SAMUEL BECKETT: EL MUNDO ABSURDO DE POSGUERRA

 

    Samuel Beckett nació en las afueras de Dublín, entonces parte del Reino Unido, en 1906 en una familia de la burguesía protestante irlandesa. Con una sólida formación clásica, entre 1923 y 1927 estudió en el Trinity College de Dublín, donde adquirió un profundo conocimiento de varias lenguas europeas como el francés, el alemán y el italiano. Al final de sus estudios trabajó como lector en París, donde quedó fascinado por la riqueza cultural de la ciudad. Al mismo tiempo, durante esta primera etapa formativa sufrió dificultades de inserción social y desarrolló una tendencia al aislamiento que estuvo en el origen de las depresiones, complicadas con problemas físicos, que condicionaron su vida durante décadas.
    De regreso a  Irlanda  en 1930, comienza un largo periodo de inestabilidad personal. Descontento con su trabajo de profesor, acaba por abandonar la vida universitaria intentando, sin éxito, vivir como crítico literario en París y Londres. Consigue publicar sin demasiado éxito una primera colección de relatos, una novela, Murphy, y los poemas de Echo's bones. Muerto su padre e incapaz de vivir con su madre, parte hacia París, donde conoce a la que será su compañera durante toda su vida, Suzanne Descheveaux-Dumesnil. De este modo su vida comienza a estabilizarse. Al estallar la guerra, Beckett se pone a disposición de Francia como conductor de ambulancias y, tras el armisticio, se incorpora durante unos meses a la Resistencia, si bien la mayor parte del conflicto la pasa en el Rosellón, refugiado en casa de un amigo.
    Tras la guerra y durante una visita a su madre enferma, Beckett sintió lo que él mismo denominó una “revelacion”, que definiría su nuevo camino literario. Por ello vuelve a París, decidido a escribir allí comprometido con la situación social de la posguerra. A pesar de las difíciles condiciones materiales en que se encuentra, vive durante 8 años un auténtico frenesí de escritura, que se materializa en las que se consideran sus principales novelas: Molloy, Malone muere y El Innombrable. Sin embargo, el éxito no le llegará hasta 1953 con la puesta en escena de En attendant Godot, que le dio, desde su primera representación, una enorme notoriedad y un cierto respaldo financiero.
    A partir de este momento el teatro adquiere un lugar especial en la vida del escritor aunque su gran ritmo de trabajo va acompañado de numerosos problemas de salud. Finalmente, en 1969 Beckett recibe el Premio Nobel, que lo consagra como el principal dramaturgo europeo de la segunda posguerra. Él consideró, sin embargo, este reconocimiento como una “catástrofe”, y, de hecho, no fue a recibir el premio ni aceptó el dinero que le dieron. Sus últimos años estuvieron marcados por su deseo de soledad. Enfermo de enfisema y de Parkinson, murió en 1989, el mismo año que su mujer.
    Poco satisfecho de sus primeras obras, tras la “revelación” de 1946, Beckett consigue alcanzar su estilo personal: el personaje se convierte en el propio narrador y la obra adopta la forma del monólogo. El lenguaje se reconoce incapaz de dar cuenta de la realidad y el yo se convierte en un sujeto gramatical sin sustancia sicológica, por lo que el discurso se descompone. Luego Beckett se vuelca en el teatro, donde la escena dispensa al discurso de reflejar el contexto y permite una nueva depuración literaria basada en un ascetismo dramático. Las grandes primeras piezas (En attendant Godot, Fin de Partie y Oh les beaux jours) carecen de intriga, presentan un espacio simplificado y unos personajes excéntricos reducidos a su palabra, puesto que en la escena “ser es hablar”. Cuando escribe Esperando a Godot, Beckett no tiene todavía ninguna experiencia teatral pero la polémica que desencadena consigue que la obra permanezca en escena durante meses, convirtiéndose en un gran éxito del teatro vanguardista y un prototipo del teatro del  absurdo .
    En la progresión que va de sus primeras obras a las últimas, a medida que el proceso de abstracción de la escritura aumenta, lo hace también el poder de evocación, musical o visual, del texto. Además, las piezas de Beckett tienen un tono filosófico que pone a los actores y a los directores a la búsqueda de un sentido para el texto. Beckett aparece como un artista capaz de crear imágenes poderosas y con frecuencia ambiguas, que, de acuerdo con la tradición raciniana, descontextualiza sus piezas fuera de un tiempo y un lugar concretos. El despojamiento y el estilo humilde de sus puestas en escena sugieren la idea de  tragedia  evitando filosofía y sentimentalismo. Pese a todo, las tres grandes piezas de los años 50 son de una factura relativamente tradicional y el lenguaje reposa aún sobre los personajes. A principios de los 60, en cambio, Beckett se compromete con un teatro cada vez más formalista, dando a lo visual tanta importancia como al lenguaje, un teatro más estático que activo y más lírico que dramático, como mimodramas y piezas radiofónicas.
    Dotado de una extraordinaria facilidad para los idiomas, Beckett no tenía ninguna dificultad para expresarse en francés e incluso en alemán y en italiano. En 1937 ya escribía poemas en francés y durante la II Guerra Mundial eligió esta lengua como medio de expresión. Se sentía atraído por una lengua extranjera con la que podía practicar como lengua adquirida liberándose de los clichés. Luego, el propio Beckett traducía sus textos al inglés pero estas autotraducciones eran en realidad recreaciones y produjeron dos obras originales, en incluso en el caso de Godot, tres, porque la tradujo también al alemán.
    El humor está muy presente tanto en su prosa como en su teatro, desde las primeras obras, en las que se percibe esta tradición irlandesa, hasta las ironías y los juegos de palabras de las últimas. Sin embargo Beckett va siendo cada vez menos cómico, y nunca pretende ante todo hacer reír: el humor refuerza la originalidad de su obra sin ser, sin embargo, un elemento principal; juega un papel central para evitar la abstracción filosófica y preservar lo trágico de la sentimentalidad.

 

PRINCIPALES OBRAS

 

    More Pricks than Kicks, relatos, 1934, inglés.
    Echo's Bones and Other Precipitates, poemas, 1935, inglés. 
    Murphy, novela, 1938, inglés.
    Molloy, novela, 1951, francés. 
    Malone meurt, novela, 1952, francés. 
    En attendant Godot, pieza en dos actos, 1952, francés. 
    L'Innommable, novela, 1953, francés. 
    Fin de partie, pieza en un acto, 1957, francés.  
    Cascando, pieza radiofónica para música y voz, 1963, francés. 
    Le dépeupleur, texto en prosa, 1970, francés.