ALFONSO X: POLÍTICA Y CULTURA DEL REY SABIO

 

    En las historias de las literaturas castellana y española, Alfonso X el Sabio, rey de Castilla entre 1252 y 1284, emerge como una figura trascendental, tanto para la evolución lingüística de la Corona de Castilla como para determinados desarrollos culturales de importantes implicaciones europeas. Sus ocupaciones políticas, en cambio, configuran, al menos al final de su reinado, una serie de sucesivos fracasos que le llevaron de optar a la corona del Imperio a verse privado de su propio reino.

    Alfonso X nació en Toledo en 1221, heredero de las coronas unificadas de León y de Castilla, que pronto incluyeron los territorios arrebatados a los musulmanes de Córdoba, Jaén y Sevilla. Tras su ascenso al trono aún continuó con esa expansión por Al-Ándalus incorporando Murcia, Huelva y Cádiz pero, a partir de 1256, la principal preocupación política del nuevo rey de Castilla fue su pretensión al trono del Imperio, como hijo de Beatriz de Suabia, nieta de Federico I Barbarroja e hija del Rey de Alemania Felipe I Hohenstaufen. Los electores imperiales hubieron de decidir entre Ricardo de Cornualles y Alfonso de Castilla y aunque inicialmente Alfonso ganó la votación, la rapidez de Ricardo en hacerse coronar en la tumba de Carlomagno y el rechazo del Papado a un emperador gibelino hizo fracasar sus aspiraciones. Sin embargo, durante los siguientes 15 años Alfonso X continuó, sin éxito, las negociaciones, intrigas y presiones que le pudieran conseguir la corona imperial.

    Su otro fracaso tuvo que ver con su sucesión. Muerto su promogénito el infante Fernando, que dejaba dos hijos de corta edad, el rey se inclinó por los derechos de sus nietos frente a los de su hijo segundo, Sancho, lo cual provocó una violenta guerra civil en Castilla, que envenenó los últimos diez años de su vida. Tras verse encerrado en Sevilla y privado de todos sus derechos reales, la muerte le sobrevino en plena campaña militar por recobrarlos y, aunque había desheredado a Sancho de la sucesión a la Corona, no pudo evitar que los nobles lo coronaran inmediatamente.

    A primera vista, no resulta sencillo conectar estos datos biográficos con el impresionante legado cultural que ha hecho famoso a Alfonso X. Pero primero recordemos brevemente éste.

    En el campo de la creación literaria lo más significativo de su producción son las Cantigas de Santa María, una colección de milagros de la Virgen versificados en portugués de acuerdo con el estilo de la lírica culta de la época. De toda la producción literaria vinculada al monarca, se trata de la única obra salida, al menos en parte, de su propia pluma, aunque no podamos asegurar cuáles fueron los milagros que él mismo escribió ni cuál fue su grado de participación en la redacción de los otros.

    El resto de su legado cultural está vinculado al scriptorium real y, en todo caso, a lo que ha dado en llamarse de forma impropia la Escuela de Traductores de Toledo, de protección real. Las obras procedentes de este entorno cultural son de muy diverso tipo y van mucho más allá de la mera creación literaria. Debemos a la iniciativa de Alfonso X –que no a su propia mano-, algunas de las obras científicas europeas –entiéndase este término desde la óptica medieval- más importantes de su tiempo como el Libro del saber de astrología o el Lapidario, recopilaciones historiográficas de primer nivel como la General Estoria o la Estoria de España, libros de entretenimiento como el Libro del axedrez, dados e tablas y sobre todo, compilaciones legislativas, entre las que destacan Las siete partidas. Y todavía ha de añadirse a este listado la traducción que Alfonso gestionó, probablemente siendo todavía infante, de la colección de cuentos Calila e Dimna, una de las recopilaciones de relatos orientales que más influyó en el desarrollo de la literatura europea de la Edad Media Central.

    Esta labor cultural y literaria del rey Alfonso merece ser destacada desde varios puntos de vista. Desde una perspectiva lingüística hay tres aspectos a tener en cuenta. En el ámbito de la lengua galaico-portuguesa, la colección de Cantigas de Santa María es uno de los monumentos literarios más importantes de toda su historia y responde en temas y formas a dos de las corrientes más fructíferas y generalizadas de la literatura europea de su tiempo: la lírica provenzal y la devoción mariana. Alfonso X se sirve de la lengua portuguesa –que él pudo conocer bien en su infancia gallega en Celada y Allariz- como una lengua de cultura equivalente, en el campo de la lírica, a la de los trovadores occitanos.

    En cuanto a lengua castellana, su tarea fundamental fue la consolidación del romance como lengua de cultura no literaria, en ámbitos de la máxima trascendencia como la legislación, la enseñanza superior o la reflexión moral. Esto supuso una primera unificación y regulación de la lengua vulgar, llevada a cabo por el propio rey, pues una de las tareas que le reconocen los manuscritos es la supervisión del estilo. Por último, en lo que al latín se refiere, la amplia tarea de traducción del árabe y del hebreo protegida y potenciada por el rey, permitió la difusión de una gran cantidad de tratados que, en las nuevas copias alfonsíes, alimentaron los estudios de las recién creadas universidades europeas.

    Si hemos de hallar un vínculo entre la labor cultural del Rey Sabio y los intereses políticos que marcaron su reinado debemos pensar en un esfuerzo consciente por consolidar la hegemonía de Castilla-León como estado europeo heredero de la Hispania visigoda. Alfonso X concebía Europa –en su caso, la Cristiandad- como reconstrucción de la Antigüedad desaparecida. En ese contexto, a Castilla le correspondía la reconstrucción de la Hispania latina. Obras como Las siete partidas, que impulsaban una regulación legislativa de base romana, demuestran intereses del rey que van más allá de su núcleo patrimonial castellano-leonés. Igualmente, la difusión de material científico de procedencia oriental no se vincula solamente a Salamanca sino que se amplía a todas las regiones europeas por las que se movieron los manuscritos alfonsíes, sobre todo en su versión latina. Por último, el proyecto inicial de la Estoria de España –de Hispania- se ve ampliado y englobado poco después en el proyecto más amplio de la General Estoria, concebida como una historia de Europa, identificada con la Cristiandad, identificada con el Mundo.

    En su día a día, la corte de Alfonso X fue un lugar en el que músicos y poetas occitanos, gallegos y aragoneses convivieron en un contexto cultural equivalente al de Provenza, Flandes o Inglaterra, donde el rey mostraba su destreza del mismo modo que lo hacían, por la misma época, los reyes de Aragón, Navarra o Portugal y desarrollando una temática europea que va de los Miracula Beate Marie Virginis del Ms. Thott 128 de Copenhague y el Liber de Miraculis Sanctae Dei Genitricis Mariae del benedictino Botho de Priflingen al clásico francés de Gautier de Coinci o los Milagros riojanos de Berceo. [E. G.]

PRINCIPALES OBRAS

    1250?-1279?, Lapidario.

    1270-1284, Estoria de España I.

    1272-1275, General Estoria I.

    1277, Libros del saber de astronomía.

    1283, Libros de ajedrez, dados y tablas.