REALISMO: UN NUEVO ESTILO PARA LA SOCIEDAD BURGUESA

    El Realismo fue un movimiento cultural europeo del siglo XIX caracterizado por el esfuerzo de los artistas para representar en sus obras las nuevas formas y la nueva visión del mundo de la sociedad burguesa consolidada tras el triunfo de las revoluciones liberales. Aunque sus orígenes tienen que ver con el agotamiento del Romanticismo y buena parte de sus presupuestos estéticos prentenden ser alternativos a este, el Realismo no tuvo su amplitud ni su profundidad intelectual, por lo que a mediados del XIX vemos que conviven con él otras corrientes artísticas herederas del Romanticismo, sobre todo el Simbolismo, de gran repercusión posterior.

    El Realismo surgió en la cultura europea hacia 1830, en el ámbito genérico de la narración en prosa, como una forma de dejar constancia literaria de los cambios sociales provocados por la revolución francesa y la revolución industrial. Por ello encontramos a los primeros autores de relevancia en las dos zonas más afectadas por estos cambios, Gran Bretaña y Francia. En el primer caso, que cuenta con uno de los más influyentes novelistas del Realismo europeo, Charles Dickens, hay varias cuestiones a tener en cuenta. En primer lugar, la representación realista de la sociedad burguesa tenía en la isla una larga tradición reconocida. Las técnicas narrativas de Fielding, Stern, Smollet y, sobre todo, de Jane Austen, ya habían preparado a los lectores, y lectoras, británicos para este nuevo tipo de literatura. La línea de continuidad que arranca de estos autores sigue con Dickens, Thackeray y las Brönte. También es relevante el hecho de que el Neoclasicismo no llegó a echar raíces profundas en Gran Bretaña, como movimiento cultural importado que era, y que el propio Romanticismo, aunque tenga orígenes británicos, hacia 1830, con más de medio siglo de historia y todos sus grandes representantes (Byron, Shelley, Keats,  Coleridge ) muertos, carecía del vigor original. Por último, la prosa narrativa fue el género menos apreciado por los románticos mientras que el nuevo contexto social, marcado, sobre todo, por el auge del periodismo y el rápido aumento de los índices de alfabetización, favorecía el desarrollo de las formas narrativas realistas.

    La situación en Francia era diferente. En este caso, fue un Romanticismo tardío y superficial lo que facilitó la pronta aparición de una estética alternativa. Y si bien la prosa de Stendhal puede considerarse un modelo literario marginal en su época, la tarea novelística de Honoré de Balzac merece ser considerada un referente europeo a tener en cuenta al mismo nivel que los novelistas ingleses. Resulta muy llamativo que sea precisamente alguien como Balzac, de ideología reaccionaria y mentalidad romántica, quien difunda las técnicas narrativas del Realismo fuera de Gran Bretaña. Esto dice mucho de la importancia de los contextos de producción en los procesos de creación artística ya que el método casi industrial de escribir de este autor está completamente condicionado por la difusión de sus obras a través de los periódicos entre la nueva clase lectora burguesa.

    A mediados del siglo XIX la combinación prosa narrativa / periodismo / burguesía / Realismo comienza a consolidarse en todo el continente, de forma más amplia conforme la industrialización iba llegando a las diferentes regiones europeas y con más facilidad en aquellos ámbitos culturales donde la difusión del Romanticismo había sido más tardía y menos profunda. El caso más significativo fue el del Imperio Ruso. Tras superar con éxito las Guerras Napoleónicas, la sociedad rusa realizó un esfuerzo inmenso para culminar su integración en el contexto cultural europeo, lo cual se va a concretar en su incorporación a las corrientes literarias comunes, sobre todo, tras un Romanticismo exitoso pero fugaz, al Realismo. De esto modo, tras los inicios brillantes de Gogol y Turgueniev, el realismo ruso llega a sus cimas más altas con dos de los mejores novelistas de la historia de la literatura europea, Lev Tolstoi y Fiodor Dostoievski, y un autor de cuentos y dramaturgo excepcional, Anton Chejov. De hecho, en esta época, hacia 1880, el realismo ruso llega a ser el referente principal en toda Europa de las últimas fases del movimiento.

    Las características generales que compartieron estos escritores incluían, además de la predilección por el género narrativo y la difusión de sus obras a través de la prensa, la tendencia a la desaparición del narrador y del mensaje moral explícito, una visión crítica sobre la realidad social que reflejan, el gusto por la objetividad y exhaustividad en la representación de la sociedad contemporánea, la utilización de un lenguaje culto pero sencillo y cercano al habla real de los personajes, la escasa complejidad formal de la estructura narrativa y la búsqueda de la complicidad del lector a través del sentimentalismo o de guiños contextuales.

    De todos modos, pese al éxito generalizado de este modelo, su excesiva vinculación a un contexto de producción muy específico hizo que su vitalidad fuera también limitada. Así, por ejemplo, solo al final del periodo, y gracias a los dramaturgos escandinavos, se crea un modelo de teatro realista de éxito, el drama naturalista, y en el campo de la poesía no puede hablarse ni siquiera de eso. Ni el Parnasianismo ni el Simbolismo son de raíz realista; en realidad, ni siquiera los poemas de Las flores del mal, pese a reflejar determinados aspectos muy reales de la sociedad parisina de mediados del siglo, pueden ser considerados una versión lírica de los modelos narrativos realistas. Incluso fuera de la literatura, el realismo pictórico o escultórico tuvieron una vigencia muy corta y limitada, que no llegó a influir en el desarrollo general de las artes europeas que lleva del Romanticismo al Modernismo.

    A su vez, sobre el propio Realismo influyeron elementos más bien teóricos de la cultura europea de su tiempo como la teoría de la evolución de Darwin, el positivismo filosófico de Comte o la problemática ideológica y económica marxista. De ahí que la última fase del Realismo, ya a finales del siglo, conocida como Naturalismo, presente unas características muy particulares en una época, entresiglos, en la que, sin embargo, los nuevos caminos de la cultura europea eran ya otros. [E. G.]