JO NESBO: EN EL CAOS INTERIOR DE UN BUEN POLI

Jo Nesbø: Petirrojo, Circulo de Lectores, Barcelona, 2009.       

 

I: HARRY HOLE

    Uno de los problemas técnicos con los que se enfrentan los autores de series de novela negra es la diversificación del argumento. Bien es cierto que el hallazgo de un modelo exitoso en las primeras obras invita e incluso aconseja reproducirlo de la forma más ceñida posible. Sin embargo, para el escritor de raza, salir de la zona de confort se convierte pronto en una exigencia que, en realidad, tampoco puede considerarse un riesgo innecesario puesto que la monotonía argumental suele ser aún más nociva.

    En el caso de la serie que sobre Harry Hole, inspector de la Brigada Criminal de la policía de Oslo, viene escribiendo con gran éxito internacional el noruego Jo Nesbø, parece que desde el principio el autor comprendió esta necesidad y decidió asumir el riesgo. En general, de las once novelas que componen la serie, el recurso para la variación y el contraste más habitual utilizado por Nesbø ha sido combinar el frío y desangelado ambiente nórdico de Escandinavia con exóticas localizaciones en Oriente, bien sea el Bangkok de Cucarachas, la segunda trama protagonizada por Hole, bien el Hong Kong de El leopardo, la octava. En realidad, ya la primera, El murciélago, transcurría en parte en Australia y también en Némesis, la cuarta, el argumento se desplaza a las cálidas playas de Brasil. Esta especie de extrañamiento geográfico ocupa un papel esencial, por lo tanto, en estas novelas de Nesbø, pero en una ocasión, al menos, también cobra importancia un cierto extrañamiento temporal, es decir, un atractivo desplazamiento en el tiempo, que encontramos en la que se considera la mejor novela de la serie, Petirrojo.

    Por lo demás, la personalidad del inspector Harry Hole apenas difiere de la de sus otros colegas escandinavos. De intimidad compleja y conflictiva, tanto su vida personal como la profesional se hallan sumidas en el caos. Incapaz de mantener una relación sentimental mínimamente estable, parece poseído por una vocación autodestructiva, ligada, sobre todo, al consumo compulsivo de alcohol. Del mismo modo, en la comisaría basta con que establezca algún mínimo lazo sentimental con un compañero para que este aparezca muerto y él deba sentirse culpable de lo sucedido. De este modo, su carrera profesional, pese a la protección casi suicida de su jefe directo, solo puede ir dando bandazos desde el próximo expediente de investigación interna hasta improbables condecoraciones.

    Dejando de lado esta especie de tópico ritual del poli inestable y tóxico, la serie del inspector Harry Hole, desde su primera novela, Flaggermusmannen, de 1997, hasta la última, Tørst (Sed), de este mismo 2017, puede considerarse, junto con la del más mesurado Kurt Wallander de Henning Mankell, lo mejor que se viene escribiendo en novela policiaca en Escandinavia en este inicio de centuria.

 

II: RØDSTRUPE (PETIRROJO)

    El principal atractivo de esta tercera novela de la serie Harry Hole de Jo Nesbø, publicada en 2000, reside en el argumento histórico paralelo a la trama policiaca principal, situado en Rusia en la II Guerra Mundial. Es cierto que la enorme distancia temporal que media entre una y otra trama, de 1942 a 2000, hace que el conjunto resulte un poco forzado pero, con todo, la originalidad de este planteamiento como punto de partida para una novela policiaca puede considerarse el elemento que la convierte en una obra maestra del género.

    Como hemos mencionado antes, Petirrojo se distingue del resto de la serie porque, en este caso, el recurso al extrañamiento geográfico es sustituido por el del extrañamiento cronológico. Una buena parte de la novela, esencial para la comprensión del argumento y la construcción de la intriga, transcurre en las heladas trincheras del cerco de Leningrado durante la II Guerra Mundial. En ellas, un grupo de jóvenes noruegos partidarios de la Alemania nazi combate contra los rusos formando parte de una especie de División Azul de voluntarios escandinavos, integrados en la 11. División de Granaderos SS «Nordland». Si para el lector español ya puede resultar inesperado conocer que el movimiento de colaboración pronazi no se limitó a la España de Franco, no menos llamativo será saber que el autor, en realidad, está saldando cuentas -si no rindiendo homenaje- con su propio padre, uno de esos nazis noruegos de 1940.

    A partir de aquí, Petirrojo se construye como un diálogo entre el perturbado y doloroso presente de un Harry Hole que intenta reconstruir algún tipo de existencia personal que merezca ser vivida, y los ecos lejanos que aquella aventura funesta del pasado de Noruega todavía evoca en el mundo casi ridículo de los neonazis del presente y en el más duro y tenebroso ámbito del tráfico de armas y de la corrupción policial.

    En medio de todo ello, la aparición de la hermosa y angustiada Rakel, junto con su hijo Oleg, personajes que llegan a esta novela para quedarse en la serie, puede convertirse en una de las últimas tablas de salvación a las que todavía puede agarrarse el rudo, desengañado, neurótico e implacable Harry Hole. [E. G.]