PEREGRINATIO IN TERRAM SANCTAM

EL PRIMER BEST SELLER EUROPEO

     

     La unidad cultural europea ha permitido que los textos más relevantes de nuestra historia común se hayan difundido de forma más o menos rápida y generalizada por todo el continente desde la Etapa Constituyente. Pero durante siglos esta difusión estuvo limitada por la morosidad del proceso de copia manuscrita y su elevado coste y por la enorme diversidad lingüística regional. Si el alto precio de los libros limitaba la difusión desde un punto de vista social reduciéndola a las clases más pudientes, la diversidad lingüística restringía este proceso a una única lengua común de cultura, el latín, y por lo tanto, desde un punto de vista intelectual, a las clases con mayor formación. Por todo ello, carece de sentido hablar de superventas durante la Edad Media, pese a que textos técnicos y profesionales como las Decretales o las Summas escolásticas e incluso algunas obras propiamente literarias como las múltiples versiones del Calila e Dimna fueran copiados, leídos y apreciados durante siglos en toda Europa.

    Esta situación cambió en la segunda mitad del siglo XV con la aparición de la imprenta. A partir de ese momento ya no solo existía la unidad cultural imprescindible para una difusión general de los textos de mayor éxito sino también un medio de reproducción rápido, barato y profesionalizado. Si a esto añadimos que, en determinados contextos, las lenguas vernáculas habían ido ganando posiciones en el ámbito de la difusión de la cultura, ya tenemos las condiciones indispensables para que se produzca el primer auténtico best-seller europeo. Este fue el Viaje de la Tierra Santa (Peregrinatio in Terram Sanctam en latín, Die Reise ins Heilige Land en alemán) de Bernardo de Breidenbach (Bernhard von Breidenbach), deán de la catedral de Maguncia (Mainz), publicado por vez primera en esa ciudad renana en 1486.

     Bernando de Breidenbach realizó su viaje a Jerusalén, Palestina y Egipto a lo largo del año 1483 en compañía de varios nobles del Imperio, como el conde Johan de Solms, y del artista nederlandés Erhard Reuwich, al que había contratado, expresamente, para que tomara apuntes del natural con los que ilustrar el relato de su viaje. Fue el propio Reuwich quien dos años después del regreso se encargó de imprimir un bellísimo libro con el texto latino en el que el deán narraba su viaje y con los grabados que el propio impresor había elaborado a partir de sus bocetos. Algunos de esos grabados, como el enorme desplegable con la reproducción de la ciudad de Jerusalén, impresionaban por su ambición gráfica y su belleza mientras que otros, como los cuadros con los alfabetos árabe o armenio, lo hacían por su originalidad y su apertura intelectual.

     El impreso de Reuwich, a pesar o gracias al lujo de la edición, fue muy bien acogido por los lectores del momento por lo que ese mismo año el propio grabador sacó al mercado, también en Maguncia, una edición alemana y se puso a traducir el texto del Viaje al flamenco para editar una tercera edición maguntina en una tercera lengua europea ya en 1488.

     El Viaje de la Tierra Santa resultaba tan interesante para los lectores europeos de la época por varias razones. Se trataba, en primer lugar, de un libro útil para muchos miembros de la clases más pudientes. A finales del siglo XV la peregrinación a Tierra Santa se había convertido en uno de los viajes más atractivos para cualquier europeo tanto por su interés religioso esencial como por las comodidades y la seguridad que su control casi estatalizado por la Señoría de Venecia podía proporcionar a los viajeros adinerados. Para todos ellos el libro de Breidenbach era un vademecum indispensable y el primor de su edición, sin hacerlo impagable, gracias al abaratamiento proporcionado por la imprenta, lo convertía en un objeto de lujo y, por lo tanto, de distinción social. Esto último, además, hacía deseable la obra también a personas, nobles, clérigos o grandes comerciantes, que no pensaban viajar a Jerusalén pero estaban interesados en la propia idea de la peregrinación. El Viaje de la Tierra Santa se convirtió, por lo tanto, no solo en una útil guía de viaje sino también en un apetecible libro de viajes.

     De este modo, no es de extrañar que el éxito editorial de Reuwich saltara más allá de las fronteras de Maguncia. En 1488, además de la ya citada traducción flamenca, se publicó en Augsburgo una segunda edición alemana y la primera traducción francesa, en Lyon. A esta siguió la segunda al año siguiente y a esta, una segunda edición latina, en Spira, en 1490. Y todavía en 1498 hubo una cuarta traducción, esta vez al castellano, publicada en Zaragoza y ampliada con el relato de otra peregrinación, a Roma, escrita por el aragonés Martín Martínez de Ampiés.

     De la relevancia de la edición original de Reuwich en la difusión del libro de Breidenbach por toda Europa a través de las ediciones y traducciones mencionadas da fe el hecho de que tanto el impreso de Zaragoza de 1498 como el de Spira de 1490, el de Lyon de 1489 y el de Maguncia de 1488 con la traducción flamenca reproduzcan junto con el texto del deán los grabados originales del ilustrador de Utrecht.

     En resumen, en poco más de diez años la Peregrinatio in Terram Sanctam conoció al menos ocho ediciones en cinco lenguas europeas diferentes, incluido el latín, dos ediciones, que era la lengua de cultura común de toda Europa. Estas ediciones se publicaron en cinco ciudades distintas pertenecientes a los tres estados más poderosos del momento, el Imperio, Francia y España. Como decíamos al principio, un auténtico best seller, el primero que proporcionó la imprenta a la cultura europea. [E.G.]