GIACOMO LEOPARDI: AMOR, ANGUSTIA Y FILOSOFÍA

 

    Giacomo Leopardi nació en 1798 en los Estados Pontificios en una de las más nobles familias del país, de la que era el primogénito. Su padre era un hombre estudioso de ideas reaccionarias y su madre una mujer muy religiosa y convencional, que mantuvo un trato distante con sus hijos. A pesar de la nobleza de la familia, su patrimonio no era muy grande por lo que los sacrificios económicos y los prejuicios nobiliarios de los padres causaron la infelicidad del poeta que, obligado a vivir en un pequeño pueblo de provincias, Recanati, se educó al margen de las nuevas corrientes de pensamiento que se generalizaban en Europa.

    Hasta 1812 recibió su formación en su propia casa por parte de unos preceptores jesuitas, que le enseñaron no solo latín y teología sino también la nueva metodología científica. Hasta 1816 Leopardi siguió estudiando de forma autodidacta y aprendió, además de las lenguas clásicas, una buena base de francés, inglés, español... Son años dedicados, sobre todo, a las traducciones del latín y del griego.

    Hacia 1816 se advierte en Leopardi un gran cambio debido a una profunda crisis espiritual que lo lleva a abandonar la erudición para dedicarse a la poesía. Comienza a leer a autores modernos como Alfieri o Foscolo, que le sirvieron para madurar su sensibilidad romántica. También lee el  Werther  de Goethe y las obras de Chateaubriand y de Byron. Pero esta etapa de su juventud es también la de sus graves problemas físicos y sicológicos atribuidos, al menos en parte, al excesivo estudio, aislamiento e inmovilidad. Padeció una grave escoliosis con desviación de la columna vertebral y la aparición de una joroba, con los consecuentes dolor y problemas cardiacos y respiratorios, un crecimiento  deforme -no pasó del 1,45 pese a tener un cuerpo proporcionado de 1,65-, problemas nerviosos en las piernas y en la vista y fiebres recurrentes, hasta el punto de que el futuro poeta estaba convencido que hallarse al borde de la muerte. También padeció profundas crisis depresivas que por lo general se atribuyen al impacto sicológico de su enfermedad física. Por último, todavía hay que añadir sus problemas de relación social debido a su innata timidez, que le hacía sentirse en condiciones de inferioridad en su relación con el mundo.

    1817, a sus 19 años, fue para él un año decisivo, ya que decidió escapar del opresivo ambiente de Recanati y cambiar su vida por completo. De esta fecha datan tanto los primeros apuntes de su diario filosófico Zibaldone, que mantendrá hasta 1832, como su enamoramiento de Geltrude Cassi Lazzari, a quien dedica la elegía “Il primo amore”. En esta primera etapa se presenta como un escritor neoclásico, por más que sus temas y su espíritu estén en perfecta sintonía con la mentalidad romántica. Para entonces ya había escrito también sus dos canciones patrióticas, A Italia y Sobre el monumento de Dante, de espíritu liberal.

    Hacia 1819 se recrudecieron sus problemas oculares, lo cual no impidió su intento de fuga a Lombardía, que su padre evitó. En los meses de desesperación que siguieron, Leopardi inició la composición de algunos cantos, publicados con el título de Idilios y escribió El infinito, A la luna y algunos otros de sus grandes poemas, que confluyen en la idea de la lamentación por la juventud perdida y la toma de conciencia de la imposibilidad de ser feliz.

    Por fin, en 1822 Leopardi consiguió trasladarse a Roma, en cuyo ambiente cultural vivió, sin embargo, aislado. Frustrado, regresó a Recanati, donde se consagró sobre todo a las canciones de contenido filosófico. En 1825 viajó de nuevo, esta vez a Milán, con el encargo de dirigir la edición completa de las obras de Cicerón y otros clásicos pero el clima resultaba maligno para su salud y tampoco logró integrarse en ese ambiente cultural. De Milán se trasladó a Bolonia, donde se enamoró sin correspondencia de la condesa Teresa Carniani Malvezzi, casada, a la que trató durante un año. Luego marchó a Florencia y de allí, en 1827, a Pisa, donde su salud mejoró, y volvió a dedicarse a la poesía, inaugurando el periodo creativo llamado Cantos “pisano-recanateses” o “grandes idilios”, en los que experimenta con la “canción libre” o “canción leopardiana”.

    Con nuevos padecimientos en los ojos, ha de volver a Florencia con la esperanza de encontrar un modo de poder vivir de modo independiente. No lo logra y se ve obligado a regresar a Recanati a finales de 1830, pese a que allí se encuentra completamente marginado del mundo cultural al que desea pertenecer. En esa época de sufrimiento escribió algunas de sus poemas más importantes como El pasajero solitario o el Canto nocturno de un pastor errante de Asia, englobados también entre los “grandes idilios”.

    En 1831, de nuevo en Florencia, fue elegido socio de la Academia della Crusca y publicó una edición de sus Canti. En el ámbito político, ese mismo año, como consecuencia de las revueltas liberales, fue elegido diputado de la Asamblea del Concejo Público de Recanati debido a sus ideas liberales pero la intervención armada de los austriacos restauró el gobierno pontificio de inmediato. También destaca en este periodo su fuerte pasión amorosa, acabada en frustración, por Fanny Targioni Tozzetti, que le inspira una serie de poesías escritas entre 1831 y 1835 conocidas como “ciclo de Aspasia”, en el que se manifiesta el Leopardi más desilusionado y desesperado.

    En 1833, con una pequeña asignación de su familia, Leopardi parte hacia Nápoles, esperando mejorar su salud gracias al clima de la ciudad. Durante su estancia en esta ciudad escribe sus Operette morali, incluidas de inmediato en el Índice de libros prohibidos por sus ideas materialistas. Finalmente, en 1837, de resultas de una epidemia de cólera que se había extendio por Nápoles el año anterior, el poeta muere a los 39 años.

    El pensamiento de Leopardi se caracteriza por su pesimismo y por la dicotomía de su pensamiento entre el aspecto lírico-ascético de su poética y la racionalidad especulativo-teórica de sus reflexiones filosóficas. La contradicción entre el anhelo de vida y la desilusión, entre sentimiento y razón, está presente en todo Leopardi, convencido de que la verdadera filosofía debía mantener el lazo con la imaginación y la poesía.

PRINCIPALES OBRAS

    Canciones (1824)

    Versos (1826)

    Cantos (1831)

    Opúsculos morales (1837)