IAN RANKIN: NUEVOS CRÍMENES PARA LA VIEJA ESCOCIA

 

Ian Rankin: Perros salvajes, RBA, Barcelona, 2016.            

 

1: INSPECTOR JOHN REBUS

    De Rankin se viene diciendo que es el gran maestro del tartan noir, es decir, de la novela negra escocesa; sin embargo, esta clasificación periodística no tiene demasiado sentido, en la medida en que no hay apenas elementos específicamente escoceses en estas novelas, quitando, por supuesto, su localización en Edimburgo. Así, si cambiáramos el nombre de la ciudad por Manchester o por Amberes, los argumentos apenas se resentirían. Solo un par de ellas -Causas mortales, que se desarrolla durante el Festival de Teatro veraniego, o En la oscuridad, vinculada a la reapertura del parlamento escocés- podrían considerarse específicamente “escocesas”.

    Por otro lado, atreverse a utilizar un núcleo urbano menor como Edimburgo para localizar la acción de una serie de novelas policiacas, tanto puede ser considerado un acierto como un error. Tiene a su favor la originalidad de renunciar a la gran metrópolis como ámbito natural del género policiaco, criterio establecido ya desde los primeros casos del Dupin parisino de Poe. Pero también plantea un serio problema literario, ligado al concepto de verosimilitud. Cualquier lector acepta que en cualquier sitio puede acaecer cualquier tipo de crimen, pero ninguno asume sin más que todos los crímenes posibles puedan abatirse sobre una pequeña comunidad. Quien, como Rankin, utiliza como telón de fondo de un buen número de novelas policiacas el espacio reducido de una ciudad menor como Edimburgo, de apenas 400.000 habitantes, obliga al lector a suspender su credulidad ante cada una de las novelas, renunciando de antemano a la cuestión más evidente: “¿Cómo es que en esa torturada ciudad no ha sido decretado todavía el estado de excepción?” De todos modos, las novelas de Ian Rankin no dejan de ser eso, novelas, así que aceptaremos en cada una de ellas la dosis de sangre e investigación que nos corresponda, sin mayores pejigueras.

    Perros salvajes forma parte de una serie de 20 novelas en las que Rankin ha puesto a la cabeza de las investigaciones al inspector John Rebus, uno de esos típicos policías de serie negra de vida solitaria y desordenada, relaciones sentimentales tempestuosas y sin otra cosa que hacer en esta vida que entregarse de forma compulsiva a la resolución de los crímenes que se les presentan. En el caso de Rebus, esta dedicación atraviesa incluso una de las barreras habituales del género pues, en las tres últimas, el protagonista es ya un probo jubilado, con 30 años de novelas a sus espaldas, desde aquella primera Nudos y cruces de 1987.

    Y en este punto hallamos el que consideramos el mayor mérito y la única auténtica originalidad de esta serie: la paulatina incorporación de un par de policías alternativos alrededor de este personaje que va minando el tiempo, el inspector de Asuntos Internos Malcolm Fox -protagonista incluso de alguna novela independiente- y la sargento Siobhan Clarke. Las relaciones cruzadas entre ellos, los diferentes papeles asumidos por cada uno en los sucesivos casos y las complejidades que adquieren las tramas gracias a la interacción de estos nuevos “protagonistas secundarios”, confieren a las últimas novelas de Ian Rankin una riqueza narrativa que justifica la fama alcanzada en esta última década.

 

2: PERROS SALVAJES

    De acuerdo con la técnica utilizada en algunas de sus novelas anteriores, en esta (Even Dogs in the Wild, 2015) también el argumento se duplica siguiendo las investigaciones aparentemente paralelas de dos de los compañeros del exinspector John Rebus, ahora jubilado. Por un lado, la inspectora Siobhan Clarke ha de resolver el caso de un influyente abogado de la alta sociedad escocesa que ha aparecido asesinado en su propia casa. Por otro, el inspector Malcolm Fox, aunque ya no trabaja en Asuntos Internos, ha de servir de enlace, y ocasionalmente de “topo”, entre la policía de Edimburgo y una patrulla de la de Glasgow, que se ha trasladado a la capital de Escocia siguiendo a un miembro de la mafia de su ciudad. Las antiguas relaciones, extrañamente ambivalentes, de Rebus con un antiguo capo de la mafia local, que parece ser el punto de contacto entre estos dos casos, va a facilitar la implicación del antiguo inspector en la investigación. Sin embargo, por el camino habrán de salir a la luz una serie de antiguos delitos, testimonios de una corrupción y unos vicios sociales empedernidos cuyas viejas heridas no han acabado de cerrarse todavía.

    Nos hallamos ante una típica novela negra fácil de leer, con diálogos ágiles e inteligentes, un argumento a la vez claro y complejo y, sobre todo, difícilmente previsible, y unas claves de lectura ancladas con acierto en algunos de los temas de mayor actualidad en la sociedad anglosajona de hoy en día. Pese a que el tono de la novela, los ambientes y la sicología de los protagonistas resultan demasiado tópicos y apenas hay concesiones a una mínima renovación del género, la novela se lee con interés y gusto e invita a retomar, en alguna otra ocasión, sin prisas pero sin reticencias, alguna de las primeras de la serie o de esas más “escocesas”. Porque, en realidad, desde nuestro cómodo sillón de la península ibérica no dejamos de preguntarnos: “¿De verdad nunca se produce crimen alguno digno de novelarse en las Highlands o en las Hébridas, algún asesinato de una cierta categoría en la Escocia de Skyfall, de Outlander o de Ballantree?” Sí, claro, todo eso, que leeríamos tan a gusto como auténtico tartan noir, también son tópicos, pero, al fin y al cabo, la buena novela de género consiste en sacarle todo el partido a los tópicos, ¿no? [E. G.]