores de la lírica cortés del Languedoc, los poetas toscanos del “dolce stil nuovo”...-, de lo que se trata es de marcar distancias con la lírica popular, de menores exigencias técnicas y, por ello, de menor prestigio intelectual. De este modo, frente a los anónimos poetas populares de los cantares de gesta, poetas cortesanos como Wace, Thomas, Chretien de Troyes o Hartmann von Aue pretenden establecer diferencias entre la calidad y categoría de su quehacer intelectual y el de sus competidores desconocedores de las técnicas del verdadero  “arte” literario. 

    Estos “romanz”, estas novelas en verso de los siglos XII y XIII que se difundieron desde la corte real de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania a las cortes feudales de la hija de esta, María de Francia, en Champaña y, desde allí, por toda la Renania germánica, se habían convertido en una auténtica moda literaria cortesana europea hacia 1200. Sin embargo, su evolución fue rápida y en cierto modo confluyente con las canciones de gesta de las que los primeros autores pretendían diferenciarse. El gusto por los argumentos “novelescos” de los lectores y oyentes, el triunfo de este tipo de ambientación literaria entre un público cada vez más amplio y menos exigente, y la coincidencia temática y argumental entre ambos modelos narrativos hizo que confluyeran hacia un nuevo género, la novela de caballerías en prosa, que sustituirá a los dos a lo largo de ese mismo siglo XIII. [E. G.]